Vigésimo séptimo día

Gloria de San José

El esplendor de san José en el cielo responde a la vez a la eminente dignidad de sus funciones aquí abajo, y a la eminencia de sus humildes virtudes; sobre la tierra, su culto, largo tiempo velada, se desarrolla cada vez más; la divina Providencia manifestó tanto el poder y la bondad de san José, que no hay una familia católica que no lo vea como a su Padre y tutor. El vicario de Jesucristo, el augusto Pío IX, lo nombró protector de la Iglesia universal, hermoso título que correspondía por derecho a quien protegió a Jesús contra el furor de Herodes; comarcas enteras lo han elegido como patrón; los misioneros se han puesto bajo su guarda; el surco se trazan en el campo del Padre de familia; las comunidades religiosas ven en él su proveedor y su modelo; por todos se elevan capillas con su nombre; se establecen y los enfermos, las almas afligidas van a pedir a este amigo compasivo el alivio a sus sufrimientos. A medida que se aprende a conocer mejor a Jesús en su santa humanidad santa, se ama mejor a José, el testigo de su vida mortal, el tutor de su infancia y el casto y devoto guardián de su Madre. Todos podemos contribuir a la gloria de san José, haciendo conocer sus virtudes y su poder, honrándolo mediante prácticas de piedad que la Iglesia aprueba; sobre todo, podemos honrarlo, en el fondo infinito de nuestra alma mediante la imitación fiel de sus admirables virtudes; es por su parecido con un padre amado que se reconoce a los hijos verdaderos.

Oración

O José todopoderoso delante de Dios ¡acuérdate de nosotros que gemimos todavía en este valle de lágrimas, expuestos a los embustes de nuestros crueles enemigos! Obtennos el desprecio de los falsos bienes del mundo, la victoria sobre nuestras pasiones, una devoción sin límites al servicio de Dios, una tierna confina en Jesús, tu Hijo, en María, tu santa Esposa. ¡Oh Jesús, desde lo alto de la gloria en que te encuentras, no nos abandones nunca! San José, protector de todo aquellos que te son devotos, ruega por nosotros.

Ejemplo

Devoción de la madre Emilia a San José

El celo le hacía abrazar la creencias más favorables a la gloria del snato Patrioarca, por ejemplo la de la resurrección, en cuerpo y alma: creencia que estaba feliz de compartir con san Francisco de Sales. Abrazaba, igualmente, todas las prácticas que podían honrarlo mejor; fue así que de consuno con el abate Marty, estableció en la comunidad, antes de 1829, la del Mes de San José: cada día se recitaban oraciones particulares en su honor; en la lectura se hacía en un libro que hablaba de sus grandezas, de sus virtudes y de su poder. Se preocupaba que las casas secundarias observasen fielmente esta práctica, y no dejaba de recordarles en la ocasión: “el Viernes, escribía a las Hermanas de Abin, comenzamos al mes de nuestro Padre San José, a quien debemos dirigir un amor tierno y filial. Tratemos de transmitirlo, bajo la protección de este buen Padre, de tal suerte que nos volvamos verdaderamente interiores.


Traducido del francés por José Gálvez para ACI Prensa

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