“Para la Iglesia, nunca los números, ni los aplausos, ni la aprobación “del mundo”, serán considerados criterios válidos a la hora de analizar un fenómeno que sorprende y que atrae a multitudes”, señaló el Profesor de filosofía y de bioética en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum (Roma), P. Fernando Pascal.

El sacerdote español explicó en una nota que tituló “Apariciones, números y verdades” y que fue publicada en el portal Análisis Digital de la Arquidiócesis de Madrid, que “no podemos, pues, dejarnos encandilar ante el número de peregrinos que acuden llenos de entusiasmo a visitar el lugar de una supuesta aparición” así sean miles y durante varios meses o años.

“Para un católico, la verdad se encuentra en la Revelación, tal y como la acepta y la explica la Iglesia católica desde su Magisterio (el Papa y los obispos unidos entre sí y al Papa). Por eso, a la hora de estudiar una posible aparición, hay que tener una actitud de prudencia y de espera a lo que pueda decir el obispo del lugar y, cuando el caso lo requiera, la Santa Sede”, dijo el Presbítero.

El P. Pascal dejó claro que ni los beneficios espirituales que reciben las personas, las confesiones, o las múltiples celebraciones Eucarísticas, garantizan la veracidad de un hecho como estos. “De lo contrario, y con un argumento parecido, habrá quien diga que la religión X o la religión Y son verdaderas porque tienen millones de seguidores, durante siglos, y con resultados a veces muy dignos de reconocimiento”.

Indicó que el juicio de la Iglesia puede tardar porque “no es fácil tener una idea clara sobre lo que ocurre en un lugar y ante la atención de miles de personas que ponen su confianza en los presuntos videntes y en los mensajes que divulgan. Pero promover en exceso una posible aparición, darle un crédito casi absoluto sin esperar el juicio de nuestros pastores, es señal de falta de auténtico espíritu católico”.

Subrayó que “es loable la actitud prudente de tantos bautizados que, con paciencia y con serenidad, viven su fe en Dios en lo cotidiano, sin inquietarse ante apariciones que pueden ser o pueden no ser auténticas. Rezan, participan en la misa dominical, se confiesan con frecuencia, perdonan y ayudan a los más necesitados (pobres, ancianos, enfermos). ¿No es un modo muy hermoso de vivir el Evangelio y de recibir el gran mensaje que nos ofrece Jesucristo?, reflexionó.