Jueves 11 de Mayo de 2017

Después de lavar los pies a sus discí­pulos, Jesús les dijo: “En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que le enví­a. Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplí­s. No me refiero a todos vosotros; yo conozco a los que he elegido; pero tiene que cumplirse la Escritura: el que come mi pan ha alzado contra mí­ su talón. Os lo digo desde ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, creáis que Yo Soy. En verdad, en verdad os digo: quien acoja al que yo enví­e me acoge a mí­, y quien me acoja a mí­, acoge a Aquel que me ha enviado”.

Comentario:

En el momento de la Última Cena, Jesús realiza este gesto maravilloso. Siendo el maestro, Dios y el Señor, toma el papel del siervo y le lava los pies a sus apóstoles. Con este gesto el Señor quiere mostrarnos de manera concreta su amor, quiere enseñarnos que Él no ha venido a ser servido, sino a servir, que el servicio humilde hace al discí­pulo semejante al maestro. Es por eso que Jesús les dirá: Les he lavado los pies, para que Uds hagan lo mismo los unos con los otros. Jesús ha querido darnos ejemplo de caridad, de amor, de entrega a los demás, para que nosotros también vivamos así­, para que sigamos sus pasos.

Ese es el verdadero sacrificio. No es simplemente privarse de cosas, o aguantar dolores, sino sobre todo entregarse a los demás. Ese es el sentido del sacrificio de la Eucaristí­a, también el sacrificio de la cruz. Eso es lo que Jesús quiso significar al lavarle los pies a sus apóstoles, he venido a entregarme por Uds. y quiero que Uds. también hagan lo mismo con el prójimo.

P. Juan José Paniagua

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