2. La Septuaginta y su importancia para el conocimiento de las versiones primitivas del Antiguo Testamento.

2.1. La Septuaginta, fuente de estudio para el Antiguo Testamento.

Los LXX tienen un valor especialísimo que no puede relativizarse. Como reconoce F.M. Cross, uno de los eruditos de las investigaciones sobre Qumrán y los manuscritos del Mar Muerto, "los traductores de la Septuaginta reprodujeron con fidelidad y extrema literalidad el 'Vorlage' u 'original' hebreo. Ello significa que la Septuaginta de los libros históricos debe ser asumida como herramienta primaria de la crítica del Antiguo Testamento" (7).

Julio Trebollé es aún más enfático:

"La versión de los LXX constituye el mayor y más importante arsenal de datos para el estudio crítico del texto hebreo. Su testimonio es indirecto por cuanto se trata de una obra de traducción. Sin embargo, las numerosas y significativas coincidencias existentes entre LXX y manuscritos hebreos de Qumrán, han revalorizado el testimonio del texto griego, frente a corrientes imperantes en la época anterior al descubrimiento (1947), que consideraban el texto griego desprovisto de valor crítico y muy valioso en cambio como testimonio de la exégesis judía contemporánea de la época de la traducción" (8).

Contrariamente algunos autores contemporáneos como Paul Kahle tendieron a comparar la Septuaginta con el desarrollo de los "targúmenos" arameos, los comentarios libres a los textos hebreos del Antiguo Testamento realizados por los escribas y rabinos en el idioma sirio-arameo hablado corrientemente entre los judíos de Palestina en tiempos del Señor Jesús.

Sin embargo, las evidencias acumuladas por la crítica textual conducen a descartar esta hipótesis. Las nuevas investigaciones de las técnicas de traducción empleadas por los sabios hebreos demuestran que los "targúmenos" arameos dependen de la Septuaginta, y no al revés (9).

2.2. Fines de la traslación de los "LXX".

La traducción del mensaje salvífico de Dios Padre Misericordioso, recogido primero en hebreo, y más tarde trasladado a un idioma distinto, el griego koiné, constituyó una epopeya notable, tanto para la gesta religiosa, como para la historia del pensamiento.

El Padre Pierre Benoit, el respetado biblista, director y profesor de la Escuela Bíblica de Jerusalén, destacó cómo la acción de los sabios traductores israelitas no buscaba solamente hacer más accesible la Escritura a los judíos de la Diáspora que conocían mal el hebreo, sino conquistar el pensamiento griego para la sabiduría de la revelación de la Biblia. Con este doble propósito se entregaron a una epopeya inédita en la historia antigua (10).

Es difícil exagerar el cúmulo de problemas lingüísticos y teológicos que debieron enfrentar los traductores alejandrinos. Como observa el Padre Benoit, el resultado obtenido conduce a expresar profunda admiración por las cualidades humanas y sociales de los traductores hebreos. "Aquellos venerables doctores de Israel -destacó Benoit-, eran buenos conocedores de las Escrituras, de la lengua hebrea y también de la griega" (11).

Al poder tener en sus manos este texto venerable y fiel del Antiguo Testamento, los Padres de la Iglesia opinaron, con la sutileza de los "maestros del espíritu", que la mano de Dios había cuidado cada momento de la transposición de la Septuaginta.

Las posibilidades técnicas con que cuentan los filólogos y lingüistas hodiernos conllevan a la tentación de desmerecer el trabajo de los antiguos traductores. ¿Cuantos retos debieron haber enfrentado para desentrañar el cúmulo de problemas que presentó el lenguaje teológico plasmado en el hebreo? Benoit ha descrito con lucidez el desafío:

"La diferencia entre las lenguas hebrea y griega es el reflejo de una diversidad profunda entre dos mentalidades, entre dos mundos de pensamiento, cuyas categorías no coinciden por completo, si es que se aproximan. Fue todo un drama espiritual pasar de 'kabob' a 'doxa', de 'emeth' a 'apatheia', de 'sadóq' a 'dikaios', etc. Se trataba de encontrar en un nuevo horizonte de pensamiento modos de expresión que no traicionaran al antiguo. Y por fuerza que lo modificaban; lo transformaban y, a la postre, lo hacían progresar. La adopción del mensaje al mundo griego no era un rebajamiento a modo de concesión; era un desarrollo por conquista. Dios utilizaba los útiles mentales y, detrás de ellos, las problemáticas, las doctrinas de otra cultura, para perfeccionar y universalizar la comunicación de su Palabra (.) Esta traducción poseía el sabor fresco de una obra que entrañaba nuevos puntos de vista respecto a la historia de la salvación. La angeología, la resurrección corporal, la virginidad de la madre del Mesías, son algunos ejemplos de ello. Cuando se piensa en el alcance capital de esta nueva Escritura en el progreso de la revelación, no se puede vacilar en reconocer la acción de un carisma no menor, como dicen los Padres, que el de la antigua Escritura" (12).

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