En su viaje apostólico a la República Democrática del Congo, el Papa Francisco mantuvo este miércoles un encuentro con las víctimas de violencia y abusos por parte de las fuerzas rebeldes en la región Este del país.

ADVERTENCIA: Algunas descripciones de las víctimas pueden herir la sensibilidad del lector.

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En ese marco, varias víctimas de secuestros, violencia, violaciones y asesinatos de miembros de sus familias dieron su testimonio y ofrendaron a Cristo las armas de quienes perpetraron los crímenes.

El primero en tomar la palabra fue un joven de la delegación de la Diócesis de Butembo-Beni, de 17 años. Junto a sus dos hermanas menores quedaron huérfanos luego del asesinato de su hermano y de su padre y del secuestro de su madre.

"Mi padre fue asesinado en mi presencia en el territorio de Beni por hombres con pantalones de entrenamiento y casacas militares. Desde mi escondite pude ver cómo lo cortaban en pedazos y luego colocaban su cabeza cortada en una cesta", relató.

Luego ocurrió el secuestro de su madre. "Mi mamá no ha regresado hasta el día de hoy. No sabemos qué han hecho con ella", precisó.

"Es difícil comprender tanta maldad, tanta brutalidad", dijo dirigiéndose al Papa, al tiempo que agradeció el acompañamiento de la Iglesia: 

"Yo y los demás niños que se encuentran aquí presentes hemos perdonado a los verdugos, por eso ante la cruz de Cristo vencedor entrego el machete que mató a mi padre", expresó.

"Que Cristo toque el corazón de los torturadores"

Kambale, un niño de 13 años que estuvo secuestrado durante 9 meses, pidió "a Cristo vencedor en la cruz, que toque el corazón de los torturadores para que liberen a otros niños que siguen en la jungla".

La delegación de víctimas de Goma aportó el testimonio de una joven de 17 años, que vivió un "calvario de sufrimiento" en 2020, cuando fue secuestrada junto a un grupo de amigos mientras se dirigía al río a buscar agua.

"En el camino nos encontramos con algunos rebeldes, nos llevaron al bosque, cada uno de los rebeldes eligió a quien quiso. El comandante me quería, me violó como a un animal, fue un sufrimiento atroz, me quedé prácticamente como su esposa, me violaba varias veces al día como quería, durante varias horas. Y esto duró 19 meses, un año y siete meses".

Tras esos 19 meses, pudo escapar. "De esta experiencia volví embarazada, tuve gemelas que nunca conocerán a su padre". La joven contó que no sabe si el resto de sus amigos siguen vivos.

"Su Santidad, con la presencia de decenas de grupos armados, los asesinatos se han intensificado en todas partes, las familias han sido desplazadas varias veces", denunció la joven. 

"Los niños se han quedado sin padres, han sido explotados en las minas, o bien en los ejércitos rebeldes. Las niñas han comenzado el calvario de la violencia sexual de todo tipo y de la tortura sin nombre. Otras poblaciones han sido desplazadas y ya no encuentran patria, vagando de aquí para allá", añadió.

"Santidad, en todo esto, la Iglesia sigue siendo el único refugio que cura nuestras heridas y consuela nuestros corazones", reconoció. 

"Su presencia, Santidad, nos asegura que toda la Iglesia nos toma en serio, muchas gracias por venir", concluyó la joven, entregando como ofrenda una alfombra, "símbolo de la miseria como mujer violada". 

"Necesitamos paz"

Un joven leyó luego el relato que una mujer llamada Desireé había preparado "antes de desaparecer hace algunos meses".

La joven era sobreviviente del ataque del 1 de febrero de 2022 contra el campamento de desplazados de Bule, Plaine Savo, en la provincia de Ituri.

"Vi el salvajismo, gente descuartizada como carne en una carnicería, mujeres destripadas, hombres decapitados".

"Vivimos en campos de desplazados sin esperanza de volver a casa por los asesinatos, la destrucción, los saqueos, las violaciones, el desplazamiento de poblaciones, los secuestros, el acoso. Parece que la ejecución de un plan de exterminio, de aniquilación física, moral y espiritual continúa cada día", alertó.

"Santo Padre, necesitamos la paz y nada más que la paz, este don gratuito de Jesucristo resucitado", resaltó. 

"Queremos volver a nuestros pueblos, a cultivar nuestros campos, a reconstruir nuestras casas, a educar a nuestros hijos, a vivir junto a nuestros antiguos vecinos, lejos del ruido de las armas".

 

Una joven llamada Emelda compartió también la crónica del sufrimiento vivido en 2005, tras el asalto de los rebeldes a su pueblo, tomando rehenes y saqueando el lugar. 

"En el camino mataron a muchos hombres con balas o cuchillos" y se llevaron a las mujeres al parque Kahuzi-Biega.

En ese entonces la mujer tenía 16 años. "Me retuvieron como esclava sexual y abusaron de mí durante 3 meses. Cada día entre 5 y 10 hombres abusaban de cada una de nosotras. Nos hacían comer la pasta de maíz y la carne de los hombres asesinados".  

"A veces mezclaban las cabezas de las personas con la carne de los animales. Esta era nuestra comida diaria", detalló.

Por fortuna, pudo escapar y recibió un tratamiento adecuado en el hospital. "A través de la animación de la Iglesia pude asumir y aceptar mi situación", afirmó. 

"Hoy vivo bien, como una mujer realizada que acepta su pasado", sostuvo.

"Nuestra provincia es un lugar de sufrimiento y lágrimas", lamentó. 

"Muchos lo han abandonado todo: la meseta ha sido abandonada a los hombres armados. Muchos murieron, otros huyeron, sin saber siquiera dónde encontrar a sus seres queridos", precisó.

La víctima expresó al Santo Padre su "agradecimiento, por haber hecho el camino hasta nosotros a pesar de sus muchas cargas".

La mujer ofrendó ante la cruz de Cristo las ropas "de los hombres de armas que aún nos atemorizan", por los "innumerables actos de violencia atroces e incalificables que continúan hasta nuestros días".

 
El Papa Francisco bendijo a los niños, adolescentes y jóvenes. A cada uno de ellos le entregó un rosario.