El Obispo de Córdoba (España), Mons. Demetrio Fernández ha animado a través de su última carta semanal a seguir el ejemplo de la Virgen María “que nos enseña a ser diligentes en nuestra vida cristiana”. 

En el marco de la peregrinación diocesana este fin de semana que cada año desde hace 27 se realiza al Monasterio de Guadalupe en España, Mons. Fernández ha instado a caminar “con el compromiso de seguir a María” que “se levantó y partió sin demora”. 

Esta actitud de la Madre de Dios que se narra en el episodio de la Visitación a su prima Santa Isabel es “icono de la vida cristiana, que consiste en recibir la gracia de Dios continuamente para compartir con los demás los dones recibidos”. 

El Prelado enfatiza que la Virgen “realiza esta misión con diligencia, en decir, con amor y prontitud”. El Obispo continúa afirmando que “el amor no conoce la pereza, el desplazamiento”, sino que es “estímulo para la entrega sin reservas”. 

El lema de la peregrinación a Guadalupe coincide con el de la Jornada Mundial de la Juventud que se celebrará en Lisboa el próximo año “María se levantó y partió sin demora”. 

El Obispo espera que “los jóvenes que peregrinan a Guadalupe aprendan de María esta diligencia en el obrar con amor y con prontitud” ya que, en palabras del Papa Francisco, un joven “no puede ser un jubilado de sofá”, ha recordado el Prelado. 

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“Un joven tiene la preciosa tarea de transformar el mundo” y “si se junta con otros muchos jóvenes en la misma tarea, la fuerza del amor es imparable para hacer un mundo nuevo, la nueva civilización del amor”. 

La Virgen de Guadalupe española

El origen legendario del Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe se remonta al siglo I de la era cristiana. Se dice que San Lucas, el evangelista, fue enterrado con esta imagen. Ambos habrían sido trasladados desde Asia Menor a Constantinopla en el siglo IV. 

De ahí, a Roma en el siglo VI donde el Papa Gregorio Magno extiende su devoción por la Ciudad Eterna y, finalmente regala la talla al Arzobispo de Sevilla, San Leandro. Huyendo de la invasión musulmana en el siglo VIII, la imagen habría sido enterrada cerca del río Guadalupe, en Extremadura, al este de España lindando con la actual Portugal. 

Un pastor habría encontrado la talla siglos después de manera milagrosa. Hasta aquí la leyenda.

La historiografía habla de que el santuario fue fundado en el siglo XIII, al principio como una humilde ermita. El Rey Alfonso XI visitó el lugar en 1335 y, viendo su estado ruinoso, mandó edificar un monasterio que puso bajo su real patronato. 

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El edificio estuvo habitado por la Orden Jerónima hasta el proceso expoliador de los gobiernos liberales del convulso siglo XIX español, la conocida como Desamortización de Mendizábal. 

El Monasterio pasó a ser entonces parroquia de la Diócesis de Toledo, a la que pertenece aún, pese a estar ubicado en Extremadura. Desde 1908 es la Orden Franciscana la que habita y gestiona el lugar hasta la actualidad. 

En el Monasterio está vinculado de forma extraordinaria a algunos de los hechos de la historia de España más relevantes, en especial con los Reyes Católicos y la empresa de evangelización de América. 

Allí han peregrinado además de numerosos reyes figuras preeminentes como Cristóbal Colón, Hernán Cortés, Miguel de Cervantes o Luis de Góngora. También numerosos santos españoles y también San Juan Pablo II, en 1982.