La Adolescencia

Ya a temprana edad, un poco más de 9 años, es atraída por la novedad de la espiritualidad de la unidad de Chiara Lubich. Todo inicio en un tren, al encontrase con una joven de la misma edad que después sería una íntima amiga. Escribiendo “he descubierto el evangelio. No era una cristiana autentica porque no vivía en profundidad, ahora quiero hacer de este magnífico libro el único motivo de mi vida”.

Es Chiara la que insiste a sus padres para ir a Roma para el familyfest del 1981, encuentro internacional del Movimiento Familias Nuevas. La mamá dice “nuestra vida cambio totalmente, si nos hubiesen preguntado cuando fue nuestro matrimonio mi repuesta hubiese sido: Cuando encontramos Dios Amor.

En 1983 Chiara es una Gen 3 (tercera generación del movimiento de los focolares) y participa en el primer congreso internacional en Roma. Chiara Lubich especialmente a ellos les había dejado el reto de ser una “generación de santos” para hacer ciudades nuevas y un mundo nuevo, además decía: “no bastan solo técnicos, científicos y políticos, se necesitan sabios, se necesitan santos”.

No temía en entregar su secreto: “Jesús que en la cruz llego a gritar el abandono del Padre”. “Sin él, -dice- no se puede estar en pie”. Nos enseña como reconocerlo y amarlo en los pequeños y grandes dolores de cada día, transformar así el dolor en amor”; después se ama de nuevo y no se encuentran más obstáculos. “¡No tengan miedo! ¡Dejen que él los recompense con su amor!”, Chiara Luce escucha estas palabras en el primer congreso internacional. Una respuesta inmediata: “el congreso fue una experiencia maravillosa”, escribe a Chiara Lubich: confía el propósito de reconocer la importancia de Jesús Abandonado en cada dolor y “acogerlo con alegría, sobre todo con todo el amor posible”. Las ocasiones no faltarán.

Su vida se compone de éxitos y fracasos: La falta de compresión y aprecio de algunos profesores (en el último año de colegio por una injusticia ella pierde el año), amigos y marginación (por su empeño cristiano viene tildada de “monja”). La primera decepción amorosa; el traslado de la familia de Sassello a Savona, la perseverancia en el estudio, en la enfermedad y en los últimos días antes de morir. Pequeñas y grandes dificultades que transforma en amor, siempre orientada hacia quien está más cerca. No siempre con existo pero “-dice la mamá- donaba a Jesús el deseo de hacerlo”. Entreteje con Chiara Lubich una correspondencia que se volverá más constante. Le confía a ella descubrimientos y pruebas hasta la muerte. Por sus cartas y testimonios transmite la alegría y el estupor al descubrir la vida: Una visión positiva y luminosa. Chiara era una joven como todas: alegre y vivaz, amaba la música, nadaba, jugaba tenis, le gustaban las caminatas por la montaña.

Tenía muchos amigos, especialmente cuando era verano se reunían en el bar de Sassello, único lugar de encuentro. Algunos se abrían y le confiaban las dudas y las dificultades, encontrando en ella una escucha absoluta. La mamá le preguntaba si a ellos les hablaba de Dios, ella respondía “yo no debo hablar de Jesús, debo darlo”. ¿Y cómo haces? “con mi escucha, con mi modo de vestir y sobre todo amándolos”

 

No es un camino solitario

Junto con otros jóvenes no perdía ocasión para “fortalecer la unidad”, en los encuentros se contaban recíprocamente las experiencias del evangelio vividas, pero también lo hacían por teléfono, visitas, cartas, fiestas, paseos, regalos etc. Entre ellas la comunión de bienes era una realidad: Chiara conserva hasta su muerte una lista de sus cosas que pone en disposición a las personas que lo necesitan.

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