24 de junio de 2019 6:05 pm | ÚLTIMA ACTUALIZACIÓN 25 de junio de 2019 1:00 pm

General Gorostieta no fue masón sino devoto católico, asegura autor de La Cristiada

Redacción ACI Prensa

General Enrique Gorostieta. Crédito: Archivo General de la Nación / Dominio público.
General Enrique Gorostieta. Crédito: Archivo General de la Nación / Dominio público.

El historiador franco-mexicano Jean Meyer, autor del libro La Cristiada, uno de los textos de referencia sobre la Guerra Cristera, aseguró que el general cristero Enrique Gorostieta Velarde no fue agnóstico ni masón, sino “profundamente católico”.

En un artículo publicado el 2 de junio en el diario mexicano El Universal, con ocasión de los 90 años de la muerte de Gorostieta en el campo de batalla, Meyer hizo un “mea culpa”, por haberlo presentado en su trabajo de 1973 como “agnóstico, masón, hasta algo anticlerical”.

Meyer señaló en su artículo que Gorostieta, “general en jefe de los cristeros en 1928 y 1929, no había inventado su grado. Nacido en Monterrey en 1890, era nieto de un militar que peleó contra los franceses e hijo de un ministro de Porfirio Díaz”.

“Estudió en el Colegio Militar, sirvió bajo las órdenes de Felipe Ángeles como teniente de artillería, luego contra Orozco en el Norte y contra los americanos en Veracruz; a los 24 años era el más joven general brigadier de la historia, pero la disolución del ejército federal en 1914 pone fin a su carrera militar”.

“Después de trabajar como ingeniero en los EU y en Cuba, regresa a México cuando Obregón llega al poder. Casado, padre de familia, emprende varios negocios y rechaza la invitación a participar en dos rebeliones militares”, indicó.

El historiador indicó luego que “es el conflicto entre el Estado y la Iglesia que pone fin a su vida civil”.

Las tensiones entre Iglesia y Estado que detonaron la Guerra Cristera se remontan a mediados del siglo XIX, cuando el gobierno de Benito Juárez, con las Leyes de Reforma, retiró propiedades a la Iglesia Católica en México.

El conflicto se agravaría con la Constitución de 1917, que desconocía una serie de derechos de la Iglesia, como su personalidad jurídica, restringía el culto público y limitaba el número de sacerdotes, entre otras medidas. Cuando Plutarco Elías Calles llega al poder, promulga la Ley de tolerancia de cultos, conocida como “Ley Calles”, para hacer efectivos los artículos constitucionales contra la Iglesia.

Así, los sacerdotes estaban prohibidos incluso de vestir traje talar en las calles y se suprimieron las congregaciones religiosas, así como la enseñanza de religión en las escuelas.

La intransigencia de Calles llevó a que la Iglesia determinara suspender el culto en los templos el 31 de julio de 1926. Este sería el factor determinante para que en diversas ciudades del país, de forma espontánea y sin una organización central, pobladores se levantaran en armas contra el gobierno mexicano.

La Guerra Cristera concluyó oficialmente el 21 de junio de 1929, con la firma de acuerdos entre el Arzobispo mexicano Leopoldo Ruiz y Flores, como delegado apostólico del Papa Pío XI, y el entonces presidente del país, Emilio Portes Gil.

Sin embargo, desconociendo los acuerdos, las autoridades continuaron persiguiendo y asesinando a oficiales y soldados cristeros durante los años siguientes.

No sería hasta 1992 que se reformaría la Constitución de México, permitiéndole a la Iglesia tener personalidad jurídica.

Meyer señaló en su artículo que ante los diversos grupos cristeros que se enfrentaban al gobierno mexicano, la Liga Nacional Defensora de La Libertad Religiosa buscó organizarlos bajo el mando único de Gorostieta.

Gorostieta, indicó, “es profundamente católico. Aprovecho la oportunidad para hacer mi mea culpa. En mi Cristiada publicada en 1973, repetí sin averiguaciones una piadosa leyenda hagiográfica, de origen eclesiástico: el cuento es que Gorostieta no era católico; agnóstico, masón, hasta algo anticlerical, de una familia liberal del Norte”, dijo.

Según esa narrativa, indicó, se decía que Gorostieta “se fue con los cristeros porque era resentido contra los revolucionarios que habían truncado su meteórica carrera militar. Incluso que se fue como mercenario, por dinero. Se hubiera vuelto católico, contagiado por la fe del pueblo y de sus soldados cristeros, de modo que murió por la Iglesia y Cristo. Punto final. San Pablo en el camino de Damasco, o casi”.

Esa narrativa, precisó, es falsa. En su artículo en El Universal señaló que la bisnieta del general, Leticia, “inconforme con el retrato de su antepasado en la película For Greater Glory —no tiene nada contra Andy García que interpreta el papel de Gorostieta— me enseñó las 18 cartas del general a su esposa (1927-1929), así como su correspondencia con sus padres”.

“¿Conclusión? Una familia muy católica, muy practicante, todos sin excepción”.

“Las cartas, escritas entre cabalgatas y combates, revelan un hombre profundamente enamorado de su esposa, que adora a sus hijos. Y un católico que aceptó ir al monte por deber, para defender al pueblo católico y a la iglesia”, expresó.

“Entre líneas, porque el autor de las cartas debe ser prudente, se lee el gran drama de la Cristiada, el compromiso total de un hombre que invoca a Dios, a Cristo, a María, se encomienda a las oraciones de los suyos, reza para los suyos, y no duda de la victoria final”, indicó.

Etiquetas: México, Cristiada, cristeros, Iglesia en México

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