Lunes 24 de Abril de 2017

Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, que era uno de los notables entre los judíos. Fue de noche a ver a Jesús y le dijo: "Maestro, sabemos que tú has venido de parte de Dios para enseñar, porque nadie puede realizar los signos que tú haces, si Dios no está con él". Jesús le respondió: "Te aseguro que el que no renace de lo alto no puede ver el Reino de Dios." Nicodemo le preguntó: "¿Cómo un hombre puede nacer cuando ya es viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el seno de su madre y volver a nacer?". Jesús le respondió: "Te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: 'Ustedes tienen que renacer de lo alto'. El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu".

Comentario:

Estamos en los días de Pascua y por eso todos estos días la primera lectura se lee de los Hechos de los Apóstoles. Hoy Pedro y Juan regresan después de haber sufrido la injusticia. Por curar a un hombre cojo, por hacer una obra buena, son tomados por los judíos, encarcelados y amenazados para que no sigan anunciando a Jesús. Pero hoy estos apóstoles nos dan un mensaje muy claro. Ha habido un cambio radical en ellos. Regresan donde los suyos y luego de contarles lo que les había pasado, la injusticia y las amenazas que recibieron, se ponen a rezar. Es importantísimo que aprendamos de ellos, porque ha habido un cambio radical, han aprendido a confiar en Dios, han aprendido en quién tienen que poner su confianza. Ante los problemas, las pruebas, las amenazas y las inseguridades se ponen en las manos de Dios.

Y además podemos decir también que han aprendido a rezar. Se dejan iluminar por un salmo del AT. y no le piden a Dios lo que quizá nos brotaría a nosotros pedirle primero: que los libre de la persecución y de las amenazas que los asechaban. Ellos le piden más bien valentía para seguir anunciando la Palabra. Entendieron qué era lo esencial en su vocación, cuál es su gran tesoro, qué es lo que los hace realmente brillar en medio del mundo: ser testigos de Jesús. Porque nunca podemos perder nuestra esencia de ser apóstoles, de arder con gozo y con amor por anunciar al buen Jesús, la buena noticia.  Lo único que pedían era tener la libertad para seguir siendo testigos de Jesús. Que nos pase lo que sea, estamos dispuestos a ir a la cárcel incluso, pero que la Buena Noticia nunca deje de ser anunciada.

Aprendamos también de ellos, a rezar así, con valentía, con coraje. Llenos del Espíritu Santo, a poner nuestra confianza en Dios. A acrecentar ese deseo de ser apóstoles. Podemos aplicarnos también lo que Jesús le dijo a Nicodemo: hay que nacer de nuevo, hay que nacer a esta vida del Espíritu. Este Espíritu que sopla donde quiere, que a veces no sabes de dónde viene ni a dónde va. Es la invitación a renovarnos en esta vida del Espíritu, es decir, hay que ser hombres y mujeres de Dios, espirituales, cada vez más afincados interiormente. Con un corazón lleno de amor por el Señor y por los hermanos.

P. Juan José Paniagua

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