5 de abril de 2022 - 8:04 PM

3 hermanas de sangre son llamadas a ser monjas en la misma congregación

Redacción ACI Prensa

Sor Isabela, Sor Roziane y Sor Mariana Guimaraes. Crédito: Sor Roziane Guimaraes.
Sor Isabela, Sor Roziane y Sor Mariana Guimaraes. Crédito: Sor Roziane Guimaraes.

Sor Mariana, sor Roziane y sor Isabela Guimaraes son tres hermanas de sangre que abrazaron su llamado a la vida religiosa en la misma congregación: el Instituto de las Hermanas de Nuestra Señora del Buen Consejo, en Brasil.

Hoy en día solo sor Mariana, de 50 años; y sor Isabela, de 35 años, viven en la misma casa de la congregación, ubicada en Maricá, Río de Janeiro; sin embargo, tienen trabajos diferentes: Mariana es consejera y forma parte del gobierno del instituto, e Isabela se encarga de cuidar a las monjas ancianas. Mientras que sor Roziane, de 37 años, vive en Belo Horizonte, Minas Gerais.

En declaraciones a ACI Digital -agencia en portugués del Grupo ACI-, las religiosas relataron que nacieron en Virginia, en Minas Gerais (Brasil), en el seno de una familia católica devota de 13 hijos, dos de los cuales murieron cuando eran bebés.

Ellas afirmaron que sus padres fueron clave para su vocación religiosa, pues les enseñaron con el ejemplo a vivir su fe en Cristo. Sin embargo, dijeron que si bien tienen el mismo origen y siguen el mismo carisma, cada una vive su vocación a su manera, de acuerdo a su propia forma de ser.

Sor Mariana dijo que fue la primera en seguir su vocación, pues con apenas 12 años ingresó al convento. “Ya a esa edad sentí este llamado a estar más cerca de Dios”, dijo. Ella relató que gracias a la guía de un sacerdote de su parroquia conoció a las Hermanas del Buen Consejo, y que un mes después del nacimiento de Roziane, se unió al instituto.

La siguiente fue sor Roziane, quien ingresó al convento en 2002. Ella dijo que tiene “un ligero recuerdo” de que a los 3 años expresó su deseo de ir al convento, pese a que “no había visto a la hermana Mariana todavía”, quien recién volvió a casa tres años después.

Sor Roziane dijo que después de un tiempo, sor Mariana empezó a visitar a su familia una vez al año y solía preguntarle si quería ir al convento, “porque sabía de este deseo”. Ella le respondía que quería esperar a terminar sus estudios en el colegio; sin embargo, dijo que en segundo año de secundaria comenzó a cuestionarse más sobre su vocación. 

“Yo ya estaba saliendo y mi novio era una buena persona, pero no me despertó ese amor. Fue entonces cuando me di cuenta de cuál era mi vocación. Cuando sor Mariana estaba en casa en enero, fui al convento con ella”, dijo.

La última fue sor Isabela, quien ingresó al convento en 2013. Ella relató que al inicio no pensaba en ser monja, hasta que se animó a dar un paseo en el convento en 2005. Luego, siguió visitando el convento durante ocho años más y le tocó discernir su vocación.

“Yo no quería venir aquí solo porque ya tenía hermanas en el convento”, dijo. “Pero cuando llegué a la graduación de la hermana Mariana, cuando era hora de salir, pasé por la capilla y sentí algo muy fuerte, diferente. Ahí fue cuando dije que yo también quería quedarme”, recordó.

Sor Mariana dijo a ACI Digital que su madre también quería ser monja cuando era joven, pero que no pudo, “porque en ese momento era más difícil”.

La religiosa recordó que recientemente su mamá le dijo que en aquella época le contó sobre su deseo imposible de ser monja a una persona, que rezó por ella y la animó a “rezar por sus hijos”. “Ella oró y hoy tiene no solo una, sino tres hijas en el convento”, agregó sor Roziane.

Para las religiosas, el papel de los padres es clave en la formación de la vocación de los hijos. Aconsejo a los padres que “busquen vivir como cristianos, como buenos cristianos, porque no es tanto hablar, sino que vivir evangeliza mucho más. Vimos a nuestros padres orando, asistiendo a la iglesia. Entonces, el ejemplo arrastra más que hablar”, dijo sor Mariana.

Para sor Roziane, si bien la decisión de ingresar al mismo convento estuvo un poco influenciada por “tener una hermana en la congregación”, quien les ayudó a “saber cómo funcionaban las cosas, conocer la estructura”, quien definió su llamado fue Cristo.

“Con el tiempo, nos dimos cuenta de que, en realidad, era un llamado de Dios a ese carisma, porque en Él nos realizábamos. Si no fuera así, tal vez hubiéramos buscado otros institutos”, dijo.

Tal como confirma sor Isabela, sor Roziane señaló que si bien al inicio dudaron de que su ingreso a la congregación era solo el deseo de ser como su hermana mayor, “con el tiempo de la vida religiosa, vemos que las intenciones se van purificando, porque vienen las pruebas de su estado de vida, de su misión”.

Cabe destacar que hay otros casos de hermanas de sangre en el Instituto de las Hermanas de Nuestra Señora del Buen Consejo. Según sor Roziane, esta realidad “nunca trajo ningún tipo de problema, porque casi nunca vas a trabajar con tu hermana”. 

Sor Mariana dijo que la fundadora de la congregación, la Madre María Bernadete, fallecida en 2019, “nos acogió y supo orientarnos muy bien para que cada una viviera su vocación”. “Nuestra Madre nos enseñó a vivir cada una a su manera. Entonces, aunque somos hermanas y estamos en la misma congregación, nadie interfiere en la vida de los demás”, agregó.

Traducido y adaptado por Cynthia Pérez. Publicado originalmente en ACI Digital.

Etiquetas: Brasil, Religiosas, Iglesia en Brasil, monjas, vocación religiosa, testimonio vocacional, hermanas, hermanas de sangre

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