19 de octubre de 2019 9:01 am

Obispos, sacerdotes y religiosas participan en “Vía Crucis Amazónico” en el Vaticano

Redacción ACI Prensa

Vía Crucis Amazónico en el Vaticano. Foto: Anthony Johnson / ACI Prensa
Vía Crucis Amazónico en el Vaticano. Foto: Anthony Johnson / ACI Prensa

Temprano, a las 8:30 de la mañana, junto al Castillo de Sant’Angelo, muy cerca del Vaticano, la Casa de la Amazonía organizó un “Vía Crucis Amazónico” en el contexto del Sínodo de la Amazonía, que se desarrolla en Roma hasta el próximo 27 de octubre

En el Vía Crucis, los indígenas de la Amazonía y sus reivindicaciones tuvieron el protagonismo, pero también participaron sacerdotes, religiosos, religiosas y obispos.

Entre los obispos participantes estaba el Cardenal Pedro Barreto, Arzobispo de Huancayo y Vicepresidente de la Red Eclesial Panamazónica (REPAM) –principal impulsor de la Casa de la Amazonía–, y Mons. Roque Paloschi, Arzobispo de Porto Velho, Presidente del Consejo Indigenista Misionero (CIMI) –otra de las organizaciones participantes en la Casa de la Amazonía–, quien incluso se animó a participar en alguno de los bailes indígenas.

Fue una ceremonia en la que, como está siendo habitual en los eventos de la Casa de la Amazonía, se mezclaba elementos de la espiritualidad indígena de la Amazonía con referencias al cristianismo.

El Vía Crucis comenzó en los jardines del Castillo con la canción “Solo le pido a Dios”, de la cantautora argentina Mercedes Sosa, y finalizó en la Plaza de San Pedro del Vaticano junto al Obelisco central, después de haber recorrido toda la Vía de la Conciliación.

Los participantes, situados en círculo, portaban objetos típicos de la Amazonía: una canoa de grandes dimensiones, la imagen de la mujer embarazada –que según los portavoces de la Casa de la Amazonía representa a la fertilidad–, cuencos con comida e instrumentos musicales indígenas.

La imagen de la mujer embarazada es un elemento que ha ocasionado cierta confusión en el ámbito del Sínodo de la Amazonía, ya que las fuentes oficiales del Vaticano han ofrecido explicaciones contradictorias sobre su significado.

En este sentido, Paolo Ruffini, Prefecto del dicasterio para la Comunicación, dijo en rueda de prensa que la imagen no representa a la Virgen María, pero días antes el canal en portugués de Vatican News indicó que se trata de “Nuestra Señora de la Amazonía”.

En el centro sobre el suelo situaron la canoa, la imagen de la fertilidad y fotografías de los llamados mártires de la Amazonía, entre los que estaba San Óscar Romero, el único canonizado por la Iglesia Católica.

Los demás “mártires” eran la hermana Cleusa, Marçal de Souza, Josimo Morales, el P. Vicente Cañas, la hermana Inés Arango, Galdino Pataxó, el P. Alcides Jiménez, la hermana Dorothy Stang, Mons. Alejandro Labaka, el P. Ezequiel Ramín, el P. Rodolfo Lunkenbein, el P. Simao Bororo y Chico Mendes.

Tras los cánticos iniciales, se explicó el sentido de la celebración: “Recordar los mártires de la caminada, las vidas dadas por el Reino de la vida. Recordamos también nuestras vidas, las alegrías y esperanzas que nos trajeron hasta aquí, y las tristezas y angustias de nuestros pueblos de la Panamazonía y de la tierra”.

Luego, un indígena inició una ceremonia de purificación esparciendo con una pluma entre los asistentes el humo de unas plantas que ardían en un cuenco a modo de incensario.

Tras esta ceremonia inicial, comenzó el Vía Crucis propiamente dicho con sus 14 estaciones más una 15ª dedicada a la Resurrección. Una gran cruz de madera, en la que se clavaron un rosario y fotografías de los mártires, encabezaba la comitiva.

Las 14 estaciones estaban adaptadas: “Jesús es condenado a muerte”, “oprimido por la Cruz”, “abandonado por todos”, “madre e hijo”, “Jesús es ayudado”, “la comunidad de los que sufren y llevan la carga”, “los desposeídos”, “el clamor de las mujeres”, “marginado y golpeado”, “despojado de sus vestiduras”, “clavado en la Cruz”, “muerte en la Cruz”, “semilla de esperanza”, “tinieblas y sombras de muerte”, y, la 15ª: “el resucitado acompaña al pueblo de Dios en su camino”.

Además, cada estación estaba acompañada por una frase o tema: “derechos humanos”, “los grandes proyectos de ‘desarrollo’ en la Cuenca del Amazonas”, “reconciliación”, “el encuentro”, “las culturas de la Panamazonía”, “un llamado para todos/as”, “los que luchan por su tierra”, “mujeres en la Panamazonía”, “los más vulnerables”, “opresión del pueblo”, “destrucción de la naturaleza”, “el mundo desgarrado”, “el pueblo de Dios emerge”, “vida y muerte”, “el resucitado acompaña al pueblo de Dios en su camino”.

Al finalizar cada estación, una persona diferente leía una breve reflexión. Entre los mensajes que se transmitieron, se lamentó que “la hermana madre tierra grita por la explotación excesiva que se comete en los 9 países de la Panamazonía”. Se denunció que “la violencia inhumana y las ansias ciegas de destrucción oprimen la vida de quienes viven en la Panamazonía”.

También se pidió perdón por los errores cometidos como Iglesia y como humanidad; sobre todo por los abusos de la colonización, la violencia sistemática a sus derechos y el etnocidio realizado con tantos pueblos a lo largo del continente”.

Se advirtió de que “científicos y ecologistas presagian tinieblas y sombras de muerte para nuestra tierra si no paramos el uso indiscriminado de recursos”. Por ello, “el llamado como Iglesia que tenemos es anunciar el Evangelio de Jesús y denunciar los atropellos que vive la hermana madre tierra”.

Asimismo, se puso como ejemplo las protestas en Ecuador, donde muchas iglesias sufrieron ataques por parte de manifestantes la semana pasada, de cómo “los pueblos indígenas andinos y amazónicos, el pueblo mestizo, otras poblaciones y organizaciones sociales unieron sus voces y marcharon para enfrentar la injusticia”.

Al llegar a la Plaza de San Pedro, mientras se meditaba sobre la estación final, algunos de los participantes se tumbaron en el suelo, sobre las fotografías de los llamados mártires de la Amazonía, simulando estar muertos. Al finalizar esta 15ª estación, dedicada a la Resurrección, las personas tumbadas en el suelo se levantaron simulando resucitar y alzaron las manos al cielo en acción de gracias.

Por último, subieron a una niña a la canoa y, tras pintarle la cara con signos amazónicos, y engalanarla con una corona de plumas y unas maracas, la subieron a hombros sobre la canoa y, entre cánticos y aplausos, la portaron en círculos alrededor de los asistentes.

Etiquetas: Vaticano, Amazonía, Sínodo de la Amazonía

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