Vigésimo día

Regreso a Nazaret

Hablando de su misión, el Niño Jesús había hecho resplandecer como un rayo de su divinidad, pero inmediatamente volvió a ser, después de haberse revelado como Hijo del Padre de las luces, hijo de José y de María. Volvió a bajar con ellos a Nazaret, dice el Santo Evangelio; volvió a su conducta ordinaria, en la sumisión y la oscuridad; crecía en gracia y en sabiduría y les estaba sometido. A medida que crecía y tomaba parte en sus rudos trabajos, José vio la sorprendente obediencia del Mesías, que trabajaba con sus manos en un oficio vulgar, y obedecía a José como hijo y como aprendiz; admiró ese silencio, esa obediencia pronta y ciega, este afectuoso apuro, porque viendo la bondad que Jesús manifestó a sus apóstoles a menudo incrédulos, a menudo groseros, ¡se puede imaginar con qué amor pagaba a su padre nutricio! María veía esas cosas y las meditaba en su corazón. Nosotros, entremos en ese interior de Nazaret, aprendamos en la escuela de Jesús y de José, clamor al trabajo, la humildad, la obediencia, las atenciones recíprocas y tiernas, todas esas virtudes domésticas que ya no se practican en nuestras familias: el orgullo y la sequedad moderna los han reemplazado. Cuando nos sintamos fríos, egoístas, insumisos, miremos a Jesús, María y José: es imposible que un buen pensamiento no emane de esta santa contemplación.

Oración

O san José, ya que el Hijo de Dios pone su libertad entre tus manos, te confío también la mía; obtén que mi voluntad sea siempre dócil a las órdenes de Dios, a las órdenes de aquellos que están cerca de mí. Vuélveme sabio, obediente y laborioso, a ejemplo del divino Niño. San José, a quien estuvieron sometidos Jesús y María, ruega por nosotros.

Ejemplo

Devoción de la corte de Luís XIV a San José

Se lee en la historia de Bossuet, por M. Réaume: “La fiesta de san José fue celebrada, este año (1661), en toda Francia con una pompa desacostumbrada. Desde hace algún tiempo, las dos reinas, piden, para este día, un aumento de solemnidad, y Luís XIV, por medio de cartas reales, expresó el deseo que fiesta del santo Esposo de María fuese declarada obligatoria, con interrupción de trabajos y negocios. Los obispos, a través de sus mandatos; las cortes soberanas a través de sus decretos, complacieron los deseos del monarca, y esas piadosas prescripciones fueron ejecutadas por primera vez el 19 de marzo de 1661. Bossuet, predicando ese día su segundo panegírico de san José, no quiere terminarlo, dice, sin dar gracias al rey por “haber querido honrar la santa memoria de José con una nueva solemnidad”. Ya había pronunciado un discurso en honor de este gran Santo. Fue en 1657; el orador tomando como texto estas palabras: Depositum custodi, había celebrado entonces dignamente las glorias de San José. Se recuerda que este sermón causó una impresión tan profunda, que Bossuet debió repetirlo, dos años más tarde, en presencia de la reina madre. Ana de Austria quiso escuchar al ilustre predicador, que adoptando un nuevo orden de ideas, comenzó por citar las palabras aplicadas en otro tiempo a David, entonces desconocido por todos, el día que Samuel vino a buscarlo de parte de Dios: “El Señor ha buscado un hombre según su corazón”. Este hombre, es el justo José de quien va decir ahora su vida oscura y sus virtudes ocultas.


Traducido del francés por José Gálvez Krüger para ACI Prensa

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