13 de diciembre de 2019 2:03 pm

Así recuerda el Papa Francisco a su maestro espiritual

POR WALTER SÁNCHEZ SILVA | ACI Prensa

El Papa Francisco este viernes 13 en la presentación de los Escritos del Padre Miguel Ángel Fiorito, su maestro espiritual. Crédito: Daniel Ibáñez / ACI Prensa
El Papa Francisco este viernes 13 en la presentación de los Escritos del Padre Miguel Ángel Fiorito, su maestro espiritual. Crédito: Daniel Ibáñez / ACI Prensa

Este viernes 13 de diciembre, cuando celebra sus 50 años de ordenación sacerdotal, el Papa Francisco compartió algunas de sus reflexiones sobre su maestro espiritual jesuita, el P. Miguel Ángel Fiorito.

El Santo Padre recordó al sacerdote, que lo ayudó durante sus años de formación, durante la presentación de los “Escritos del Padre Miguel Ángel Fiorito (1916-2005)” en la Curia General de los Jesuitas. El texto, en cinco volúmenes, ha sido reunido bajo la dirección del P. José Luis Narvaja y publicado por la revista jesuita La Civiltá Cattolica.

“Fiorito no hizo mucho por darse a conocer a sí mismo, pero como buen maestro, hizo conocer muchos buenos autores a sus discípulos. Más aún: nos hacía gustar lo mejor de los mejores, eligiendo textos selectos y comentándolos en el Boletín de Espiritualidad de la provincia jesuítica en Argentina que publicaba mensualmente”, recordó el Papa.

“Era un hombre siempre a la pesca de los signos de los tiempos, atento a lo que el Espíritu dice a la Iglesia para bien de los hombres, en la voz de una gran variedad de autores, actuales y clásicos, y los textos que comentaba respondían a las inquietudes –no  solo las del momento, sino también las más hondas– y despertaban propuestas nuevas, creativas. En este sentido, seguir dando a conocer a los que él daba a conocer, le parecería valioso”, continuó.

El Santo Padre recordó luego que conoció al P. Fiorito “en el año 1961, al regreso de mi juniorado en Chile. Era profesor de Metafísica en el Colegio Máximo de San José, nuestra casa de formación en San Miguel, en la provincia de Buenos Aires. Desde entonces comencé a confiarle mis cosas, a dirigirme con él. Se encontraba en un proceso profundo que lo habría llevado a dejar de enseñar filosofía para dedicarse totalmente a escribir de espiritualidad y a dar Ejercicios”.

“El volumen II, en el año 1961-62, incluye un sólo artículo: ‘El Cristocentrismo del Principio y Fundamento de San Ignacio’. Uno solo, pero que para mí fue inspirador. Allí comencé a familiarizarme con algunos autores que me acompañan desde entonces: Guardini, Hugo Rahner, con su libro sobre la génesis histórica de la espiritualidad de san Ignacio, Fessard y su ‘Dialéctica de los Ejercicios’”, prosiguió.

El Papa indicó luego que “Hugo Rahner hizo cuajar en el alma del maestro –y él luego en la de muchos otros– tres gracias: la del magis ignaciano, que era la marca de la capacidad anímica de Ignacio y el margen sin límites de sus aspiraciones; la del discernimiento de espíritus, que le permitía al santo encauzar esa potencia, sin tanteos inútiles ni tropiezos".

"Y la de la charitas discreta, que así afloraba en el alma de Ignacio como contribución personal en la lucha que se venía trabando entre Cristo y Satanás; y cuya línea de combate no estaba fuera del santo, sino que pasaba por el medio de su misma alma, divida así en dos yo, que eran las dos únicas alternativas posibles para su opción fundamenta. De aquí sacará Fiorito no solo el contenido sino el estilo de sus ‘comentarios’”.

Francisco resaltó asimismo que “los escritos de Fiorito destilan misericordia espiritual –enseñanzas para el que no sabe, buenos consejos para el que los ha menester, corrección para el que yerra, consolación para el triste y ayudas para estar en paciencia en la desolación ‘sin hacer mudanza’, como dice San Ignacio–, gracias todas que conforman y se sintetizan en esa gran obra de misericordia espiritual que es el discernimiento”.

El P. Fiorito, continuó el Papa, “escuchaba poniendo el corazón a disposición, para que el otro pudiera sentir, en la paz que el Maestro tenía, lo que inquietaba al suyo. De manera tal que a uno le daban ganas de ‘ir a conferir con Fiorito’, como decíamos, de ‘ir a contarle’, cada vez que uno sentía lucha espiritual en su interior, movimientos encontrados de espíritus con respecto a alguna decisión que debía afrontar”.

Tras resaltar que el maestro Fiorito “te dejaba hablar sin mirar el reloj”, el Papa recordó que el sacerdote jesuita le enseñó la importancia de no dialogar con el diablo, como Jesús que en el desierto.

“Jesús nunca dialogó con el diablo. Le respondió con tres citas bíblicas y lo despachó”, dijo el Pontífice.

El Santo Padre recordó asimismo que “la última vez que lo vi fue poco antes de su muerte, que ocurrió el 9 de agosto del 2005. Recuerdo que era un domingo temprano y hacía poco que había sido su cumpleaños. Estaba internado en el Hospital Alemán. Desde hacía varios años que ya no hablaba. Solo miraba. Intensamente. Y lloraba. Con lágrimas mansas que comunicaban la intensidad con que vivía los encuentros con cada uno. Fiorito tenía el don de lágrimas, que es expresión de consolación espiritual”.

El Santo Padre comentó luego que el P. Fiorito “tenía, además, (esto como anécdota simpática) el don del bostezo. Cuando le estabas dando cuenta de conciencia a veces el Maestro comenzaba a bostezar. Lo hacía ostensiblemente, sin ocultarlo. Y no era que se aburriera, sino que le venía y él decía que a veces ‘te sacaba el mal espíritu’. Expandiendo el alma contagiosamente, como hace el bostezo a nivel físico, tenía ese efecto a nivel espiritual”.

“Como provincial yo debía recibir su compartir de conciencia anual. Recuerdo como hablaba de sus cosas. Era discípulo del Padre y profesor de sus discípulos. Era un novicio maduro. Era un testimonio de la grandeza de su alma”.

El Santo Padre obvió algunos pasajes del discurso que había preparado y bromeó diciendo que si a alguno le interesa el texto, podrá “leerlo luego cuando sea publicado”.

Para concluir, el Papa dijo que “Fiorito supo dejarse contener en el mínimo espacio de su pieza del el Colegio Máximo de San José, en San Miguel, Argentina, y allí echó raíces y dio frutos, como bien lo expresa su nombre (florido), en los corazones de los que somos discípulos de la Escuela de los Ejercicios. Espero que ahora, gracias a esta bella edición de sus Escritos, que tienen la altura de un sueño grande, echará raíces y dará flores y frutos en la vida de tantas personas que se nutren de la misma gracia que él recibió y supo comunicar discretamente dando y comentando los Ejercicios Espirituales. Gracias por su paciencia”.

El P. Fiorito fue rector de la Universidad del Salvador entre 1970 y 1973, profesor de Metafísica en la Facultad de Filosofía de San Miguel, decano (1964-1969) y director de la revista Stromata, en la que se publicaban artículos de los profesores de las facultades.

Cuando el entonces P. Bergoglio fue elegido Provincial jesuita de Argentina en 1973, le dio al P. Fiorito un lugar importante como Instructor de Tercera Probación, la última etapa de la formación de los jesuitas, y como director del Boletín de Espiritualidad.

De este período son la mayor parte de sus estudios de la espiritualidad de la Compañía de Jesús, en particular de los Ejercicios de San Ignacio y del discernimiento espiritual.

Etiquetas: sacerdote, Vaticano, Jesuitas, Papa Francisco, Miguel Ángel Fiorito

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