17 de febrero de 2015 4:11 am

[VIDEO] El Padre Pancho, un misionero del fin del mundo

POR CAROLINA REQUENA | ACI Prensa

Nos trasladamos al fin del mundo en búsqueda de una historia. Llegamos hasta la localidad de Villarrica-Pucón en Chile, un lugar ubicado a los pies de un volcán coronado de nieve y rodeado por un inmenso lago.

Es en este privilegiado lugar donde misionó un querido y venerable sacerdote, que con humildad, sencillez y cercanía tocó el corazón de muchas personas. Se trata de Mons. Francisco Valdés Subercaseaux, más conocido como el Padre Pancho.

Nació en Santiago de Chile el 23 de septiembre de 1908, siendo el segundo de cinco hijos de una familia muy cristiana. Estudió en el Colegio de San Ignacio.Estaba en Roma, visitando a sus abuelos cuando sintió el llamado de Dios y entró en el Seminario Pío Latinoamericano. Acababa de terminar sus estudios y obtener su bachillerato. Fue entonces cuando decidió quedarse en Roma y allí discierne su vocación.

En 1927 decide ingresar al Pontificio Colegio Pío Latino Americano. Recibe el grado de Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Gregoriana en 1929. Al año siguiente, motivado por la espiritualidad de San Francisco de Asís, decide ingresar a la orden de los Hermanos Menores Capuchinos en Baviera, recibiendo el nombre religioso de Fray Francisco José de San Miguel. Así se convirtió en el primer capuchino chileno el 27 de enero de 1931.

Obtiene varios títulos como fruto de sus estudios en el ámbito de la teología y, luego de emitir su profesión religiosa perpetua y solemne el 2 de febrero de 1934, es ordenado sacerdote en Venecia el 17 de marzo de 1934.

En 1935 es enviado de regreso a Chile para servir en el Vicariato Apostólico de la Araucanía (hoy Diócesis de Villarrica), como misionero. Fue párroco y misionero en Pucón entre los años 1943 y 1956. A fines de 1955 el papa Pío XII crea la Diócesis de Osorno, nombrando a fray Francisco como obispo de ésta y encomendándole la labor de organizarla.

Gran parte de su legado se encuentra en la diócesis de Villarrica que recorrió tantas veces a pie sin importar las dificultades del camino.

Un hombre, de una profunda vida de oración que en todo ponía primero a Dios, por ello, uno de sus grandes anhelos fue fundar un convento de religiosas contemplativas que hoy se alza en lo alto de una colina desde donde elevan sus oraciones.

Además de su labor religiosa, construyó capillas, iglesias y hasta un hospital. Al interior de muchas se pueden encontrar pinturas y esculturas que brotaron de sus manos y de su profundo amor a Dios.

Una de las obras más recordadas es el Cristo del Tromen, ubicado en la frontera entre Chile y Argentina como símbolo de paz entre ambas naciones.

Ya han transcurrido más de 30 años de su muerte, pero el testimonio de fe de Mons. Francisco Valdés Subercaseaux sigue vivo como un ejemplo para las nuevas generaciones.

Sus restos reposan en la cripta de la Catedral de Osorno, a la que acuden continuamente numerosas personas a orar y pedir favores por su intercesión.

En 1998 se inició su proceso de beatificación, y con fecha 7 de noviembre de 2014 ha sido declarado Venerable por el Papa Francisco, quien ha autorizado a la Congregación para las Causas de los Santos la promulgación del decreto que declara sus virtudes heroicas.

Etiquetas: franciscanos, Obispo, Mons. Francisco Valdés Subercaseaux

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