Este 2 de noviembre, con ocasión del Día de los Muertos, millones de personas alrededor del mundo acuden a los cementerios para recordar a sus seres queridos, una tradición que es alentada por la Iglesia Católica.

¿Por qué la Iglesia anima a conmemorar a los fieles difuntos? El sacerdote mexicano Sergio Román dio tres razones que presentamos a continuación:

1. Es una tradición permanente de la Iglesia Católica

En un texto difundido en el semanario católico Desde la Fe, el sacerdote explicó que la celebración de los fieles difuntos es una “tradición permanente en la Iglesia, lo mismo que celebrar la Santa Misa por ellos”.

“Considerando que la muerte de un cristiano es en realidad su nacimiento al Cielo, los primeros cristianos acostumbraron reunirse ante la tumba de sus hermanos difuntos en el día del aniversario de su muerte y celebraban la Misa por ellos, sobre todo si habían dado testimonio de Cristo con su martirio. Gracias a esa tradición sabemos la fecha del martirio de muchos de nuestros santos”, indicó el presbítero.

El P. Román dijo que la tradición mexicana de dar una comida a los difuntos es similar a una antigua costumbre pagana romana que con el tiempo fue cristianizada y que ahora así es asumida en México.

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2. Los difuntos siguen siendo miembros de la Iglesia Católica

El sacerdote indicó también que al celebrar a los fieles difuntos, al día siguiente de la Solemnidad de Todos los Santos, “la Iglesia nos quiere enseñar que tanto los que ya están en el cielo, santos todos ellos aunque no estén canonizados, como los que están en el Purgatorio, siguen siendo miembros de la Iglesia”.

El P. Román precisó que entre todos los fieles católicos “hay una comunicación de dones que se llama ‘Comunión de los santos’. Seguimos unidos a Cristo por el Espíritu Santo, seguimos siendo hermanos, hijos de un mismo Padre”.

3. Se les ama ayudándolos a salir del Purgatorio para ir al Cielo

Recordar y conmemorar a los fieles difuntos es importante, especialmente si es que están en el Purgatorio, que puede considerarse como una antesala del Cielo.

El sacerdote mexicano resaltó que “el Purgatorio es ya el Cielo… pero todavía no. A la presencia de Dios solo llega lo santo, lo limpio. Ante Él no debe haber ni la más mínima sombra del pecado. Por los méritos de Jesús se nos perdonan nuestros pecados”.

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En el Purgatorio, el alma del difunto se purifica para llegar al Cielo.