Octavo Día de la Novena a San Francisco de Sales

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestro enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Oración preparatoria

Corazón amabilísimo de Jesús, que por la abundancia de tu benignísima misericordia, y para manifestación más sensible del inmenso amor, con que miras a los corazones humanos, deseando dilatar el Reino de tu amor, y penetrar a todos de las más vivas llamas de aquel fuego divino, que viniste a encender en el mundo, enviaste a él en estos últimos siglos, en que lastimosamente se ve enferma la devoción de muchos, al dulcísimo San Francisco de Sales, nuevo Vaso de elección, en cuyo pecho depositaste con tanta largueza los tesoros de tu luz y amor, previniéndolo con tan copiosas bendiciones de dulzura, para que hecho todo para todos, mostrase a toda suerte de gentes el camino llano y seguro de la perfecta virtud cristiana: concédenos, Deifico Corazón, que embriagados con la dulzura de tu amor, protegidos de los altos méritos de este tu escogido Siervo, é instruidos con sus celestiales avisos, conozcamos la vanidad de cuanto el mundo estima para despreciarla; la fealdad del pecado, para aborrecerla; la preciosidad de tu gracia, para conservarla a toda costa; la grandeza y verdadera hermosura de tu ser divino, para amaros con todas las facultades de nuestras almas, y la suavidad apetecible del yugo de tu divina Ley, para que rindamos gustosos nuestra cerviz á tan dichosa servidumbre, y abracemos con todo el conato de nuestro corazón la ligera carga de tus Mandamientos, todos amor, dulzura y verdadera libertad. Compadeceos poderosísimo Corazón de tantas almas, que deslumbradas con los errados dictámenes del ciego y vano mundo, atraídas de los venenosos silbos de la antigua serpiente, y presas en los dorados lazos de los fugitivos placeres de los sentidos, incautamente duermen en una falsa seguridad con lastimoso peligro de su salvación.

Mirad, Corazón clementísimo, que por ellas padeciste congojas y agonías en el Huerto, y terribles desamparos en la Cruz, y que su amor os obligó a que quedaras Sacramentado, haciéndonos compañía hasta el fin del mundo: no se frustren, Señor, tan preciosos trabajos y tan amorosos excesos. Atended también á los fervorosos esmeros con que os sirvieron y desearon los desagravios más cumplidos de vuestro sagrado honor los purísimos corazones de Manía Y José, y por la complacencia que tuviste en los méritos suyos, olvidad los deméritos nuestros. Mirad juntamente el amor tan fino con que siempre buscó únicamente tu mayor gloria el seráfico corazón de San Francisco de Sales: acordaos, Señor, de él, y de toda su mansedumbre, y dulzura de caridad, con que llorando las ofensas vuestras, se deshacía por ganaros almas, y dilatar el Reino sacrosanto de tu amor: Venga, pues, a nosotros ese tu Reino, y sea arrojado fuera de las almas el Príncipe de las tinieblas, que las tiraniza, alúmbrelas siempre tu luz, apodérese de todos los corazones tu amor, anímelos tu gracia, para que eternamente cantemos tus misericordias en la gloria. Amen.

Octavo día:

Pacientísimo San Francisco de Sales, que para unirte con el Divino querer, plantaste en tu corazón una grande sumisión á todas las disposiciones de Dios, particularmente en los sufrimientos y tribulaciones, que son las pruebas más ordinarias del amor, mirando las penas para amarlas en su fuente , que es la divina Providencia: alcánzanos del Corazón de Jesús, luz para conocer este tesoro de la perfecta resignación, por cuyo medio se convierte el alma en un cielo sereno , donde resplandece como sol el reinante amor celestial; y para el mismo fin consíguenos la gracia que deseamos. Amén.

Ahora pide cada uno al Santo, la merced o gracia que necesita.

Antífona:

Sacerdos, Pontifex et virtutum Opifex, Pastor bone in Populo , ora pro nobis, Dominum.
V. Amavit eum Dominus et ornavit eum.
R. Stolam gloriae induit eum.

 Oración Final:

Oh Dios, que quisiste que el bienaventurado Francisco, tu confesor y pontífice, se hiciera todo para todos por la salvación de las almas; concédenos propicio, que llenos de la dulzura de la caridad, dirigidos por las enseñanzas y protegidos por los méritos de este Santo, consigamos los gozos eternos. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, Dios por los siglos de los siglos.

Amén

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