La fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN, por sus siglas en inglés) recordó los 20 años del asesinato del sacerdote italiano Andrea Santoro, a quien considera “un verdadero mártir de la fe y ejemplo a seguir”.
ACN resalta en una publicación en X que el sacerdote sirvió en Turquía como miembro del programa misionero “Fieles a la Iglesia” y su vida “fue un ejemplo de diálogo y fraternidad entre religiones”.
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Hoy recordamos el testimonio del Padre Andrea Santoro, sacerdote católico asesinado el 5 de febrero de 2006 en Trabzon, Turquía, donde sirvió como miembro del programa misionero “Fieles a la Iglesia”.
— Ayuda a la Iglesia Necesitada (@AyudaIglesNeces) February 5, 2026
Su vida fue un ejemplo de diálogo y fraternidad entre religiones. “Con su… pic.twitter.com/24A7JmVNkW
El 5 de febrero de 2006, un joven de 16 años le disparó por la espalda tras gritar Allahu Akbar (Dios es grande) en la iglesia de Santa María en Trebisonda, Turquía, luego que el sacerdote italiano había terminado de celebrar Misa.
Según recoge Vatican News, el joven dijo en el juzgado que actuó movido por la rabia suscitada tras la publicación, en la prensa occidental, de unas viñetas sobre Mahoma, que suscitaron polémica, especialmente entre los musulmanes.
El 6 de febrero de 2006, el Papa Benedicto XVI lamentó el asesinato de Santoro y expresó su deseo de que la “sangre derramada sea semilla de esperanza para construir una auténtica fraternidad entre los pueblos”. En diciembre de ese mismo año, cuando visitó Turquía, el Pontífice alemán recordó al sacerdote romano “que en tierra turca dio testimonio del Evangelio con su sangre”.
El P. Andrea Santoro nació el 7 de septiembre de 1945 en Priverno, Italia. Fue ordenado sacerdote en 1970, desarrolló su ministerio en varias parroquias de Roma.
En el 2000, con 55 años, el Cardenal Camillo Ruini, entonces Vicario del Papa para Roma, lo envió como sacerdote misionero fidei donum (don de la fe) a Trebisonda, Turquía, donde sirvió a las comunidades cristianas, especialmente a los más necesitados; y promovió el diálogo interreligioso con los musulmanes.
Poco antes de su asesinato, el P. Santoro escribió: “Estoy aquí para habitar entre esta gente y permitir que Jesús lo haga prestándole mi carne... Uno se vuelve capaz de salvarse sólo ofreciendo su propia carne. Hay que llevar el mal del mundo y compartir el dolor, absorbiéndolo en la propia carne hasta el final, como hizo Jesús”.
El Dicasterio para las Causas de los Santos del Vaticano ofrece un perfil del P. Santoro, en el que incluye dos oraciones del sacerdote italiano a la Virgen María. Esta es una de ellas:
María, Mujer de Jerusalén,
donde te ofreciste con Jesús al pie de la cruz,
María, Mujer del Cenáculo, donde recogiste el soplo del Espíritu Santo,
María, Mujer de Éfeso, donde llegaste con Juan, tu “hijo”,
enviado en misión por el Espíritu: ruega por nosotros.
María, madre de las ovejas fuera del redil,
madre de los que no conocen a tu hijo,
madre de los que no saben lo que hacen: ruega por nosotros.
María, Madre de las almas sin vida,
madre de las mentes sin luz,
madre de los corazones sin esperanza,
madre de los hijos que mataron a tu Hijo,
madre de los pecadores, Madre del ladrón impenitente,
madre del hijo no devuelto: ruega por nosotros.
María, madre de los que no le siguieron,
madre de los que le negaron,
madre de los que se volvieron atrás,
madre de los que no fueron llamados: ruega por nosotros.
María, madre de quienes van como Juan en busca de los hijos perdidos de Dios.
Madre de quienes descienden a los infiernos
para proclamar la Vida a los muertos: ruega por nosotros.
María, Madre mía, ven a vivir conmigo:
ven a la casa donde me pide que habite,
ven a la tierra donde me pide que vaya,
ven entre la gente que me pide que ame,
ven a las divisiones que me pide que sane,
ven a los corazones que me pide que visite.
Ven a mi hogar y sé mi madre;
ven, María, y dame tu corazón maternal.

