Miércoles 26 de Abril de 2017

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: “Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creí­do en el Nombre del Hijo único de Dios. Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios”.

Comentario:

Vemos en algunas de nuestras ciudades que a veces las calles no están bien cuidadas. Tienen huecos y baches. Si no estuvieran iluminadas de noche o si anduviésemos con las luces apagadas de nuestro auto, probablemente podrí­amos pensar que las calles están bien, pero al encender las luces, no sólo se nos ilumina el camino, sino que además se nos descubren con mayor claridad los huecos, baches y obstáculos. Algo parecido pasa con Jesucristo. Cuando Él viene a nuestra vida a iluminarla, a llenarla de vida, con su luz también se evidencian nuestros pecados, inconsistencias, debilidades y caí­das. Por eso pareciera que cuanto más nos acercamos a Jesús, más pecadores nos sentimos.

Sin embargo en el Evangelio de hoy Jesús nos quiere recordar algo muy importante, para que tengamos la mirada bien puesta: "yo no he venido a condenar, sino a salvar". Ése es el mensaje pascual. “Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él”. Ésa es nuestra gran esperanza. Si bien muchas veces nuestros pecados nos duelen y puede haber momentos en los que les damos un peso muy grande, hoy Jesús nos dice: si tú quieres, yo quiero salvarte. Quiero liberarte de ese encierro en el cual tú mismo te metes a veces. He venido a hacerte libre para que también seas luz.

Confiemos en el Señor: "tanto amó Dios al mundo, que entregó a su hijo único, para que tengamos vida eterna". Es un amor gratuito el que Dios nos da. Su amor no tiene condiciones, simplemente espera ser recibido. A veces vemos a Dios de una manera muy humana. Nosotros amamos sólo a los que nos aman o nos caen bien. Pero Dios entrega su amor de manera gratuita, sin espera de méritos, ni condiciones.

P. Juan José Paniagua

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