nt,'script','https://www.google-analytics.com/analytics.js','ga'); ga('create', 'UA-526318-1', 'auto'); ga('require', 'GTM-MKNZDXB'); ndice a tu mamá'. Haciendo un esfuerzo me hizo una cruz en la frente con la mano".

El padre dice en el proceso: "Un día, ya muy grave, decidí que se le administrara a mi pequeña la extremaunción. Le pregunté a Antonieta: '¿Sabes qué son los santos óleos?'. 'El sacramento que se les da a los moribundos', respondió. Yo no quería turbarla, por lo que añadí: 'A veces trae la salud del cuerpo…'. Antonieta se negó. 'Es demasiado pronto', dijo, y yo no insistí. Pero cuando más tarde el sacerdote le dijo que los santos óleos aumentan la gracia, Antonieta, que escuchaba atentamente, respondió: 'Sí, los quiero'. Respondió con tranquilidad a todas las oraciones, rezó la contrición, luego le dio las manitas abiertas para que el sacerdote se las ungiese… Besó con ternura el crucifijo de su primera comunión. Todo se desarrolló con sencillez y paz".

Estaba amaneciendo aquel 3 de julio de 1937 cuando su padre se le acercó para colocarle bien la almohada y, al acercarle los labios para darle un beso, Antonieta le susurró: "Jesús, María… mamá, papá…". "Se quedó mirando fijamente frente a ella…", recuerda su madre. " …Sonrió… luego exhaló un último y largo suspiro".

El amor se desborda

La mañana siguiente el pequeño ataúd blanco fue transportado en medio de una muchedumbre conmovida a la Basílica de Santa Cruz de Jerusalén. En aquella misma Basílica de las reliquias de la pasión de Jesús, apenas seis años antes Nennolina había recibido el bautismo un 28 de diciembre de 1930. El día de los Santos Inocentes.

"Mi madre", recuerda Margherita, la hermana mayor de Nennolina, "era una mujer reservada, prudente, concreta, una mujer con los pies en el suelo; no tenía nada de sentimental ni se creía cualquier cosa. Ante ciertos fáciles entusiasmos era tajante: 'Mire, yo no creo en los santos hasta que los canoniza la Iglesia'. Tendía siempre a minimizar los elogios que se le hacían a Antonieta y no le gustaba que se hablara de la idealizándola. Recuerdo que poco después de la muerte de mi hermana, un sacerdote hizo en la radio una conferencia sobre el sentido del sufrimiento y habló también de Antonieta. A mi madre no le gusto ni pizca. Comentó que se trataba de exageraciones. Dijeron que Antonieta declamaba su amor a Jesús con amplios gestos… '¡Pero bueno! ¡No, nunca!', replicó mi madre. Dijeron que Jesús fue la primera palabra que había pronunciado Antonieta. Y ella dijo: 'No. Mamá. ¡Dijo mamá! ¡Como todos los niños!'".

Sin embargo, la partida de Nennolina se ve acompañada muy pronto de conversiones y gracias. Mensajes de oraciones y agradecimientos cubrirán su tumba en el cementerio romano del Verano. En un año se publica dos biografías suyas.

La fama que crece

La fama de Nennolina se difundirá tan espontánea e inmediatamente que llega más allá de su parroquia de Santa Cruz de Jerusalén, incluso fuera de Roma e Italia. Ya en 1940 aparecen sus biografías en otras lenguas, incluso en armenio. El proceso de beatificación se abrirá en 1942 y la fase diocesana concluirá en 1972. Pero precisamente por su edad, al encontrarse en el límite de lo que se considera la edad de la razón, ha creado perplejidad en todos los que han examinado su caso y bastantes dificultades en el desarrollo del proceso. Aunque ninguna ley canónica determina los límites de edad de aquellos a quienes se pretende beatificar, fue sólo en 1981, con la Declaración de la Sagrada Congregación de las Causas de los Santos, cuando la Iglesia reconoció plenamente que también los niños pueden realizar acciones heroicas de fe, esperanza y caridad, y por consiguiente pueden ser elevados a los altares.

Recientemente, una fundación dedicada a promover la devoción de Antonieta Meo se creó en la parroquia de Santa cruz de Jerusalén.

El 3 de mayo de 1999, se trasladaron sus restos a una cripta especial de la Basílica donde también reposan los instrumentos de la Pasión del Señor Jesús.

Extractos de las cartas de Nennolina

Fuente: Artículo de Stefania Falasca en "30 Días", Abril de 1998


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