Lunes 23 de Enero de 2017

Los escribas que habían venido de Jerusalén decían: "Está poseído por Belzebul y expulsa a los demonios por el poder del Príncipe de los Demonios". Jesús los llamó y por medio de comparaciones les explicó: "¿Cómo Satanás va a expulsar a Satanás? Un reino donde hay luchas internas no puede subsistir. Y una familia dividida tampoco puede subsistir. Por lo tanto, si Satanás se dividió, levantándose contra sí mismo, ya no puede subsistir, sino que ha llegado a su fin. Pero nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa. Les aseguro que todo será perdonado a los hombres: todos los pecados y cualquier blasfemia que profieran. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón jamás: es culpable de pecado para siempre". Jesús dijo esto porque ellos decían: "Está poseído por un espíritu impuro".

Comentario:

Los fariseos acusan a Jesús y le dicen que expulsa a los demonios porque es el jefe de los demonios. Pero no puede ser así, si Satanás estuviera dividido contra sí mismo, no podría hacer nada.

Lo curioso es que justamente, quizá una de las características más importantes que vemos en Dios, que definen su identidad, es la unidad. Dios es uno solo. Es tanta su unidad que las tres personas no son sólo tres, sino que forman al mismo tiempo un solo ser. Es la unidad que brota del amor. El amor por su naturaleza une, no divide. Tanta es su unidad y tanto es su amor, que ha querido también unirse con su creatura, se hizo hombre en todo como nosotros. Tanta es su unidad, que también nos ha unido a sí mismo en un solo cuerpo, que es la Iglesia.

Y ahí nosotros los cristianos encontramos justamente nuestra fortaleza, cuando nos unimos a Dios. Porque solos somos muy débiles, unidos a Dios sale lo mejor de nosotros mismos, unidos a Jesús nos hacemos fuertes.

Porque del Señor viene la fuerza. Él expulsaba a los demonios, obviamente no porque Él era un demonio, sino simplemente porque el bien siempre triunfa sobre el mal. El mal no puede ser derrotado con más mal. Mal con mal no se convierte en bien, sino en un mal mayor. Recordemos siempre eso, en nuestra vida cotidiana, cuando nos topamos con el mal y con la injusticia, ¿cómo la enfrento? ¿Cómo venzo el mal? Hagamos como nos dice San Pablo: venzamos el mal a fuerza de bien.

 P. Juan José Paniagua

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