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Segundo Día Por la señal de la Santa Cruz... Señor mío Jesucristo... Para
dar luz inmortal siendo vos alba del día sois concebida
María sin pecado original ¡Oh Reina Purísima de los ángeles y de los hombres! Mil gracias y alabanzas te damos porque a la puertas de la vida hallaste la dracma preciosa que perdimos todos en nuestro primer principio, hallando la gracia que te salió al encuentro ya la Divinidad que te esperaba en los umbrales de la naturaleza tomando tus potencias en el primer Instante de su ser, al nobilísimo objeto que las estrenó porque se creaban solo para El. Te rogamos, Purísima Señora, que, pues no hubo en tu Purísima Concepción ser sin conocer a Dios, ni conocimiento sin amor ni amor sin merecimiento, nos concedas conocer a nuestro Buen Padre Dios para que conociéndole le amemos, amándole le poseamos y poseyéndole le gocemos por toda la eternidad. AMEN. Lectura bíblica (Est. 15, 4-7.12-13. 9.10,5,3.7.3-4) Al terminar la oración, Ester se vistió con todo lujo. Luego, invocando al Dios y salvador que vela sobre todos, marchó con el rostro alegre, pero con el corazón angustiado. Atravesó todas las puertas, hasta quedar de pie ante el rey. Este levantó la cabeza y miró a Ester. La reina palideció, se apoyó en el hombro de una doncella y se desmayó. El rey entonces se inquietó; saltó de su trono y tomó a Ester en sus brazos preguntándole: "¿Qué te pasa, reina Ester? Pídeme lo que sea y te daré hasta la mitad de mi reino". La reina Ester respondió: "Si he encontrado gracia a tus Ojos, perdóname mi vida y la de mi pueblo. Eso es lo que quiero y lo que te pido". El rey extendió hacia Ester el cetro de oro y ella se levantó y quedó en pie ante el rey. PALABRA DE DIOS. Canción Ester que tocáis primero en el cetro de la Cruz, que ya para darnos luz ofrece el Divino Asuero Porque no os comprende el fuero del castigo universal, SOIS CONCEBIDA MARíA SIN PECADO ORIGINAL. Consideración Consideremos
a María Santísima preservada de la ley universal
del pecado original, como lo fue la Reina Ester de la ley
común del rey Asuero. María Inmaculada es
la bendita entre todas las mujeres, es la que halló
gracia a los ojos de Dios. Ella es la Reina de misericordia,
que desde la cumbre de su grandeza, puede compadecerse mejor
y socorrer nuestras necesidades intercediendo ante su Divino
Hijo Jesucristo. (Aquí se puede rezar el ROSARIO, se hace la PETICIóN y se cantan Tres AveMarías. Después se dice la oración del día) Oración del día Señor Jesucristo, por el amor con que libraste de las leyes comunes de la naturaleza a tu querida Madre, la Virgen María, te suplicamos, nosotros peca- dores, que nos des verdadero dolor de nuestras culpas y poder gozar de la libertad que nos ha merecido. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amen. La jaculatoria Ea,
pues, señora, abogada nuestra, vuelve Oración Final Bendita y alabada sea la sacrosanta e Individual Trinidad de nuestro gran Dios y Señor, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres Personas distintas y un solo Dios verdadero; en quien creemos, a quien amemos de quien esperamos el perdón de nuestras culpas y la salvación eterna por su Infinita misericordia; bendita sea porque creó a Nuestra Señora, la siempre Virgen María, exenta, pura y limpia de toda culpa original, en el primer Instante de su ser natural, Amén. Jesús, María y José.
(Se rezan o cantan diariamente después de la Consideración, del Rosario y de la Petición). Oh Señora mía, Santa María, así como Dios Padre por su omnipotencia te hizo potentísima, así y te suplico que me asistas en mi muerte expeliendo' y quitando todo lo que me fuera contrario. DIOS TE SALVE MARíA... Oh Señora mía, Santa María, así como tu Hijo Santísimo se digno darte tanta claridad y conocimiento de suerte que alumbras al cielo con tus luces, así yo te suplico que en la hora de mi muerte alumbres e ilumines mi alma con el verdadero conocimiento de la fe corroborándola de suerte que no la manche alguna Ignorancia o error. DIOS TE SALVE MARíA . . . Oh Señora mía, Santa María, así como el Espíritu Santo, con su amor, a Ti lo Infundió totalmente, así te suplico que te dignes darme para la hora de mi muerte la dulcedumbre del amor divino con la cual toda cosa amarga me sea suavísima. DIOS TE SALVE MARíA... |
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