En la homilía de la Misa del domingo celebrada en la Catedral Primada, el Arzobispo de México, Cardenal Norberto Rivera, hizo un llamado a escuchar la voz del Señor en Cuaresma, ya que Él es el camino para la conversión y la solidaridad.

Según señala el SIAME, el Purpurado dijo que “si no queremos quedarnos en puras palabras y en buenas intenciones, huyendo de nosotros mismos y de la invitación que Cristo nos hace para hacernos misioneros y proclamadores del Evangelio, escuchemos, en esta cuaresma, la voz del Señor que nos llama a un encuentro con Jesucristo vivo, camino para la conversión, la comunión y la solidaridad”.

“Hoy se oyen muchas voces, se hacen muchas invitaciones, se presentan muchos proyectos, y que bueno que oigamos a todos aquellos que tienen algo que enseñarnos para nuestro progreso humano: historiadores, sociólogos, filósofos, literatos, artistas, tecnócratas, economistas, políticos”.

Pero, continuó, “por encima de todos, escuchemos a Jesús, el Maestro infalible, la Luz de las gentes, el Camino que nos conduce a la vida. Sólo Él tiene palabras de vida eterna. Hagamos un silencio en nuestra vida y escuchemos su voz que nos invita a proclamar La Palabra que salva, su proyecto de vida, la Buena Nueva que puede cambiar nuestro mundo”.

El Arzobispo meditó sobre el pasaje de la Transfiguración del Señor, que comparó con los buenos momentos de la vida y alertó que uno debe también estar preparado para las épocas de dolor y sufrimiento.

“Esta experiencia llega a todo ser humano, creyente o no creyente, bueno o malo, sabio o ignorante; la única diferencia que existe es la actitud que se tiene ante los acontecimientos.  El que no tiene fe se queda en la oscuridad después del Tabor, no sabe cómo explicarse los acontecimientos, no los puede ver a la luz de la resurrección”.

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El Cardenal Rivera recordó que la vida de Abraham es un ejemplo claro de alguien que se deja iluminar por la luz de la fe, es un ejemplo claro de como la fe nos conduce por caminos que jamás habíamos imaginado.

“Este pastor caldeo, de hace cuatro mil años, sigue siendo un ejemplo plástico de fe, por esto lo seguimos proclamando en varias religiones, ‘nuestro padre en la fe’”.

Abraham, concluyó, “supo escuchar la voz del Señor y en él fueron bendecidos todos los pueblos de la tierra. Jesucristo, segundo Adán, obedeció a Dios su Padre y por su obediencia todos nosotros hemos recibido la salvación. Si hoy escuchamos la voz del Señor y proclamamos su plan de salvación, muchos, por nuestro medio, recibirán liberación, vida nueva, salvación”.