La ciencia y la fe ¿Se enfrentan?

Hugo Jorge Muro Lemus, Físico

¿Por qué hablar de la Ciencia y la Fe?

Desde hace algunos años surgieron algunas corrientes de pensamiento proponiendo que la razón humana, y sólo a través de pruebas llamadas "experimentos objetivos", es capaz de alcanzar la verdad total sobre el mundo y el Universo negando como superstición todo lo que no pudiera ser obtenido a través de un proceso que se conoce como "El método científico". A esta corriente se le ha conocido desde entonces como ciencia, aunque al pensamiento erróneo generado por seguidores fanáticos se le conoce como "cientifismo". Entre los aspectos de la realidad negados por esta corriente de pensamiento se encuentra la existencia de Dios.

La razón de esta negación radica en la creencia, promovida por esta corriente de pensamiento, en una forma de materialismo que considera como uno de sus axiomas o principios fundamentales, y que por tanto, para ellos, auto evidente y sin necesidad de demostración, la imposibilidad de la existencia de DIOS. Aunque esa corriente de pensamiento ha tenido que cambiar muchas de sus ideas fundamentales varias veces a lo largo de la historia, debido a que la misma investigación científica conforme progresa demuestra la insuficiencia de la doctrina racionalista básica, estas ideas han sido manipuladas y usadas como arma en contra de Cristo y de su Iglesia, proponiendo, sin bases, la existencia de un enfrentamiento, del todo artificial, entre la auténtica Ciencia, entendida como la búsqueda honesta del conocimiento, y la Religión, creencia falsa que desgraciadamente continúa propagándose a través de la educación de nuestros jóvenes y de nuestros científicos, de los medios de comunicación, etc., a pesar de que la realidad del mundo científico actual de alto nivel ya no justifica el racionalismo tradicional y fanático ni sus engendros como el materialismo y otras filosofías derivadas.

Es el momento de descubrir este error, de hacer filosofía de la ciencia de manera sana, honesta y abierta, porque el error radica en las correspondientes concepciones filosóficas y no en la ciencia misma. Un paso muy importante hacia ese objetivo lo ha dado la Iglesia Católica a través de un documento pontificio, la Encíclica "Fides et Ratio" de S. S. Juan Pablo II en 1998.

El pensamiento de S. S. Juan Pablo II

El día 16 de octubre de 1998, se cumplieron 20 años de la elección del cardenal Karol Wojtila como el Papa Juan Pablo II. Y estos 20 años de pontificado se han caracterizado por una combinación especial: "La prudencia de la serpiente con la sencillez de la paloma" como lo aconseja N. S. Jesucristo. Yo me atrevería a decir análogamente que esta mezcla es el resultado de una vida contemplativa, profunda vida de oración con una gran actividad en el frente misionero, ante políticos y pobres, ante científicos y mentes sencillas. En fin, 20 años de un pontificado constituido por una mezcla clave: "La Fe y la Razón".

No es extraña tal actitud de su Santidad siendo como es un gran estudioso, un gran filósofo de profesión y un místico por Gracia de Dios. Síntesis gloriosa para este turbulento fin de milenio.

Las celebraciones de estos 20 años fueron coronadas por dos acontecimientos que sintetizan el corazón y el intelecto de su Santidad Juan Pablo II:

Primero: EI 11 de octubre de 1998, Juan Pablo II canoniza a Edith Stein, judía conversa, intelectual universitaria, filósofa de profesión, ayudante de Husserl, uno de los filósofos más importantes del siglo XX, escritora de obras filosóficas y posteriormente teológicas. Monja carmelita, muere en el campo de concentración a manos de los nazis. Una Santa para los 20 años de Juan Pablo II, una Santa para nuestro tiempo, Científica y Santa. La razón y la Fe.

Segundo: Se publica la Encíclica número 13 de su Santidad, su nombre "Fides et Ratio", "La Fe y la Razón" en donde Juan Pablo II compendia el pensamiento de toda su vida y el de la Iglesia sobre estos puntos a veces considerados, engañosamente, en conflicto.

La gran búsqueda, la gran conquista A raíz de estos felices acontecimientos, querido lector, te suplico me permitas que te cuente un poquito de las maravillas de la Creación, como las ve un científico cristiano y te invito a maravillarte conmigo al contemplar cómo la naturaleza entera canta la Gloria de Dios y de cómo esta maravillas han llevado cada vez a más científicos en el mundo a replantearse su actitud hacia la existencia de Dios y su posición ante la religión.

En julio de 1998 la revista Norteamericana Newsweek le dedicó la portada a su artículo principal que se llamaba: "La ciencia descubre a Dios". Y entre otros datos que se leían estaba el reporte de que por lo menos el 60% de los científicos norteamericanos de alto nivel creen ya en alguna forma de Dios. Dante, el genio escritor del Renacimiento termina su gran obra: "La Divina Comedia" con estas palabras tan poéticas como provocadoras de reflexión: "Amor, fuerza que mueve al sol y a las demás estrellas", y esto después de un fabuloso relato sobre su visita imaginaria al infierno, al purgatorio y por fin al cielo donde experimenta la visión beatífica de la Gloria de la Santísima Trinidad, del Rostro de Dios tan buscado por Patriarcas, Profetas, Santos, etc.

Amor, Fuerza, Sol, Estrellas. Conceptos que nos hablan de Dios, de su potencia creadora y de la magnificencia de su Gloria expresada en los Astros del Universo, de forma que no podemos olvidar al salmista cuando alborozado canta: "¡Los Cielos cuentan la Gloria de Dios!". (Sal. 19, 1)

Los Cielos, la morada de los dioses, donde los temores y sueños de hombres primitivos fueron proyectados, donde las civilizaciones de todos los tiempos sospecharon, intuyeron lo Grandioso, lo Glorioso, el destino ansiado por el hombre de siempre cuya sed de infinito nunca es apagada ni por los bosques, ni por las montañas, ni por los mares.

Amor y Estrellas: Gloria eterna, parecen palabras provenientes de los sueños de un poeta místico, enamorado del todo y de la nada. Todo parecía quedar en sueños imposibles, el hombre se debatía entre sus sueños de volar, remontar alturas infinitas y la realidad detener los pies fuertemente atados a la Tierra. Ser que sueña con el Absoluto sin poder alcanzarlo. He allí la eterna melancolía del hombre.

Pero un día el sueño inefable y por siempre presentido decidió hacer irrupción en la historia humana, y desde los confines de la Eternidad, el AMOR, así con mayúsculas se lanzó y se acercó a su creatura por un tiempo alejada, para buscarlo, para sanar sus heridas y su tremenda nostalgia y sobre todo para ofrecerse EL MISMO al hombre, como consecuencia de su propio SER-AMOR.

La Física, la ciencia de la naturaleza ¿Dije Naturaleza? Sí, ¿pero qué tiene la Naturaleza que la hace fascinante?, ¿por qué provoca en los que la contemplan o la estudian el gran cambio que hace trascender toda limitación humana?

La Física es la ciencia experimental por excelencia, pero recordemos que la palabra Física viene del griego y significa "Ciencia de la Naturaleza". Por eso la tarea de los Físicos es tratar de descubrir los secretos más ocultos de la Naturaleza, usando para ello, la razón humana.

Para todo aquel que viva o haya pasado alguna temporada en el campo, cerca de la naturaleza, no le parecerá extraña la experiencia de contemplar las noches por la Luna y una cantidad impresionante de estrellas, y al amanecer la Aurora con sus colores y a lo lejos las nieves eternas de algún volcán de nuestro México pintadas de rojo.

Tampoco olvidará nunca el despertar con los cantos de los pajarillos y tal vez ser testigo de la muerte en la Naturaleza, de cómo animales y plantas simplemente cesan, en paz, en completa armonía con toda la creación. Sí, ésta es la visión de la Naturaleza que muchos hemos experimentado y que sin lugar a dudas deja huella en el Ser humano y que siempre ha sido motivo de inspiración poética o de alabanza a Dios.

Los Físicos han llegado a conocer mucho más sobre la naturaleza. Han descubierto en primer lugar las dimensiones del Universo desde lo más pequeño hasta lo más grande, han descubierto que la materia, sillas, mesas, seres humanos, planetas y estrellas, está constituida por unidades llamadas átomos, que a su vez tienen una organización interna exquisita. Los átomos son muy pequeños y muy numerosos, pero muy muy numerosos, de tal forma que una sola gota de agua está formada por aproximadamente un 6 seguido de 23 ceros de átomos. Creo que ni siquiera nos alcanza el renglón del cuaderno para escribir esa cantidad y mucho menos podemos concebirla. ¿Te imaginas querido lector la impresión de los científicos cuando descubrieron esto?, son impresiones que necesariamente impactan la mente y el alma de cualquier hombre de buena voluntad. Pero las sorpresas no terminan allí. El camino es muy, muy largo y, lo que es más importante, cuando más descubre el hombre, realmente descubre más preguntas que respuestas, o sea que descubre más y más su profunda ignorancia. Lecciones de humildad, si las sabemos aprovechar.

Lo muy pequeño y lo muy grande

El pequeñísimo átomo también tiene una estructura interna maravillosamente simple pero capaz de ser la base para construir cuerpos humanos y estrellas. El átomo tiene un núcleo en el centro con algunas otras partículas alrededor, muy sencillo, ¿no?, pues así es la Naturaleza, la sencillez es la mejor solución, la menos cara y más funcional.

Ahora imaginemos que ampliamos el átomo al tamaño del estadio Azteca, a tales dimensiones el núcleo solo ocuparía el lugar de un garbanzo colocado en el centro de la cancha y los electrones (que son las partículas que giran alrededor del núcleo) sólo serían cabecitas de alfiler volando en la periferia del estadio, eso es todo. ¡Y con esto se construye el Universo entero!

Una experiencia que produce vértigo es explorar las dimensiones del Universo como nos las presentan los modernos científicos. Imaginemos un tinaco de los grandes, si ese tinaco fuera la Tierra entera, el planeta en que vivimos, los océanos más profundos e inexplorados con todas sus maravillas, no serían sino un rasguño de 2 mm. en la superficie del tinaco. Imaginen ahora que el Tinaco no es la Tierra sino el Sol, ¿saben de qué tamaño sería la propia Tierra comparada con el Sol-tinaco? Pues solo una pequeña cabecita de alfiler.

El sol mismo no es más que una estrella común que vive

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