El Papa León XIV quiere viajar a Jerusalén en 2033 para conmemorar el 2000 aniversario de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Se trata del Jubileo de la Redención, evento que se perfila como una oportunidad histórica para avanzar hacia la unidad plena y visible de los cristianos.
Sin embargo, el principal obstáculo para este objetivo sigue siendo la fractura entre el Patriarcado Ortodoxo Ruso y el Patriarcado de Constantinopla, señaló un experto.
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El P. Frans Bouwen, misionero de la Sociedad de los Misioneros de África —conocidos como Padres Blancos— y experto en diálogo ecuménico, explica la complejidad de la situación: “Moscú actualmente se niega a participar en reuniones ecuménicas donde esté presente Constantinopla, lo que también condiciona su participación y la de las Iglesias locales alineadas con ella”.
El futuro encuentro ecuménico enmarcado en el Jubileo bimilenario de la Redención fue anunciado por el Vaticano después del encuentro ecuménico celebrado en la Iglesia de Mor Efrem, la iglesia siríaca ortodoxa de Estambul, en el que participó el Pontífice en el marco de su viaje a Turquía.
A aquel encuentro asistieron representantes de las Iglesias Ortodoxas Orientales, las Iglesias Ortodoxas Orientales y otras comuniones cristianas y organizaciones ecuménicas. Entre los participantes también estuvieron enviados de la Comunión Anglicana, la Federación Luterana Mundial, la Alianza Bautista Mundial, la Alianza Evangélica Mundial y el Consejo Mundial de Iglesias.
Sin embargo, los grandes ausentes fueron los ortodoxos rusos. Tal y como reveló el Cardenal suizo, Kurt Koch, prefecto del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos en una entrevista con Crux, el Patriarcado de Constantinopla envió las invitaciones para el servicio de oración ecuménica en Nicea, y la Iglesia Ortodoxa Rusa no estaba en la lista de invitados.
La decisión, explicó, fue invitar a las Iglesias ortodoxas más antiguas, que incluyen los patriarcados de Constantinopla, Alejandría, Antioquía y Jerusalén.
“Los católicos invitan a católicos, y los ortodoxos invitan a ortodoxos —dijo—. La decisión de no invitar a la iglesia ortodoxa más grande del mundo es una decisión, y yo respeto la decisión de los ortodoxos”.
Todavía quedan siete años hasta 2033 y muchas cosas pueden cambiar, tanto en el ámbito ecuménico como en el geopolítico. En todo caso, para el P. Bouwen para que la peregrinación de 2033 cumpla su objetivo y no deje a nadie de lado, la participación auténtica de todas las Iglesias será esencial.

“Los caminos concretos de preparación deberán estudiarse y decidirse juntos, de manera ecuménica, siguiendo un camino sinodal, procurando involucrar activamente a la mayor cantidad de Iglesias posible. Es fundamental que, cuanto antes, se establezcan contactos entre las Iglesias, creando grupos de trabajo tanto a nivel local como mundial. Tal vez sea aconsejable una preparación en distintas etapas, como hizo la Iglesia Católica para el Jubileo del año 2000”, explica el sacerdote que lleva más de 40 años en Jerusalén.
El diálogo ecuménico con Roma ha avanzado en los últimos años, pero la situación dentro de la ortodoxia es complicada.
Nueva ruptura con la concesión de la autocefalia a la Iglesia Ortodoxa de Ucrania
El punto de inflexión se produjo en 2018, cuando Bartolomé I concedió la autocefalia a la Iglesia Ortodoxa de Ucrania, separándola del Patriarcado de Moscú. El Patriarca Kirill consideró la medida una intromisión y rompió la comunión eucarística con Constantinopla, abriendo una grieta que persiste hasta hoy.
El conflicto se ha intensificado, en parte, por las posturas de Kirill respecto a la guerra en Ucrania, enfrentando advertencias rusas sobre posibles medidas aún más drásticas.
Para el P. Bouwen, esta ruptura no es de naturaleza teológica, sino canónica y geopolítica, ligada sobre todo al estatus de la Iglesia Ortodoxa de Ucrania.“Rusia considera Kiev como el lugar de su bautismo y su cuna, y no acepta que pase bajo otra jurisdicción sin su consentimiento. Además, la postura rusa refleja una desconfianza más general hacia Occidente y sus valores, y una creciente reticencia hacia el ecumenismo en sí”, asegura.
“La interrupción de la comunión ha causado un cisma importante dentro de la comunión ortodoxa y repercute en las relaciones ecuménicas a nivel mundial”, describe claramente al abordar las complicaciones derivadas de la ruptura de comunión entre Moscú y Constantinopla, que condicionan actualmente la eventual participación de los ortodoxos rusos en el Jubileo de 2033.
“Tengamos fe en el Espíritu que acompañará esta peregrinación"
En todo caso, el misionero matiza que, desde la perspectiva católica, el camino es la esperanza y la paciencia. “Tengamos fe en el Espíritu que acompañará esta peregrinación y nos ayudará a discernir lo posible en cada etapa”, señala.
“Quizás surjan oportunidades para colaborar en la enseñanza, en la pastoral o incluso en la participación común en ciertos sacramentos. Eso ya constituiría un testimonio común fuerte”, añade.
Además, asegura que, dado que el destino final de esta peregrinación es Jerusalén, “es importante establecer contacto con los patriarcas y jefes de las Iglesias allí, sin demora”. En este sentido, asegura que dado que el Patriarca ortodoxo griego de Jerusalén es generalmente reconocido como el primero entre sus hermanos, “debe estar involucrado desde el principio”.
El P. Bouwen sitúa la relevancia del Jubileo no sólo en la efeméride —los dos mil años de la Redención— sino en el contexto en el que fue anunciado: las celebraciones ecuménicas del 1700º aniversario del Concilio de Nicea (325), celebradas primero en Iznik y después en Estambul.
“Mientras celebramos en el Símbolo de la Fe de Nicea los fundamentos de la fe cristiana comunes a todas las Iglesias, la llamada a una peregrinación común hacia 2033 vuelve nuestra mirada hacia los acontecimientos salvíficos que están en el corazón de esta fe: la encarnación, la vida, la pasión, la muerte y la resurrección de Jesucristo”, afirma.
Desde esta perspectiva, Jerusalén emerge como destino natural de ese camino compartido. “Jerusalén es el lugar donde estos acontecimientos tuvieron lugar”, recuerda el misionero, que insiste en que el Jubileo solo podrá dar frutos si se vive como un auténtico proceso ecuménico.
El P. Bouwen también vincula este horizonte con un precedente histórico clave: la peregrinación de San Pablo VI a Jerusalén en enero de 1964. “Su ardiente deseo era enraizar sólidamente el Concilio Vaticano II, y la Iglesia misma, en los misterios que están en el origen de su fundación y misión”, explica.
En aquel viaje tuvo lugar el histórico encuentro con el Patriarca ecuménico Atenágoras, sellado con un beso de paz que, en palabras de este sacerdote “se convirtió en un icono y una promesa del redescubrimiento común y del caminar conjunto de nuestras Iglesias hacia la plena comunión”.




