10 de diciembre de 2014 6:19 am

Padre de nueve hijos y sacerdote luchan contra la prostitución infantil en Tailandia

POR BLANCA RUIZ | ACI Prensa

Captura Web Somos Uno
Captura Web Somos Uno

Jose Luis Olaizola es padre de nueve hijos. Luego de ser un exitoso abogado cambió las leyes por la literatura. Ahora, tras más de 30 libros publicados en 40 años y habiendo ganado varios premios, entre ellos el Premio Planeta, Olaizola preside “Somos Uno”, una ONG que trabaja para sacar a niñas de la prostitución en Tailandia.

“Creo que pasar de ser abogado, una profesión en la que me iba francamente bien a ser escritor, que es una profesión mucho más incierta, lo he hecho con ayuda del Espíritu Santo, porque tenía una vocación para escribir y mi mujer a pesar de tener 9 hijos aceptó cambiar mi condición de abogado. Hace ya 40 años empecé a escribir y a tener suerte y ganar premios por los libros que escribía”, explica Olaizola en una entrevista concedida a ACI Prensa.

Según explica el escritor hace unos 12 años entró en contacto con él Rasami Krisanami, una profesora de español de la Universidad de Bankok (Tailandia) que le pedía traducir al tailandés su novela ‘Cucho’, con la que había ganado el premio Barco de Vapor. “Y me pedía también los Derechos de Autor, porque los iba a destinar a actividades sin ánimo de lucro”, explica y precisa que se los cedió “más que por generosidad por pereza”.

Sin embargo, al poco tiempo recibió una edición de ‘Cucho’ traducido al tailandés. “Yo no entendía nada, pero vi que era mi libro por la portada”, asegura Olaizola.

Junto a su libro la profesora de español había enviado una fotos de una escuela y de un huerto muy modestos que habían construido con los derechos de autor. “Entonces me di cuenta de que en España sería un ‘donnadie’ pero que en Tailandia me había convertido en un mecenas”, explica el ganador del Premio Planeta.

Invitado por la profesora de español, Olaizola y su mujer visitaron Tailandia y, según cuenta, “nos encontramos con el drama de la prostitución infantil y con el trabajo del misionero jesuita Alfonso de Juan que intentaba combatirla”.

“En el momento en el que conocí al P. Alfonso de Juan, había 50.000 prostitutas menores de 15 años en Bankok. Y eso hizo que me volviera a España tremendamente impresionado, sin embargo pensaba que yo ya había hecho bastante cediendo los derechos de mis libros. Pero esto era el inicio de una aventura”, recuerda el escritor.

Una vez en España Olaizola dio alguna conferencia sobre lo vivido durante ese viaje, “con ese drama a cuestas comencé a contarlo no sé muy bien por qué, y me di cuenta de que la gente respondía dándome dinero y ayudas”, explica.

Llegó a recaudar más de 3.000 euros en una sola sesión para ayudar al P. Alfonso de Juan, “yo pensaba que con eso ya estaba todo hecho, pero al final terminé constituyendo una ONG”.

“Yo soy el presidente de la ONG, mi mujer Marisa es la vicepresidenta y mis ocho hijos los consejeros. Es una ONG artesanal y familiar, con gasto cero. Llevamos 10 años con ‘Somos Uno’ y hasta ahora hemos recogido cerca de 2 millones de euros que en Tailandia es una fortuna inmensa. Hemos logrado escolarizar a cerca de 2000 niñas, 200 de ellas ya están en la universidad”, explica el escritor.

El hecho de que “una niña de los arrozales, de lo más ínfimo de la sociedad tailandesa, que es carne de prostíbulo entre en la universidad es, como dice el P. Alfonso, ‘cambiar el mundo poco a poco’”.

Olaizola con sentido del humor se lamenta: “¡esta aventura de la ONG me da más trabajo que escribir libros. Como todo lo hacemos nosotros, ahora vengo de enviar unas felicitaciones a nuestros colaboradores”.

En muchas ocasiones es la misma familia la que vende a la niña a las mafias que les aseguran que la llevan a la capital del país para que trabajen en el servicio doméstico. “Lo conté en mi novela ‘La niña del arrozal’, en muchas ocasiones la familia se deja engañar y porque les conviene y les parece que no es tan grave. Por 50 ó 100 euros venden a la niña. Muchas de ellas no saben ni tailandés, porque sólo conocen el dialecto de las montañas y se sienten perdidas y al poco de llegar al prostíbulo contraen el sida”, cuenta.

Cada una de las niñas que el P. Alfonso escolariza gracias a ‘Somos Uno’ cuesta 100 euros y según explica Olaizola “poco a poco se va creando una conciencia”.

“En el último viaje a Tailandia conocía a una de nuestras niñas que acababa de terminar el bachiller. Ella dependía de su tía que estaba enferma.  Le pregunté a la niña qué quería hacer ahora y me dijo que quería ser profesora para devolver todo lo que  había recibido y hacer que otros muchos lo conocieran”, asegura.

Esta niña recibió una beca del P. Alfonso “y ella sabe que ha tenido mucha suerte. Además las familias se dan cuenta de que cuando sus hijas entran en la universidad ya no es tan rentable venderlas”.

Según explica el escritor, el jesuita trabaja incansable para evitar que las niñas entren en la industria del sexo.

“El. P. Alfonso no duda de que el dinero llegará y por eso sigue delante de manera imparable con su trabajo. Él dice que son los ángeles de la guarda de las niñas, porque aunque ellas sean budistas, el sacerdote asegura que ellas también tienen un ángel de la guarda que las cuida”, cuenta Olaizola.

Para más información o ayuda: www.ongsomosuno.com

Etiquetas: Prostitución, Tailandia, Prostitución Infantil

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