30 de setiembre de 2020 - 2:08 PM

Liberan a sacerdote que había sido secuestrado por segunda vez en dos años

Redacción ACI Prensa

Imagen referencial / Crédito: Pixabay
Imagen referencial / Crédito: Pixabay

En la tarde del martes fue liberado el P. Jude Onyebadi, un sacerdote católico nigeriano que había sido secuestrado en su granja el 26 de septiembre, dos años después de haber sufrido un hecho similar.

Aún no está claro si se pagó un rescate para liberar al presbítero de 54 años, que es párroco de la iglesia Saints Peter & Paul en la Diócesis de Issele-Azagb, ubicada en la zona norte de Aniocha en el estado de Delta (Nigeria).

El día del secuestro, los hombres armados siguieron al presbítero, quien aparentemente estaba inspeccionando su granja e iba a pagarle el salario al personal. Los hombres armados también secuestraron a tres trabajadores, pero los liberaron esa misma noche.

El P. Charles Uganwa, director de comunicaciones de la Diócesis de Issele-Uku, le dijo a CNA –agencia en inglés del Grupo ACI– que los hombres armados liberaron al P. Onyebadi alrededor de las 4:30 p.m. (hora local) del martes 29 de septiembre.

El P. Uganwa dijo que el sacerdote no resultó gravemente herido, aunque había sufrido una paliza cuando los hombres armados lo secuestraron. Además, dijo que no ha podido confirmar si se pagó algún rescate por su liberación.

Nigeria es la nación más poblada de África y la demografía en general está dividida casi por igual entre cristianos y musulmanes, aunque la proporción varía ampliamente en todo el país. Los musulmanes dominan en algunas áreas y viceversa.

El estado de Delta, donde se encuentra la Diócesis de Issele-Uku, es abrumadoramente cristiano, pero pequeñas bandas de militantes musulmanes son una amenaza constante. Muchos de ellos parecen ser Fulanis, un grupo étnico musulmán que son principalmente pastores nómadas.

El secuestro es un problema constante en Nigeria, particularmente en el norte del país. Antes del secuestro del P. Onyebadi, al menos seis sacerdotes de la Diócesis de Issele-Uku habían sido secuestrados desde 2018.

Un secuestro ocurrido en junio dejó a un sacerdote gravemente herido.

“Fue liberado después de unos cuatro días en cautiverio. Estaba tan herido. Lo golpearon con palos y piedras, con la culata de sus armas. Estaba gravemente herido. Tuvo que estar en el hospital durante muchas semanas”, dijo el P. Uganwa a CNA en agosto.

El presbítero aseguró que, además de las motivaciones anticristianas, el desempleo generalizado, exacerbado por la pandemia del coronavirus, es uno de los impulsores del fenómeno del secuestro.

“Hay un gran desempleo en Nigeria, por lo que los jóvenes no están ocupados... Están ganando mucho dinero con los secuestros. Es más fácil secuestrar sacerdotes y darle un poco de tortura, y de ello saldrá dinero”, dijo el P, Uganwa.

Los sacerdotes son vulnerables al secuestro por varias razones –continuó–; a menudo son miembros visibles y conocidos de una comunidad; rara vez portan armas; y a menudo se encuentran en lugares predecibles, como su rectoría o iglesia.

La conferencia de obispos nigerianos anunció el año pasado que la diócesis no debería pagar un rescate por la liberación de un sacerdote, por lo que a menudo los feligreses bien intencionados juntan su dinero para liberarlo.

“En general, ningún sacerdote sale del cautiverio sin que se pague un rescate”, dijo el P. Uganwa a CNA.

En un caso de secuestro de alto perfil de principios de este año, hombres armados secuestraron a cuatro seminaristas del Seminario del Buen Pastor en Kaduna, reteniéndolos al azar. Los secuestradores finalmente liberaron a tres de los seminaristas, pero mataron a Michael Nnadi, de 18 años, después de que se negó a renunciar a su fe.

En la parte norte del país, los fulanis a menudo chocan con los cristianos en disputas territoriales. El grupo islamista radical Boko Haram, que surgió alrededor de 2009, sigue activo y ha llevado a cabo devastadores ataques terroristas contra cristianos en los últimos años.

Estos incidentes incluyen ataques a finales de julio contra cuatro aldeas cristianas en el sur de Kaduna, en los que más de 62 cristianos fueron asesinados por terroristas islámicos. También en julio, un grupo extremista islámico se jactó de haber matado a cinco trabajadores humanitarios internacionales, tres de los cuales eran empleados conocidos de agencias de ayuda cristianas.

Boko Haram está afiliado al Estado Islámico y hasta la fecha ha desplazado a más de 2 millones de personas de sus hogares. El nombre Boko Haram se traduce aproximadamente como: “La educación occidental está prohibida”.

El P. Joseph Bature, sacerdote de la Diócesis de Maidugui, dijo a CNA en agosto que estima que desde 2009, Boko Haram ha expulsado a la mitad de los 300.000 católicos que solían vivir en la diócesis. La región alrededor de Maiduguri es donde surgió Boko Haram.

Aunque los católicos todavía celebran la Misa abiertamente, deben tomar estrictas medidas de seguridad contra los atentados suicidas.

“Boko Haram sigue muy activo, no tanto en la ciudad [como] en las afueras... Todavía hacen el secuestro, todavía hacen el bombardeo. Todavía ponen minas en el camino”, dijo el P. Bature.

El problema de los desplazados internos, en su mayoría cristianos que han sido expulsados ​​de sus hogares, es especialmente grave en el norte, donde miles de indigentes viven en campos de refugiados.

“Por aquí, alrededor de Maiduguri, más de 1.2 millones están desplazados. Alrededor de 1.4 millones, y el número sigue aumentando a diario. En todo el país, hay más de 2.4 millones de desplazados internos. Eso es bastante grande”, dijo el P. Bature.

Parte del problema, señalaron los cristianos nigerianos CNA, es que el gobierno dominado por musulmanes ha respondido en gran medida de manera lenta, inadecuada o en absoluto al problema de la persecución cristiana.

“El problema más importante es que, lamentablemente, el gobierno de Nigeria no muestra suficiente voluntad, ni en el discurso ni en la acción, para ayudar a frenar la violencia y el derramamiento de sangre que vemos, ya sea de los terroristas o de los bandidos o de un verdugo, porque tenemos muchos tipos de grupos organizando disturbios en todo el noreste de Nigeria”, dijo a CNA el Obispo de Oyo, Mons. Emmanuel Badejo.

El prelado dijo que aunque su diócesis es más pacífica que algunas en el norte, con musulmanes y cristianos coexistiendo en gran parte pacíficamente, hay algunos medios de persecución que son más sistémicos y sutiles, con nombramientos gubernamentales y leyes escritas que parecen favorecer al Islam sobre el cristianismo.

“No es ningún secreto que en Nigeria, especialmente con el gobierno de Buhari, hay leyes escritas que no han favorecido en absoluto a los cristianos, y que han favorecido, en otras palabras, a los musulmanes”, dijo Mons. Badejo, señalando que el presidente Muhammadu Buhari es de ascendencia fulani.

“Las iglesias cristianas han protestado, los líderes cristianos han protestado, pero el gobierno federal no ha dicho una palabra para mostrar algún deseo de proteger la religión cristiana”, agregó.

Los obispos de Nigeria han anunciado un período de oración de 40 días para poner fin a la persecución, que a menudo han descrito como un genocidio. Los 40 días terminan este 30 de septiembre.

Traducido y adaptado por Diego López Marina. Publicado originalmente en CNA.

Etiquetas: Nigeria, extremistas musulmanes, Secuestro, Boko Haram, Iglesia en Nigeria, sacerdote secuestrado

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