Octavo Día de la Novena a Santa Juana de Arco

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Oración Inicial

¡Mi Señor y mi Dios! Te ofrezco mi petición en unión con la amarga pasión y muerte de Jesucristo, tu Hijo, junto con los méritos de tu madre Inmaculada y Admirable, María siempre Virgen, y de todos los santos, particularmente de tu ayudante santa en cuyo honor hago esta novena.
¡Baja tu mirada a mí, Señor misericordioso! Concédeme tu gracia y tu amor, y amablemente escucha mi oración.
Amén.

Oración Octavo Día

Cuando los jueces le preguntaron si estaba en estado de Gracia delante de Dios, la respuesta de Juana fue: "Si no lo estoy, que Dios me quiera poner en ella; si estoy, que Dios me quiera conservar en ella." Su respuesta se correspondía a la doctrina Católica según la cual la Gracia está más allá de nuestra experiencia y no puede ser percibida excepto por la Fe, que no podemos confiar en nuestros sentimientos o nuestras obras para asumir que somos justificados y salvos (Catecismo de la Iglesia Católica, pasaje 2005). También resulta memorable la respuesta que ella dió a sus examinadores en Poitiers cuando le preguntaron porqué era necesario que los soldados cumplieran la voluntad de Dios para liberar a Francia: "En el nombre de Dios los soldados van a luchar, y Dios les dará la victoria." Cada uno de nosotros podemos vernos como soldados en una batalla que dura toda la vida, para cumplir la voluntad de Dios y para vencer los males de este mundo. Es nuestro deber como Sus hijos dedicar nuestra vida a la gloria de Su Reino. Como Santa Juana lo predicó de palabra y vida: Que Dios sea el primer servido. Oro para que su vida sea también el ejemplo que yo siga en mi propia vida al servicio de Dios. Santa Juana, heroica e impávida ante tus jueces;
Ruega por mí.

Amén
Rezar un Padre Nuestro, 3 Ave María, un Gloria.

Oración Final

Amada Santa Juana de Arco, quien fue tan firme en la Fe y amante de la Eucaristía. Apóstol y Profeta de Dios, armada sólo con su fe y con su propio ejemplo fue y cambió el corazón de otros, inspirándolos a la fe, y protegió a todo un país y a sus generaciones futuras alejándolas de la ruina. Oro para que se me conceda una petición a Dios, que es la intención de esta novena, si es su Santa Voluntad. Oro para que a través de su patrocinio y su gracia, crezca yo en la Fe, llegando a emular su vida en todo lo que hago. Tú que tuviste una muerte mártir clamando el nombre de Nuestro Salvador Jesucristo hasta el final: es mi sincera petición que yo también clame así su nombre, no importa cuál sea la circunstancia de mi hora final.
Amén

Oh, mi querida Santa, a quien yo realmente he llegado a admirar, amar y respetar; por favor ayúdame y a todo el que rece esta novena a partir de este día y todos los días para crecer en la gracia y en la práctica de la verdadera virtud Cristiana. A imitación de ti, orar e interceder por todos nosotros para que podamos vivir una vida pura y casta mientras vivimos en este mundo, y crezcamos más profundamente en la Fe, aumentando el conocimiento de la misma a fin de no perder nunca el agradecimiento sincero por esta “Perla de Gran Precio” (Evangelio según San Mateo 13:45-46). Ora también para que nuestra esperanza por llegar al Cielo -nuestro verdadero hogar-, así como el deseo por buscar la santidad personal -que es la clave para llegar al Cielo- no decaiga durante nuestra peregrinación en este valle de lágrimas

Amén

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Publicado originalmente en Confraternity of Saint Joan of Arc

 

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