Unas 10 mil personas se congregaron este domingo en París para participar en la Marcha por la Vida, una movilización anual que este año estuvo marcada por el intenso debate parlamentario sobre posible legalización de la eutanasia y el suicidio asistido en Francia.

Según la organización de “Marche Pour La Vie”, la edición 2026 de la Marcha se realizó en un contexto político convulsionado: desde el 12 de enero, el Senado francés examina el proyecto de ley aprobado por la Asamblea Nacional el pasado 27 de mayo, que abre la puerta a una denominada “ayuda a morir”. El presidente Emmanuel Macron ha convertido esta iniciativa en una prioridad política.

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En este escenario, los organizadores de la Marcha subrayaron que la verdadera dignidad humana “se encuentra en el acompañamiento de los más vulnerables, y no en la oferta social y médica de la eutanasia o del aborto”.  

La manifestación también puso el foco en la crisis demográfica que atraviesa el país. Según datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos (INSEE), la natalidad volvió a caer en 2024, al pasar de 677.803 nacimientos en 2023 a 663.000. Al mismo tiempo, el número de abortos aumentó de 243.623 a 251.270 en el último año, una tendencia que, según los organizadores, refleja una “profunda herida social”.

Durante la jornada se difundió el manifiesto oficial del movimiento, en el que se advierte que, tras tres años de trabajo parlamentario para legalizar la eutanasia y el suicidio asistido, las personas mayores, los discapacitados y los enfermos podrían convertirse en “objetivos de una cultura de la muerte”, del mismo modo que ya lo son los niños por nacer.

“El argumento de que se trata de defender la dignidad humana es profundamente engañoso”, señala el texto, que cuestiona que los legisladores puedan decidir qué vidas merecen ser vividas. Para los organizadores, la dignidad humana no depende de la salud, la edad o la percepción social, sino que es intrínseca a la condición humana y solo puede defenderse sin condiciones.

Los participantes también expresaron su preocupación por la presión moral y económica que podría recaer sobre los más vulnerables si se aprueba la ley. “En algunos países ya existe el chantaje de ofrecer la eutanasia como alternativa ‘gratuita’ frente a cuidados demasiado costosos”, denuncian.

Otro de los puntos centrales fue la relación entre la eutanasia y los cuidados paliativos. Aunque el Gobierno sostiene que ambos pueden avanzar de manera complementaria, los organizadores rechazan esta idea y aseguran que legalizar la “muerte administrada” debilitaría inevitablemente la inversión y el desarrollo de los cuidados paliativos, especialmente por razones económicas.

La Marcha, que tuvo como punto de encuentro la plaza Vauban, reunió a jóvenes, familias y niños, en un ambiente alegre y festivo pese al frío invernal. Entre los asistentes se encontraban diversas figuras públicas, representantes políticos y líderes provida, así como Mons. Dominique Rey, Obispo emérito de Fréjus-Toulon.

A lo largo de los discursos se plantearon demandas concretas, como la puesta en marcha de un gran plan nacional de cuidados paliativos y la garantía plena de la objeción de conciencia para todo el personal sanitario. Para algunos participantes, la movilización busca influir directamente en el voto de los parlamentarios en las próximas semanas; para otros, la batalla es principalmente cultural y de largo plazo.

El manifiesto concluye con una llamada clara: defender toda vida humana. “No podemos resignarnos a vivir en una sociedad donde los médicos se conviertan en una amenaza para sus pacientes”, afirman los organizadores, citando a Santa Teresa de Calcuta.

Mientras el Senado se prepara para votar el proyecto el próximo 28 de enero, y la Asamblea Nacional para revisarlo nuevamente en febrero, la Marcha por la Vida volvió a situar en el centro del debate público francés una pregunta fundamental: qué entiende la sociedad por dignidad humana y cómo decide protegerla.