Homilía del Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne, Arzobispo de Lima, en las vísperas de la Solemnidad de Santa Rosa de Lima

Hoy vísperas de la Solemnidad de Santa Rosa de Lima quiero saludar al Señor Alcalde de Lince,
a la Señora Directora del Colegio,
Profesores,
Alumnos,
A mi querido Párroco,
A su Vicario parroquial
Y a todos ustedes que hoy estamos aquí en esta Eucaristía,

Pensemos por un instante en la vida de esa mujer, Rosa de Lima, y pensemos en lo que la Iglesia nos propone como lecturas de la Revelación. Nos propone en primer lugar para fijarnos en nuestras vidas: “En tus asuntos procede con humildad y te van a querer más que al hombre generoso, hazte pequeño y alcanzarás el favor de Dios”. Aquí tenemos toda una tarea, la humildad es la verdad, la humildad no es agrandar nuestros defectos o disminuir nuestras virtudes, sino la verdad suena como suena, procuro luchar para evitar mis defectos y procuro que crezcan mis virtudes. Pero ahí está el tema de la humildad, que siempre cuando uno tiene que examinarse, sin querer pero a veces uno puede querer disimular sus defectos, para que engañarnos, la realidad.

Uno tiene algunas cosas buenas y otras no tan buenas, en eso se nos va la vida porque como dice el libro del Eclesiástico: Es grande la misericordia de Dios y Él ayuda a los humildes, no pretendas lo que te sobrepase. Yo creo que esto es lo que ayudó mucho a Santa Rosa y lo que nos ayudará mucho a nosotros. 

Que cada uno de nosotros acepte sus defectos o trate de superarlos, y le dé gracias a Dios porque también tiene cosas buenas, pero si falla la humildad todo se complica, porque uno que maltrata te descalifica, te molesta porque no lo reconoce, te pone de mal humor porque no le has puesto la nota que él merecía o no le han pagado lo que él pensaba que debían pagarle, o en la casa no lo han reconocido. Hermanos, humildad, así te evitas muchos problemas y Santa Rosa, ¿sabes porque era humilde?, porque ella decía: “Todo lo que tengo de bueno me lo ha dado Dios”, es una manera bonita de tratar de ser humildes. Mi familia, mi mujer, tengo salud, mis hijos, inteligencia, lo que tengas, gracias Señor porque Tú me los has dado. 

De esa manera, aquella mujer sencilla fue como nos dice el Evangelio, una semilla pequeñita y esa semilla pequeñita se ha convertido después de siglos en miles y miles, yo diría de millones de personas que miran en ella, en el mundo entero Filipinas, Italia, Estados Unidos, Colombia, Brasil, en todas partes del mundo existen las parroquias Santa Rosa de Lima, es muy conocida. Es una mujer sencilla, normal como cualquiera de nosotros, pero se tomó en serio el intentar ser buena, nada más y Dios vio la humildad, dijo: Con esta hija mía voy a hacer maravillas. 

Por eso la humildad arregla muchas cosas, cuando falta la humildad todo se complica y vemos que San Pablo nos da una manera de ser humildes, dice: “Para mí es toda una pérdida comparado con el conocimiento de Cristo Jesús, todo es una basura con tal de ganar a Cristo”.

Por lo tanto, dedícate unos minutos a leer el Evangelio, a meditar un poco el Evangelio, acércate al Sagrario o en tu casa al levantarte, cuánta gente cuando se levanta le da gracias a Dios, le pide ayuda para hacer un buen día y en la hora de la noche igual se despide. Cuanta gente con ese detalle pequeño, igual saludas al papá o al abuelo y el papá no pide nada más pero si faltara ese detalle de cariño, que difícil sería decirle, te quiero mucho papá, y saludas.

Entonces Jesús dice aquí, todo es una maravilla si conozco a Jesús, yo solamente te pediría: saluda, dale las gracias, cuando vayas por la calle va contigo, donde estás ahora en la Iglesia está contigo, ten fe. Por eso Santa Rosa dedicaba buenos momentos de su vida a la oración, meditaba su vida, meditaba la vida de Jesús, veía a Jesús en la cruz y decía: Cómo no voy a poder yo ayudar a los demás si mi Dios está en la cruz, cómo no voy a poder acompañar a los enfermos, cómo no voy a poder estudiar un poco en el colegio, obedecer en la casa, cómo no voy a poder perdonar si mi Dios es la luz.

Con este ejemplo en su corazón que iba cambiando los sentimientos, era una mujer alegre, era una mujer buena, tenía gran misericordia, buscaba ayudar a los demás y tú dirás esto está fácil eso lo hago también yo, no, había una cosa que para mi es como más difícil, Santa Rosa de Lima vivió una vida muy sacrificada, no se quejaba del frío, del hambre, del dolor, ella se daba cuenta que para imitar a Jesús, para ser humilde había que sacrificar un poquito caprichos del cuerpo y caprichos del alma, poco a poco Jesús va haciendo de esa mujer como tú. Es lo que pido a Ella hoy, convéncelos de que estás muy cerca, Jesús que estás aquí convéncenos de que nos quieres, nos conoces, nos buscas, convéncenos. Tú dirás: Pero Cardenal usted está convencido, necesito como tú que el Señor me aumente la fe porque tantas veces aunque uno este seguro a lo largo del día en el trabajo, ya te metes en las cosas y te olvidas de que ese Jesús está contigo, está dentro de ti, que te quiere más que todo, que te está escuchando, que te está mirando. 

Por eso Santa Rosa se da cuenta de que tenía que sacrificarse, yo no pienso haber conseguido el premio, solo busco una cosa me olvido de lo que queda atrás, corro hacía la meta, quiero ganar el premio, Dios me busca en mi trabajo, en mi matrimonio, en mi enfermedad, en donde cada día me busca, me necesita. Todo eso y mucho más es Santa Rosa, la vida de nosotros encuentra en ella un gran ejemplo.

Por eso cuando veo aquí a esta alumna del colegio, imagínate que aquí está Santa Rosa, no hagamos de los santos personas que están dando vueltas como los gallinazos, los santos son como esos muchachos ejemplares del colegio así son los santos, las mujeres santas eran como cualquiera de las que están aquí, no eran de otra galaxia, no tenían unas cosas especiales, se tomaron su vida en serio, estudiantes, padres de familia, amigos rezaron, se sacrificaron, ayudaron a los demás y por todo eso nos dice Jesús: El reino de los cielos se parece a una levadura, que una mujer amasa con tres medidas de harina y sale un montón de pan.

Por eso hermanos, de que tú te sonrías, de que tú reces, de que tú seas buena gente depende de mucha gente, y si quieres ser humano mucha gente se queda sin ayuda de nadie, cuanta gente de su pequeño esfuerzo está esperando tal vez en un hospital, tal vez arriba en una montaña o tal vez ahora aquí en la Iglesia, de que tú y yo, decía San Josémaría Escrivá, nos portemos como Dios quiere, no te olvides depende de muchas cosas grandes. Santa Rosa una mujer sencilla, limeña que tomó en serio su vida y miles, millones hoy se reúnen, se alegran, se salvan porque ella es un modelo.

Yo quiero al Colegio Santa Rosa por sus 60 años, a todos sus alumnos y ex alumnos.

Por eso, le doy gracias a Dios que nos ayuda tanto, le doy gracias a esta Santa maravillosa y le pido a ella, ayúdanos a ser un poquito mejor hoy, de esa manera verá que el Perú, la familia, los jóvenes saldrán muy buenos y yo siempre tengo que pensar, de repente no hay nada, pero chicas, jóvenes si Dios te llama no tengas miedo, a la gran mayoría los llama al matrimonio, sean fieles uno con una para toda la vida, eduquen bien a sus hijos. Por lo tanto jóvenes, si Dios los llama no tengan miedo y si van al matrimonio, fieles.

Que Dios los bendiga.


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