18 de junio de 2021 - 10:23 PM

Hablan las religiosas que conocieron a la futura beata peruana “Aguchita”

POR DIEGO LÓPEZ MARINA | ACI Prensa

María Agustina Rivas López "Aguchita" y San José / Crédito: Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor e imagen de M0tty (CC BY-SA 3.0)
María Agustina Rivas López "Aguchita" y San José / Crédito: Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor e imagen de M0tty (CC BY-SA 3.0)

Tres religiosas que compartieron labores con la futura beata peruana María Agustina Rivas López, “Aguchita”, relataron detalles poco conocidos de la personalidad de la religiosa que hace un poco más de 30 años fue asesinada por los terroristas comunistas de Sendero Luminoso.

En una reciente entrevista con ACI Prensa, la hermana Marlene Beatriz Acosta de 52 años, actual Animadora Provincial de Perú de la Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor, contó que conoció a Aguchita a inicios del año 1990, cuando era una novicia de apenas 22 años; sin saber que pocos meses después, su compañera mayor sufriría el martirio.

La hermana Marlene aseguró que la conoció “a profundidad”, a pesar del poco tiempo que estuvieron juntas en la casa del Buen Pastor de Barrios Altos, en el Cercado de Lima. Aguchita, en ese entonces de 70 años, tenía que permanecer un tiempo en Lima, porque su salud empezaba a presentar problemas.

“La conocí cuando esperaba una operación de cataratas y se hospedó en el noviciado de Barrios Altos. Ella pasó un tiempo muy corto con nosotras, pero fue extremadamente significativo. Si bien no fue una mujer que movía masas o una oradora, fue una mujer sencilla que, desde lo oculto, se hacía notar con amor maternal”, contó.

Aguchita nació el 13 de junio de 1920 en Coracora, provincia de Ayacucho, en Perú. Ingresó a la Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor en 1942, y en octubre del mismo año inició su noviciado. Realizó su profesión perpetua el 8 de febrero de 1949.

Fue asesinada el 27 de septiembre de 1990 cuando realizaba una misión evangelizadora en el centro poblado La Florida, provincia de Chanchamayo, región de Junín. El crimen fue cometido por el Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso, una de las más sanguinarias organizaciones terroristas del siglo XX, que comenzó su ola de violencia en 1980 y causó decenas de miles de muertes en todo el Perú.

“La vida de Aguchita tiene un significado muy profundo en mi vocación, ya que en ese momento, la provincial de entonces, reunió a todas las novicias luego de su martirio, y nos dijo: ‘Ustedes son libres, pero nuestro modelo de vida es éste: el de entregar la vida en el día a día, de difundir el Evangelio y dar la vida como lo hizo Aguchita’”, cuenta la hermana Marlene.


Crédito: Congregación Nuestra Señora de la Caridad Del Buen Pastor

Entre sus recuerdos más especiales con Aguchita, recordó un día en el que tuvo que salir a la calle a realizar una gestión.

“Aguchita siempre te esperaba con el almuerzo caliente y conversaba contigo hasta que terminabas, siempre con una sonrisa. Estas experiencias siembran algo más en el corazón, porque su tacto, su relación de persona a persona, traspasaba lo terreno”, narró.

Respecto a su vida espiritual, la hermana Marlene cuenta que Sor Aguchita “era una mujer de oración que siempre pedía por los sacerdotes”, especialmente porque “tenía un hermano sacerdote, César”.

“Por eso siempre tuvo una atención especial por ellos, al ser hombres al servicio de la Iglesia”, añadió.

También contó a ACI Prensa que Aguchita “era la última hermana que se iba a dormir y la primera en levantarse”.

“A ella se le encontraba en la capilla en las mañana y durante las noches rezaba el Rosario. Era una mujer que te mostraba verdaderamente el rostro de Dios”, dijo.

Quien también recuerda vivamente la vida de oración de Sor María Agustina es la hermana Norma Condori, de 50 años, religiosa de la Congregación del Buen Pastor que forma parte del equipo promotor de la causa de beatificación.

“Aguchita oraba arrodillada más de una hora en las mañanas. Tenía un encuentro con Dios hablado. Las oraciones las pronunciaba en voz alta y a mí me sorprendía la manera cómo clamaba con ese Dios presente en el Sagrario”, relató a ACI Prensa.

“Ella rezaba el rosario todo el día y recibíamos la Eucaristía a diario. La lectura de la Biblia era el pan de cada día, así como las constituciones de la Congregación. Además, amó la vida comunitaria. Incluso cuando las hermanas no estaban de acuerdo en alguna materia, Aguchita decía: ‘Hay que rezar. Hay que rezar por la hermana, ella necesita oración’”, contó.  

La hermana Norma se prepara actualmente para participar de la renovada misión de la Congregación del Buen Pastor en La Florida, lugar al que las religiosas retornaron hace apenas tres años, en 2018, después de casi 30 años de ausencia.

Alrededor del año 1978, la Congregación inició el primer apostolado en La Florida, en la selva central peruana, con un proyecto en favor del desarrollo autónomo de las comunidades.

En poco tiempo, según comparte la misma Congregación, las hermanas empezaron a ayudar a organizaciones femeninas con programas de salud, educación, nutrición, alfabetización y manualidades, así como clubes juveniles y catequesis familiar.

En 1987, “Aguchita” viajó a la misión de La Florida para sumarse y cumplir su sueño de ser misionera, a pesar de la violencia que cometía Sendero Luminoso en todo el país.

La hermana María Pía Peña, de 86 años, es otra religiosa cuya vida fue marcada por el carisma de Aguchita. Ella reveló a ACI Prensa que la Congregación del Buen Pastor “siempre quiso retornar a La Florida”.

“Actualmente viven tres hermanas allá que trabajan directamente con las mujeres y niños, sin distinción de credos. Las personas de La Florida todavía recuerdan a Aguchita con mucho cariño, cuentan anécdotas de ella, y se alegran del regreso de las hermanas”, contó.

La hermana Norma asegura que su Congregación obtuvo el permiso del Vicariato Apostólico de San Ramón para volver, a la vez que avanzaba la causa de beatificación de Aguchita, cuyos restos mortales se encuentran en la Capilla Santa Rosa de Lima, en La Florida.

“Tuve el gusto y el gran privilegio de haber conocido también a Aguchita en el noviciado, en el año 1987 [poco antes de que Aguchita partiera a La Florida], en la casa de formación de Barrios Altos. Nosotros compartíamos los quehaceres diarios y la vida espiritual”, contó la religiosa.

La hermana Norma asegura que “fue muy importante beneficiarse de la riqueza espiritual de Aguchita” para reafirmar su vocación.

Recordó que la hermana María Agustina no solo oraba fervorosamente por los sacerdotes, sino que “velaba por las necesidades materiales del prójimo e imploraba a San José para que las familias del pueblo nunca pasen necesidad”.

Aguchita: Promotora de la mujer peruana

“Aguchita fue una maestra de las artes manuales: enseñaba a las mujeres repostería, florería, artesanía, tejido, bordado; y hasta utilizaba los pequeños retazos de tela que sobraban para seguir cociendo”, contó la hermana Norma.

Recordó que “las mujeres y niños acudían a ella porque necesitaban que alguien les escuche y acompañe”. “Las personas estresadas, tensas, por diferentes situaciones, encontraban en ella tranquilidad y fraternidad. No todos tenemos ese don, esa disponibilidad”, dijo.


Crédito: Congregación Nuestra Señora de la Caridad Del Buen Pastor

“Aguchita fue una mujer santa, muy humana. La recuerdo del último año que estuvo en Lima, a principios de los noventa. Ella no medía el tiempo para escucharte y compartir contigo. Sin hablar mucho, ella transmitía, algo que yo admiro hasta el día de hoy”, dijo.

La hermana María Pía considera que “Aguchita fue una mujer santa”.

También recordó que entre 1963 y 1967 Aguchita trabajó en la casa de Barrios Altos como directora de la lavandería, donde no dejó de evangelizar a las jóvenes novicias.

“Aguchita fue promotora de la mujer, fue maestra. Anunciaba a Cristo con su propia vida”, resaltó.

Para la hermana Marlene, Aguchita dio “vida al carisma del Buen Pastor levantando a la mujer caída, ayudándola a recuperar su dignidad, empoderándola para que descubra que tiene la fuerza para salir adelante”.

“Aguchita estuvo muy cerca de las mujeres, se comprometió con ellas y les recordaba que eran valiosas ante los ojos de Dios”, añadió.

Aguchita: Amante de la Casa Común

La hermana Norma aseguró que Aguchita era una persona “maravillosamente ecológica” que “amaba mucho a las plantas” y que además “reciclaba el agua, el papel, entre otras cosas”.

“Fue una mujer contemplativa frente a la naturaleza. Inclusive tenía una granjita en la que trabajaba y que servía para ayudar a las mujeres, para que ellas mismas aprendan a criar esos animales y les ayude en la alimentación diaria”, contó a ACI Prensa.

La hermana María  Pía también recordó que la hermana María Agustina no solo enseñaba a orar, sino “a cuidar la naturaleza, reciclar y reutilizar”.

Por su parte, la hermana Marlene dijo que “a través de su amor por la ecología Aguchita tuvo herramientas para enseñar a las mujeres de La Florida”. “Les enseñaba a coser utilizando retacitos de tela, a trabajar en los huertos, con las plantas”, añadió.

Aguchita: Su entrega en el martirio

El 27 de septiembre de 1990, al promediar las tres de la tarde, un grupo subversivo de Sendero Luminoso reunió en la plaza a todo el pueblo y asesinó a seis personas, entre ellas a la hermana María Agustina, quien hasta el último momento pidió clemencia para las otras víctimas.

La hermana María Pía dijo a ACI Prensa que el mismo 27 de septiembre, “Aguchita había realizado un retiro espiritual desde la mañana, como si se preparara para el culmen de su vida”.

“Cuando los de Sendero Luminoso fueron capturando a pobladores para hacer un ‘juicio popular’, es decir, para asesinarlos, Aguchita les repetía que ‘esas personas eran inocentes’, pero los hombres le aseguraron que también la matarían y que ‘le cortarían el cuello a su Dios’”, dijo.

“A la hermana la hicieron caminar en línea recta, en dirección a una banquita, pero antes de llegar ya le habían disparado varias veces y cayó al suelo”, lamentó.

Para la hermana Marlene “el símbolo que nos trae el reconocimiento de su martirio para estos tiempos es su búsqueda de la unidad de los peruanos”.

“Ella veía a todos los demás como hijos de Dios, sin distinción. Por ello, Aguchita está en estos momentos intercediendo por la unidad nacional”, aseguró.

La Provincial en Perú afirmó que el testimonio de vida de Aguchita ha calado mucho en las hermanas jóvenes.

“Actualmente vivimos un proceso bastante interesante respecto a la forma como vamos al encuentro del otro, en el que habrá cambios de acuerdo a la sociedad actual, y en medio de ello Aguchita es nuestra fuente de inspiración”, contó.

Finalmente, dijo que Aguchita las “inspira a poner todo en manos de Dios, a confiar en Él”. 

“Ella es ese modelo de testimonio, no solo por su martirio, sino por su vida sencilla y entregada a Dios en el día a día, con sus hermanas, con quienes trabajaba, con el hermano”, concluyó.

Etiquetas: Perú, terrorismo, Testimonios, testimonio, terroristas, beatificación, Sendero Luminoso, martirio, mártir, Aguchita, Sor María Agustina Rivas, Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor

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