La “devoción a Nuestra Señora de la Altagracia constituye uno de los pilares fundamentales de la identidad histórica, cultural y espiritual de la República Dominicana”, afirmó el Obispo de Higüey, Mons. Jesús Castro Marte, al presidir la multitudinaria celebración eucarística por la solemnidad de la Patrona y protectora del pueblo dominicano.

Pese a la lluvia, miles de fieles acudieron a la Basílica-Catedral de Higüey para renovar su fe y expresar su pertenencia a esta tradición. A la celebración asistieron la vicepresidenta Raquel Peña, la primera dama Raquel Arbaje, entre otras autoridades civiles, militares y miembros del cuerpo diplomático. El presidente Luis Abinader no estuvo presente por motivos de salud, según se informó oficialmente.

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En su homilía, Mons. Castro Marte subrayó que “no se puede hablar con propiedad de los pilares que constituyen esta nación sin una referencia a las maravillas que, por el auxilio de Nuestra Madre Espiritual de la Altagracia, el Señor ha tenido bien dispensarnos”, destacando que la devoción mariana forma parte del conjunto de valores simbólicos que han dado forma al pueblo dominicano desde sus orígenes.

El obispo recordó además que la consagración del país a la Virgen de la Altagracia hunde sus raíces en los inicios mismos de la evangelización en América.

“Nuestro país ha sido y es bendecido por Dios, por haberse plantado en nuestro suelo por primera vez en el continente americano la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, y por dejarnos a María, su Madre, como protectora de los dominicanos”, afirmó, citando la Carta Pastoral del Episcopado Dominicano del 21 de enero de 2021.

Mons. Castro Marte destacó que el Santuario de Higüey es uno de los principales centros de peregrinación del país, con una afluencia que supera el millón de visitantes cada año, y evocó la memoria del primer santuario mariano edificado en América.

“Fue aquí, en esta villa de Higüey, donde se levantó hace más de 500 años el primer santuario mariano del continente, en la venerable iglesia de San Dionisio”, señaló.

Al meditar las lecturas bíblicas de la solemnidad, el obispo explicó que la profecía de Isaías sobre el Emmanuel revela la presencia de Dios en la historia, “una señal que se hace visible en la encarnación del Verbo y que se refleja en el misterio mariano que contemplamos en el cuadro de la Virgen de la Altagracia”.

Del Evangelio de San Lucas, resaltó la figura de María como modelo de fe y obediencia. “Su ‘hágase en mí según tu palabra’ expresa un acto de confianza radical en Dios, digno de imitar en los momentos más inciertos de nuestras vidas personales y colectivas, porque para Dios nada hay imposible”, afirmó.

Desde esta dimensión mariana, Mons. Castro Marte presentó a la Virgen como referente de un humanismo integral que ilumina la vida del país. Destacó su espíritu solidario al visitar a su prima Isabel y su actitud de servicio en las bodas de Caná, subrayando que estos rasgos “forman parte del ideario más profundo del pueblo dominicano”.

“Podemos ser buenos servidores como padres de familia, como servidores públicos y como ciudadanos, obrando con transparencia y pulcritud en el manejo del patrimonio que se nos confía”, señaló.

En este contexto, el obispo exhortó a que la gestión pública mantenga siempre como horizonte el bien común y la defensa de los derechos humanos, especialmente de los más débiles. “Los servidores públicos son para servir al país, no para buscar lucro de ningún tipo”, advirtió.

Mons. Castro Marte abordó asimismo la necesidad de fortalecer la institucionalidad y el respeto a la ley, frente a prácticas que dañan la vida nacional, y llamó a una cultura del servicio. “Quien no vive para servir, no sirve para vivir”, afirmó.

Un momento significativo de la homilía estuvo dedicado a la realidad de los privados de libertad, en especial de los presos preventivos. El Obispo pidió mejorar las condiciones físicas y humanas del sistema penitenciario y encontrar soluciones justas para quienes esperan su debido proceso judicial. Citando al Papa León XIV, recordó que “la justicia es siempre un proceso de reparación y reconciliación” y que “ningún ser humano coincide con lo que ha hecho”.

“Tenemos una deuda como país con la cantidad asombrosa de presos preventivos”, señaló Mons. Castro Marte, al tiempo que valoró los esfuerzos de las autoridades para avanzar en la mejora del sistema penitenciario.

Al concluir, invitó a los fieles a salir de la basílica con dos coordenadas claras: “servicio y bien común”, como síntesis de la vocación de entrega de la Santísima Virgen María.

Encomendó además a Nuestra Señora de la Altagracia el fortalecimiento de la familia dominicana, la transmisión de los valores que constituyen la reserva moral del país y la protección de la nación frente a ideologías que buscan imponerse sin respetar su identidad.

La celebración fue acompañada por una producción especial del Circuito Altagraciano, con Radio Cayacoa y Radio Horizonte enlazadas al servicio de los peregrinos y del pueblo devoto, reafirmando una vez más la consagración de la República Dominicana a la Virgen de la Altagracia.