La Enfermedad

Verano 1988: Faltaban dos meses para sus 17 años. Durante una partida de tenis se le cae la raqueta por un fuerte dolor en la espalda. De “yo lo tengo todo” – Michele Zanzucchi” – editorial Cuidad Nueva: “al principio los médicos decían que se trataba de una costilla rota y le recetaron unos antiinflamatorios, para el dolor. Pero la recaída conduce a los médicos a profundizar la búsqueda. […] El diagnostico de los médicos no se hace esperar: Tumor óseo con metástasis, uno de los tumores más despiadados y doloroso.

Después de la primera intervención en febrero de 1989:

María Teresa Badano (mamá de Chiara): “Interiormente me decía, pero Jesús, Chiara, te ha dicho su Sí, pero cuantas veces deberá decir este Sí, cuantas veces caerá, cuantas veces en las intervenciones, en los dolores. Pero Chiara se ha gastado 25 minutos en decir su Sí a Dios y nunca más miro atrás”.

En junio Chiara afronta una segunda intervención: las esperanzas son muy pocas. Los ingresos al hospital de Torino eran cada vez más frecuentes. En el hospital se alternaban los y las gen y otros amigos del Movimiento para sostener a Chiara y a su Familia. Las curaciones son dolorosas. Quiere ser informada de cada detalle del transcurso de la enfermedad. A cada nueva y dolorosa “sorpresa”, su oferta es decisiva: “¡por ti Jesú, si lo quieres tú, lo quiero también yo!”.

Julio de 1989: la enfermedad progresaba velozmente. No tenía todavía 18 años cuando Chiara pierde la movilidad de las piernas. Le dice a la mamá: “me gustaba andar en bicicleta” y ella contesta “si Jesús te quito las piernas, te dará alas”

Se hace sentir el presentimiento de muerte: “¿mamá es justo morir a los 17 años?” y ella “no lo sé. Solo sé que es importante hacer la Voluntad de Dios, este es su designio sobre ti”.

Después de unos días una grave hemorragia. Está en peligro su vida. Todos hacen turnos para rezar toda la noche. Los médicos están en duda si dejarla morir o hacer la transfusión: quiere decir que seguirá sufriendo. Deciden hacer transfusión. Chiara vivirá todavía un año más. Decisivo para ella.

Pese a la inmovilidad que Chiara tiene es muy activa: con llamadas telefónicas sigue el grupo de jóvenes por un mundo unido (JMU) de Savona, se hace presente a congresos y actividades varias con mensajes, postales y carteles, dando a conocer a sus amigos y compañeros de escuela. Invita a muchas personas al Genfest de 1990 (manifestación internacional de Jóvenes por un Mundo Unido, desarrollado en Roma en mayo del 90), que tiene la alegría de seguir en directa gracias a la antena parabólica ensamblada sobre el techo de su casa.

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