San Juan Pablo II fue ordenado en soledad como sacerdote un día como hoy, el 1 de noviembre de 1946, antes de completar su formación, adelantándose a sus seis compañeros seminaristas de promoción, que estudiaron en la clandestinidad.

La ceremonia tuvo lugar en la capilla privada del Arzobispo de Cracovia, Mons. Adam Stefan Sapieha, que decidió que fuera así antes de que se fuera a estudiar a Roma. 

La ordenación tuvo lugar el día de Todos los Santos, “un día insólito para este tipo de celebraciones”, apunta Juan Pablo II. 

“Fui ordenado sólo, en la capilla privada de los Arzobispos de Cracovia. Mis compañeros serían ordenados el año siguiente, en el Domingo de Ramos”, recuerda en su libro “Don y misterio”.

“Había sido ordenado subdiácono y diácono en octubre”, recuerda el Papa que califica el día de su ordenación como “un lunes de intensa oración, marcado por los Ejercicios Espirituales con los que me preparé a recibir las Ordenes Sagradas”. 

En total, seis días antes del subdiaconado, tres antes del diaconado y otros seis antes del presbiterado. “Los últimos Ejercicios los hice solo en la capilla del seminario”, explica. 

Más en Mundo

Y así, el día de Todos los Santos de 1946 se presentó por la mañana en la residencia de los Arzobispos de Cracovia, en la calle Franciszkanska 3, para recibir la Ordenación sacerdotal.

Seminario clandestino

En la obra dedicada a exponer su vocación sacerdotal, el Papa polaco explica cómo en el otoño de 1942 tomó la decisión definitiva de entrar en el seminario de Cracovia. Debido a la guerra, su entrevista con el rector P. Jan Piwowarczyk quedó “en la más absoluta reserva, incluso para las personas más allegadas”.

San Juan Pablo II recuerda que “la tragedia de la guerra dio un tinte particular al proceso de maduración de mi opción de vida. Me ayudó a percibir desde una nueva perspectiva el valor y la importancia de la vocación”.

En su conciencia, “se manifestaba cada vez más una luz: el Señor quiere que yo sea sacerdote”, afirma en “Don y misterio” el Pontífice polaco. 

“Un día lo percibí con mucha claridad”, rememora. “Era como una iluminación interior que traía consigo la alegría y la seguridad de una nueva vocación” que le llenó de paz. 

(El artículo continúa después)

Eso, a pesar de que su vocación sacerdotal estaba fuertemente influida por la conciencia del sacrificio de miles de sacerdotes polacos a manos de los nazis y los comunistas.

Salvado de Siberia

Si la clandestinidad parecía obligada durante la ocupación nazi de Alemania, nada hacía augurar que no siguiera siendo así tras la toma del poder por parte de los soviéticos. 

El oficial ruso al mando de la cantera en la que trabajaba el joven Karol Wojtyla junto a otros seminaristas de forma camuflada, era estudiante de Historia y pidió que encontraran a alguien que pudiera traducir algunos libros del latín, según narra el experto en Historia de la II Guerra Mundial, Pere Cardona.

Así es como Vasily Sirotenko conoció al futuro Papa y apreció sus cualidades, más aún cuando descubrió que no sólo era capaz de traducir del latín al polaco, sino también al ruso, pues la madre del entonces seminarista era de ascendencia rusa. 

Esta circunstancia hizo que, cuando se decidió el traslado de los seminaristas a Siberia, todos fueron deportados, menos Karol Wojtyla que salvó la vida.