Los siete domingos

En honor de los siete dolores y gozos de San José

Por más que suele hacerse esta devoción los siete domingos anteriores a la fiesta de San José, sin embargo puede hacerse en cualquier tiempo del año. Estas oraciones de los Siete Dolores y Gozos deben hacerse precisamente el mismo domingo; pero la Comunión puede hacerse el mismo domingo, o el sábado anterior o cualquier día de la semana siguiente. La confesión cada ocho o quince días.

Oraciones que deben rezarse cada domingo

1er ¡Oh castísimo Esposo de María, glorioso San José! Tanto como fueron terribles los dolores y las angustias de tu corazón, cuando creíste deber separarte de tu Inmaculada Esposa, tanto fue vivo el gozo que experimentaste cuando el ángel te reveló el misterio de la Encarnación.

Te suplicamos, por este dolor y este gozo, que te dignes consolar nuestras almas ahora y en nuestros postreros momentos, alcanzándonos la gracia de llevar una vida santa y tener una muerte semejante a la tuya, en los brazos de Jesús y de María.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri

2do ¡Oh dichosísimo Patriarca, glorioso San José, que has sido elevado de padre nutricio del Verbo hecho hombre! El dolor que sentiste al ver nacer al Niño Jesús en tanta pobreza, se te trocó bien pronto en un gozo celestial cuando oíste los armoniosos conciertos de aquella memorable y resplandeciente noche.

Te suplicamos, por este dolor y este gozo, que nos alcances, al terminar esta vida, la gracia de ser admitidos a oír los santos cánticos de los ángeles, y gozar del resplandor de la gloria celestial.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri

3er ¡Oh modelo perfecto de sumisión a las leyes divinas, glorioso San José! La vista de la sangre preciosa que el redentor Niño derramó en su circuncisión, traspasó tu corazón de dolor; pero la imposición del nombre Jesús lo reanimó, llenándote de consuelo.

Alcánzanos, por este dolor y este gozo que, dando de mano a todos los vicios durante la vida podamos morir con gozo y alegría, invocando de corazón y de boca el santísimo nombre de Jesús.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri.

4to ¡Oh Santo fidelísimo, a quien fueron comunicados los misterios de nuestra redención, glorioso San José! Si la profecía de Simeón te causó un dolor mortal, haciéndote saber que Jesús y María debían sufrir, te llenó al mismo tiempo de satisfacción, al anunciarte que sus padecimientos serían seguidos de la salvación de multitud innumerable de almas, que resucitarían a la vida.

Pide por nosotros, en memoria de este dolor y de este gozo, para que seamos del número de aquellos que, por los méritos de Jesucristo y la intercesión de la Virgen María, resucitarán para la gloria.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri.

5to ¡Oh vigilantísimo guardian del Hijo de Dios hecho hombre, glorioso San José! ¡Cuánto has sufrido por servir al Hijo del Altísimo y proveer a su subsistencia, particularmente durante la huida a Egipto! Pero también ¡cuánto debiste gozar en tener siempre a tu lado al Hijo de Dios, y en ver caer los idolos de los egipcios!

Alcánzanos, por este dolor y este gozo que, teniendo siempre al tirano infernal alejado de nosotros, sobre todo con la pronta huída de las ocasiones peligrosas, merezcamos que caigan de nuestros corazones todos los ídolos de las afecciones terrenas, y que enteramente consagrados al servicio de Jesús y de María, no vivamos sino para ellos y les ofrezcamos nuestro último suspiro.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri.

6to ¡Oh ángel de la tierra, glorioso San José, que viste con admiración al Rey del cielo sometido a tus órdenes! Si el consuelo que experimentaste, al conducir de Egipto a tu querido Jesús, fue turbado por el temor de Arquelao, a su vez tranquilizado por el ángel, permaneciste gozoso en Nazareth con Jesús y María.

Obtennos, por este dolor y ste gozo que, libres de todos los temores que puedan sernos nocivos, gocemos de la paz de una buena conciencia, vivamos tranquilos en unión con Jesús y María y en sus manos entreguemos nuestra alma en el momento de la muerte.

7mo ¡Oh modelo de santidad, glorioso san José, que habiendo perdido al Niño Jesús, sin que hubiese culpa por parte de ti, lo buscaste durante tres días con inmenso dolor, hasta el momento en que experimentaste un gozo indecible, el más grande de tu vida, al encontrarlo en el templo en medio de los doctores!

Te suplicamos desde lo íntimo de nuestro corazón, por este gozo, que te dignes emplear tu valimiento cerca de Dios, a fin de que nunca nos suceda perder a Jesús por el pecado mortal; y si desgraciadamente nos acaeciera este grande infortunio, haz que lo busquemos de nuevo con el más profundo dolor, hasta que lo encontremos favorable, sobre todo en el momento de la muierte, para poder luego gozar de él en el cielo y bendecir contigo sus infinitas misericordias durante toda la eternidad.

Padrenuestro, Avemaría, y Gloria

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