6 de mayo de 2008 - 6:53 PM

Cardenal Saraiva resalta centralidad de la Eucaristía para todos los cristianos

Redacción ACI Prensa

Madre María Magdalena de la Encarnación
Madre María Magdalena de la Encarnación

El Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, Cardenal José Saraiva Martins, resaltó la centralidad de la Eucaristía, presencia real de Cristo, para los cristianos, en su homilía en la Misa de Beatificación de la Madre María Magdalena de la Encarnación, fundadora de la Orden de las Adoradoras Perpetuas del Santísimo Sacramento.

Tras indicar que "somos enviados por el Señor al mundo para transformarlo, para sembrar en las realidades terrenas el germen de su Reino", el Purpurado explicó que "Jesús siguen estando realmente presenten en medio de nosotros en el sacramento de la Eucaristía, en su doble aspecto de celebración y permanencia, porque allí está no solo la presencia real del Señor, sino también su presencia 'sustancial': la misma sustancia del pan y el vino, la fibra íntima de su ser, es transformada en Jesús".

Para el Cardenal Saraiva, cuya homilía aparece en L'Osservatore Romano, "la nueva beata, María Magdalena de la Encarnación, ha creído firmemente en las palabras de Jesús, y ha seguido plenamente su mandato y se ha dejado sumergir en el espléndido proyecto de salvación que el Señor Jesús ha inaugurado en la historia".

El Prefecto comentó también que "su gran misión, recibida por el mismo Señor, ha sido la de proponerse a sí misma, al Instituto de las Hermanas de la Adoración Perpetua del Santísimo Sacramento fundado por ella, a la Iglesia entera, la experiencia de una adoración que fuese 'perpetua': como Jesús permanece en el sacramento luego de terminarse el momento celebrativo, así también es necesario que nos quedemos con Él".

La Misa fue celebrada la tarde del sábado 3 de mayo en la Basílica de San Juan de Letrán, en Roma.

Su vida

Nació el 16 de Abril de 1770. Fue bautizada al día siguiente. Es la cuarta de nueve hijos de una familia rica y cristiana. A los dieciséis años, el padre la comprometió con un joven, el cual debido a un viaje, tuvo que ausentarse por largo tiempo antes de la boda. Durante esta ausencia y por un ingenuo acto de vanidad, Catalina tuvo la visión de Jesús Crucificado y sufriente, que la llamó a convertirse, abrazando la vida religiosa.

El año 1788 ingresó al monasterio de las Terciarias Franciscana de Ischia di Castro, en el año de noviciado, en 1789, recibió de Dios la inspiración de dar vida a un Instituto dedicado a la adoración perpetua del Santísimo Sacramento.

En 1807 le fue concedido por el Papa Pió VII, ir a Roma, con dos Hermanas franciscanas, Sor Mariana Ermini, su Vicaria y Sor María Clotilde, (después Sor Ma. Josefa), y un pequeño grupo de jóvenes, dispuestas a emprender esta tarea.

En 1818 obtiene finalmente por parte de Pío Vil la aprobación apostólica de la nueva orden claustral. Tras una fructífera vida, fallece la noche del 29 de noviembre de 1824.

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