El misionero español P. José Vicente Nácher recibirá la ordenación episcopal el próximo 25 de marzo en la Archidiócesis de Tegucigalpa (Honduras), donde sustituirá al Cardenal Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga. 

La basílica de Nuestra Señora de Suyapa será el templo en el que el religioso paúl iniciará una nueva etapa de su desempeño misionero en la capital de Honduras, país al que llegó procedente de España en el año 2000. 

Nacido en 1964 en Valencia, al este del país, y tras estudiar Sociología en Alicante, ingresó en el seminario mayor de los Padres Paúles en Barcelona, donde cursó Filosofía y Teología. 

El P. Nácher se define como un “hijo de la huerta valenciana”, según ha difundido la Archidiócesis de Valencia, y desde su más tierna infancia tuvo contacto con los paúles, que atendían su parroquia. Los estudios primarios y secundarios estuvieron a cargo de los Salesianos. Ambas experiencias le llevaron a ingresar en el seminario en 1985. 

Tras realizar su profesión religiosa solemne en 1990, fue ordenado sacerdote al año siguiente por el Arzobispo de Valencia, Mons. Miguel Roca. 

Luego de dedicar nueve años a las misiones populares y a la pastoral juvenil, estuvo tres más en la ciudad del río Turia hasta que la Congregación de la Misión le destinó a San Pedro Sula, en Honduras, en el año 2000.

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Allí ha ejercido como párroco y vicario episcopal de la zona indígena de La Mosquitia en la Diócesis de Trujillo. En 2016 fue nombrado superior de los misioneros paúles en Honduras. 

“Toda mi experiencia misionera la he adquirido aquí. Aquí he aprendido, me he desarrollado y me he sentido muy feliz”, rememora el futuro obispo.

Desde la responsabilidad episcopal, deberá afrontar ahora las necesidades de un país muy joven y con importantes dificultades.

“La mitad es menor de 25 años, pero existe un alto índice de migración, tanto hacia Europa como hacia Estados Unidos. Esto está motivado por la falta de oportunidades en el país, por las perspectivas sobreestimadas de lo que van a encontrar fuera, pero también por la inseguridad en sus lugares de origen. La migración marca mucho la vida aquí”, explica el Arzobispo electo de Tegucigalpa. 

Una radio en medio de la selva

A lo largo de su desempeño misionero estos años, el religioso paúl ha impulsado en la zona de la Mosquitia dos centros educativos que atienden a 1.1000 jóvenes. Allí ofrece meriendas, atención pediátrica, cursos de danzas típicas e idiomas, charlas formativas y de refuerzo escolar y actividades deportivas.  

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Además, creó una radio parroquial que funciona con energía solar para poder evangelizar, formar y facilitar la comunicación entre los parroquianos de la selva que carecen de acceso a Internet o cobertura telefónica. 

“La emisora se llama ‘Kupia Kumi’”, explica el P. Nácher, y está ubicada en La Mosquitia, una zona incomunicada. “No hay carreteras para poder llegar a las aldeas más remotas, donde tampoco llega señal del móvil, ni de televisión”, detalla. 

La radio ha sido, a su juicio, “un gran instrumento de acercamiento y comunicación. Es una emisora muy popular porque hay unas horas en las que la gente puede entrar y transmitir mensajes a su familia, hacer llegar su mensaje a los que están lejos. Es una de las ofertas que la hacen tan popular”, expone.

“Donde tú estés, estamos los tres”

De sus 22 años en Honduras, concluye que ha vivido “muchos más momentos de alegría, aunque por el ambiente en que nos movemos hemos tenido también muchas dificultades, pero nunca han sido de especial gravedad”, explica. 

Ante su llegada inminente a Tegucigalpa, el misionero se muestra dispuesto a “servir con todo el amor y toda la disposición a una Arquidiócesis a la que quiero mucho, a unos fieles y a unos sacerdotes a los que envío mi saludo y mi aprecio. Voy a estar a su disposición para encontrarme con ellos, escucharles y juntos discernir la voluntad de Dios y de la Iglesia”.

Al tiempo, se siente muy unido a sus raíces españolas y espera poder acudir a la Jornada Mundial de la Juventud en Lisboa en agosto y aprovechar la ocasión para ver a sus ancianos padres en su pueblo natal, Monteolivete. 

Aunque no puedan acudir a su ordenación episcopal, el misionero refiere que “están muy alegres y rezando” y, como ellos dicen, “donde tú estés, estamos los tres”.