Viernes 12 de Mayo de 2017

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discí­pulos: “No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí­. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habrí­a dicho; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy sabéis el camino”. Le dice Tomás: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?”. Le dice Jesús: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí­“.

Comentario:

Jesús, en la última Cena reunido con sus amigos, pronuncia uno de sus últimos discursos, porque ya no estará más como estuvo con ellos en los 3 años de su vida pública. Por eso hoy Jesús les quiere dar palabras de consuelo: "No se turbe vuestro corazón". No se inquieten, ya no me verán de la misma manera que antes, porque he partido a prepararles una morada, tengo un lugar con el nombre de cada uno de Uds, preparado para Uds desde siempre. Y esa es la primera esperanza que el Señor quiere comunicar: hemos sido creados para la salvación, no para la condenación. Esa es nuestra esperanza.

Y el camino para gozar de esa dicha plena, sólo es uno. Pueden haber muchos caminos buenos que nos pueden conseguir cosas buenas, pero para la vida auténtica sólo existe uno: Jesús. La amistad con Él, la unión profunda con Él es lo que nos lleva al gozo que tanto anhelamos. Y Jesús no es un camino lejano, ni fuera del alcance. Es más bien un camino accesible, que ha venido y se ha acercado a nosotros. Nos dice San Agustí­n: “El Señor no te dice: “Esfuérzate en encontrar el camino para llegar a Dios”. No, lo que te dice es: “!Levántate perezoso! El camino en persona vino a ti y te despertó del sueño. ¡Levántate pues y camina!””.

P. Juan José Paniagua

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