Este lunes 10 de octubre se celebra el Día Mundial contra la Pena de Muerte.

Según explica el sitio web de la Coalición contra la pena de muerte, esta fecha busca unir al “movimiento abolicionista mundial y moviliza a la sociedad civil, a la opinión pública, a dirigentes políticos, abogados, etc., con el fin de apoyar el llamado a la abolición universal de la pena capital”.

En este 20° Día Mundial contra la Pena de Muerte, se invita a reflexionar “sobre la relación entre el uso de la pena de muerte y la tortura u otros tratos o penas crueles, inhumanos y degradantes”.

Según los datos del sitio web de la coalición, hasta finales de 2021 había 670 personas condenadas a muerte en todo el mundo.

¿Qué enseña la Iglesia Católica sobre la pena de muerte?

La enseñanza católica sobre este tema está contenida en el numeral 2267 del Catecismo de la Iglesia Católica.

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Hasta antes de agosto de 2018, el texto permitía el recurso a la pena de muerte “si esta fuera el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas”.

El Papa Francisco hizo un cambio histórico ese año, al modificar lo establecido en el Catecismo, de modo que la pena de muerte es algo “inadmisible” para la Iglesia Católica.

El texto del numeral 2267, que rige desde entonces, dice lo siguiente:

“Durante mucho tiempo el recurso a la pena de muerte por parte de la autoridad legítima, después de un debido proceso, fue considerado una respuesta apropiada a la gravedad de algunos delitos y un medio admisible, aunque extremo, para la tutela del bien común.

Hoy está cada vez más viva la conciencia de que la dignidad de la persona no se pierde ni siquiera después de haber cometido crímenes muy graves.

Además, se ha extendido una nueva comprensión acerca del sentido de las sanciones penales por parte del Estado. En fin, se han implementado sistemas de detención más eficaces, que garantizan la necesaria defensa de los ciudadanos, pero que, al mismo tiempo, no le quitan al reo la posibilidad de redimirse definitivamente.

(El artículo continúa después)

Por tanto la Iglesia enseña, a la luz del Evangelio, que “la pena de muerte es inadmisible, porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona” y se compromete con determinación a su abolición en todo el mundo.

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