14 de diciembre de 2020 - 5:15 PM

Cardenal injustamente encarcelado publica “Diario de prisión”

Redacción ACI Prensa

Cardenal George Pell. Crédito: Daniel Ibáñez / ACI Prensa
Cardenal George Pell. Crédito: Daniel Ibáñez / ACI Prensa

El vaticanista italiano Sandro Magister publicó en su blog Settimo Cielo algunos avances del primer volumen del “Diario de la prisión” del Cardenal George Pell, injustamente encarcelado durante poco más de un año en Australia, tras ser acusado de abusos sexuales a menores que nunca cometió.

Entre otros temas, el Purpurado reflexiona en este adelanto sobre los católicos en China, el papel del Papa Emérito, la exhortación apostólica sobre el amor en la familia Amoris laetitia; y la libertad religiosa. Sus reflexiones han sido publicadas por la editorial Ignatius Press.

En 2019 el Cardenal Pell fue condenado a prisión acusado de abusar de dos menores. Sin embargo, el 7 de abril de este año fue puesto en libertad, luego de que la Corte Suprema de Australia concluyera que el jurado en el juicio del Purpurado no actuó razonablemente al no encontrar posibilidad de duda en las acusaciones que enfrentaba. Fue absuelto de todos los cargos.

Los informes de que el Cardenal Angelo Becciu habría transferido dinero a Australia para poner una trampa al Cardenal Pell atrajeron atención internacional.

El Papa Francisco depuso al Cardenal Becciu de su cargo de Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos y le retiró sus derechos del cardenalato, lo que incluye la imposibilidad de participar en el próximo cónclave

Hasta 2017, el Cardenal Pell encabezó un esfuerzo alentado por el Santo Padre para ordenar y esclarecer las finanzas del Vaticano, que por mucho tiempo carecieron de procedimientos, controles o supervisión centralizados. El Purpurado chocó en ese trabajo con el Cardenal Becciu, que servía en el Vaticano como Sustituto de la Secretaría de Estado.

Entre otras cosas, el Cardenal Becciu actuó para cancelar un contrato que el Cardenal Pell había hecho para una auditoría externa de las finanzas del Vaticano.

Este primer volumen de las memorias y reflexiones del Cardenal Pell en la cárcel tiene 350 páginas y se refiere a los primeros 5 meses de su encarcelamiento en Melbourne.

El Cardenal escribía cada día dos o tres páginas que “casi siempre comenzaban con sus reflexiones sobre las dos lecturas matutinas del Breviario, una extraída de la Biblia y otra de los Padres de la Iglesia, y terminaban con una oración”, explica Magister.

Su celda era pequeña y se le permitía salir durante media hora a un patio, solo. Recibía visitas dos veces a la semana. No se le permitía celebrar Misa y la del domingo la veía por televisión. En la zona de la prisión donde estaba había asesinos y terroristas. Era sometido, como los demás, a frecuentes controles antidroga e inspecciones corporales.

Sin embargo, dice el vaticanista, “sus diarios no tienen nada triste. Más bien son calmos y tranquilizadores, aquí y allá con un hilo de ironía. Los partidos de fútbol australiano y de rugby encuentran en él un comentarista partícipe. La escritura es simple y profunda a la vez. El lamento está ausente”.

Los católicos de China

“Mi tiempo en prisión no es un picnic, pero se convierte en un periodo de vacaciones si se lo compara con otras experiencias de prisiones. Mi buen amigo Jude Chen, originario de Shanghai y ahora residente en Canadá, me ha escrito sobre la prisión que padeció su familia bajo el régimen de los comunistas chinos”, escribe el Cardenal Pell en su diario.

“En 1958 el hermano de Jude, Paul, un seminarista, y la hermana Sophie, estudiante de secundaria, fueron encarcelados por ser católicos y pasaron treinta años en dos prisiones diferentes, para Sophie en el frío de China septentrional. A la familia se le concedió una visita al mes de quince minutos, cuando estaban en una prisión de Shangahi, y una carta de cien palabras al mes en el lapso de tres décadas. Al abuelo de Giuda, Simon, que era rico y había construido una iglesia parroquial dedicada a la Santísima Trinidad, le confiscaron todos sus bienes. Jude lo amaba y ambos vivieron en la misma casa durante nueve años hasta la muerte del anciano. Jude cuenta que cuando le preguntaban sobre su propiedad confiscada, él respondía: ‘Todo vino de Dios y será restituido a Dios’”.

“Después del comienzo de la Revolución Cultural en la primavera de 1966, los Guardias Rojos irrumpieron en su casa y se decepcionaron al descubrir que el abuelo Simon había muerto. En consecuencia, destruyeron su tumba, saquearon la casa y obligaron a la madre de Jude a quemar todos sus objetos religiosos. El padre de Jude fue despedido como docente y rebajado a portero”.

“A los once años y en la escuela primaria, Jude fue obligado a confesar a sus cuarenta compañeros de clase que era un criminal de una familia criminal. Recuerda también a su maestro que decía a sus compañeros se mantuvieran lejos de él”.

“A los diecisiete años, el mismo Jude fue enviado durante ochos años a un campo de trabajo en un suburbio de Shanghai. Mientras estaba por partir, sus padres le dieron esta instrucción: ‘Jude, no conserves odio en tu corazón, sino solamente amor’. Este es el combustible sagrado que da fuerza a la Iglesia”.

Amoris laetitia

“La fidelidad a Cristo y a su enseñanza permanece indispensable para algún catolicismo fructífero, para algún despertar religioso. Este es el motivo por el que las ‘aprobadas’ interpretaciones argentina y maltesa de Amoris laetitia son tan peligrosas: van contra la enseñanza del Señor sobre el adulterio y la enseñanza de San Pablo sobre las disposiciones necesarias para recibir adecuadamente la Santa Comunión”, escribe el Cardenal.

“En los dos Sínodos sobre la Familia, algunos voces proclamaron en voz alta que la Iglesia era un hospital de campaña o un puerto de refugio. Pero esta es solamente una imagen de la Iglesia y está muy lejos de ser la más adecuada o relevante, porque ante todo la Iglesia debe mostrar cómo no enfermarse y como escapar a los naufragios, y aquí los mandamientos son esenciales. Jesús mismo enseñó: ‘Si ustedes cumplen mis mandamientos permanecerán en mi amor’ (Jn 15, 10)”.

El papel del Papa Emérito

“Soy favorable a la tradición milenaria que los Papas no renuncian, que continúan hasta la muerte, porque esto ayuda a mantener la unidad de la Iglesia. Los progresos en la medicina moderna han complicado la situación, al permitir que los Papas de hoy y de mañana puedan vivir probablemente mucho más que sus predecesores, aun cuando su salud se debilite mucho”, escribe el Cardenal Pell.

“Pero es necesario que se clarifiquen los protocolos sobre el rol de un Papa que haya renunciado, para reforzar las fuerzas de la unidad. Si bien el Papa jubilado puede mantener el título de ‘Papa emérito’, se debería reinsertar en el colegio cardenalicio y pasar a ser conocido como ‘cardenal X, Papa emérito’, no debería vestir la sotana papal blanca y no debería enseñar públicamente”.

“A causa de la reverencia y del amor por el Papa, muchos se sentirían reacios a imponer tales restricciones a alguien que en un tiempo se sentaba en la cátedra de Pedro. Probablemente esas medidas serían introducidas mejor por un Papa que no tenga ningún predecesor todavía viviendo”.

Theodore McCarrick

En una de las páginas de su diario, el Cardenal Pell cuenta que recibió una tarjeta del excardenal Thedore McCarrick, expulsado del estado clerical por los abusos sexuales que cometió durante décadas.

“Tiene ochenta y nueve años y firmó ‘Ted McCarrick, Catholicus, olim cardinalis’, que en latín significa ‘Católico, alguna vez cardenal’. Siempre fue cortés conmigo y fue un hábil ‘recaudador de fondos’ y tejedor de contactos, bien conectado en todos los niveles y especialmente con los Demócratas [estadounidenses]. Desafortunadamente, causó mucho daño en más de un sentido”.

“Aunque rezo explícitamente todos los días por las víctimas, nunca he mantenido una categoría en mi lista de oración por los sacerdotes abusadores y por los obispos delincuentes. Debería remediar esto y recé por Ted McCarrick, ‘olim cardinalis’".

Israel Folau y la libertad religiosa

“Israel Folau es un brillante jugador de rugby, originario de Tonga y hombre piadoso, de fe cristiana simple, un protestante de vieja estampa, que no tiene tiempo para las fiestas católicas de Navidad y de Pascua, mucho menos para la devoción a la Virgen”, escribe en su diario el Cardenal Pell.

“Ha parafraseado y modificado la lista de san Pablo de los que no ‘heredarán el Reino de Dios’, publicando su advertencia en Instagram: ‘Borrachos, homosexuales, adúlteros, mentirosos, fornicadores, ladrones, ateos, idólatras. El infierno les espera. Arrepiéntanse”. Ahora bien, los funcionarios del sindicato de rugby lo despidieron por incitación al odio”.

“Este caso creará precedentes importantes en la lucha por la libertad religiosa, y el Lobby Cristiano Australiano mostró sentido común al apoyar a Folau. Aun cuando no estoy a favor de condenar a las personas al infierno, porque esto es asunto de Dios, Folau está reafirmando simplemente las enseñanzas del Nuevo Testamento, cuando detalla las actividades no compatibles con la pertenencia al Reino de los Cielos”.

“Lo que es extraño es que no hayan surgido quejas por parte de idólatras, adúlteros, mentirosos, ladrones, fornicadores, etc., pidiendo su expulsión y despido. Me pregunto cuántos de los que han sido hostiles con Folau son cristianos y cómo pueden creer en el paraíso y en el infierno. Quien está seguro de sus propias convicciones no se preocupa demasiado por la expresión de puntos de vista diferentes y opuestos, especialmente si los considera desprovistas de sentido”.

“Por el contrario, las fuerzas cada vez más groseras de lo políticamente correcto no aceptan que todas las personas sean tratadas con respeto y amor, sino que exigen, en nombre de la tolerancia, no solo que la actividad homosexual sea legal tal como los matrimonios del mismo sexo, sino que todos deben aprobar esas actividades, al menos públicamente; y que se le impida a todos predicar enseñanzas cristianas sobre el matrimonio y sobre la sexualidad en cualquier espacio público. Esto sería precisamente el final de la libertad religiosa”.

“Cuando se pierde de vista a Dios en medio de la niebla, sea ésta la niebla de la lujuria, de la posesión o del poder, se violan las defensas de la razón y de la verdad”.

Etiquetas: Vaticano, Australia, Economía, corrupción, abusos, Cardenal Becciu, Cardenal Pell

Recibe nuestras noticias por email:

Escriba su nombre y correo electrónico para recibir el boletín diario de ACI Prensa y, ocasionalmente, noticias de último minuto.

Como parte de este servicio gratuito, podría recibir ocasionalmente ofertas de EWTN News y EWTN. Nunca alquilaremos o venderemos su información y usted se puede desuscribir en cualquier momento.

Comentarios