En un tiempo “marcado por la agresividad, la dispersión y la polarización”, el sacerdote argentino Gregorio Nadal ofrece su libro Cómo ser cristianos en las redes sociales. Relaciones humanas y presencia ética en el mundo digital, como un camino interior no sólo para creyentes sino para “cualquier persona que se pregunte cómo cuidar la dignidad propia y ajena" en un entorno de pantallas, mensajes y reacciones.  

Escrito desde una mirada cristiana, su obra parte de una pregunta espiritual: “¿Cómo ser cristianos en las redes?”, y a partir de ella busca abrir un diálogo que no se limite a lo “intraeclesial” sino que se dirija a un público más amplio, explicó a ACI Prensa el P. Nadal.  

Recibe las principales noticias de ACI Prensa por WhatsApp y Telegram

Cada vez es más difícil ver noticias católicas en las redes sociales. Suscríbete a nuestros canales gratuitos hoy:

Para ello, ofrece “un camino interior: una invitación a mirar qué nos pasa por dentro cuando estamos conectados, cómo nos afectan los contenidos que consumimos, qué tipo de personas nos vamos volviendo mientras navegamos las redes, comentamos, leemos o reaccionamos”.  

La inspiración de su obra se encuentra en dos documentos de la Iglesia: por un lado, la encíclica Fratelli tutti, del Papa Francisco, y por otro, el documento del Dicasterio para la Comunicación Hacia una plena presencia. Reflexión pastoral sobre la interacción en las redes sociales, que data de 2023.  

Los tres desafíos de las redes sociales  

Al analizar el escenario actual de las redes sociales, el sacerdote identifica tres desafíos significativos: el primero de ellos, la agresividad normalizada. “Fratelli tutti lo señalaba diciendo que existe una violencia verbal que se volvió paisaje cotidiano”, y que "no se juega solo en lo que escribimos, sino también en lo que leemos, compartimos y dejamos entrar en el corazón”.     

“La agresividad termina moldeando nuestra mirada, nuestra paciencia y nuestra forma de vincularnos, aun cuando no participemos activamente de ella”, advierte.    

El segundo gran desafío, plantea, es la dispersión del corazón. En este caso, citando el documento del dicasterio, el sacerdote señala que “la tecnología no es neutra: configura nuestra interioridad. El ritmo de la hiperconexión fragmenta la atención, debilita el silencio (esencial para escuchar a Dios) y dificulta la presencia real, cara a cara”.    

“No se trata sólo de cuánto tiempo pasamos frente a la pantalla, sino de qué nos produce por dentro ese modo de estar conectados: qué nos acelera, qué nos vacía, qué nos inquieta y qué nos edifica”, detalla, porque, en definitiva, “lo que está en juego es la unidad interior”.      

Y como tercer desafío, el P. Nadal menciona la reacción inmediata: “Las redes empujan a responder rápido, muchas veces desde la herida. El documento lo expresa con claridad: el estilo humano —y también el cristiano— no puede ser reactivo, sino reflexivo”.      

Esto implica que “cuando reaccionamos sin discernir, la palabra se vuelve arma, aun cuando ‘tengamos razón' o 'estemos defendiendo nuestros valores cristianos'”. Por eso, considera clave “recuperar el espacio interior entre el estímulo y la respuesta” para no perder la libertad.     

Consejos para los jóvenes 

Ante este contexto, el sacerdote llama a los jóvenes a hacerse preguntas que los ayuden a ser más libres, por ejemplo: “¿Cómo entro a las redes y cómo salgo después? ¿Qué me pasa por dentro cuando leo ciertos comentarios? ¿Qué contenidos me dejan más acelerado, más triste o más enojado? ¿Soy yo quien elige o muchas veces estoy siendo arrastrado?”.     

Asimismo, les aconseja cuidar “algo muy valioso hoy: su atención”, porque “donde va la atención, va la vida”, tal como lo señala el Evangelio: “Donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón”.    

Concretamente, los alienta a “recuperar pequeños espacios sin pantallas —silencio real, conversaciones sin interrupciones, caminar, leer, estar con otros sin estar 'a medias'—”, aclarando que no se trata de “rechazar lo digital”, sino “proteger el centro, cuidar el corazón para que no se disperse en mil estímulos y pueda habitar la vida con mayor presencia y libertad”.     

También sugiere “antes de escribir o responder, detenerse un instante”; porque “ese segundo mínimo, cuando se enciende la bronca o el orgullo herido, es un territorio clave. Ahí se decide quiénes vamos a ser”.   

"La libertad no está en decirlo todo, sino en poder elegir desde dónde y para qué hablamos”, sintetiza.    

El "valor agregado" de ser cristianos en las redes sociales 

El sacerdote afirma que el aporte que los católicos están llamados a hacer en el mundo digital es el de humanizar, “no con discursos, sino con presencia”.      

“En un ambiente donde se multiplican la herida, el sarcasmo y la descalificación, los cristianos estamos llamados a no sumar ruido ni linchamiento, sino encuentro, cuidado y respeto”, asegura.     

El “valor agregado” de los católicos en las redes, precisa el sacerdote, “no es tener más argumentos, sino ser prójimos”. Esto en ocasiones implicará “defender con respeto a alguien atacado o una verdad de nuestra fe católica”; otras, “escribir en privado una palabra que consuele”; y en otras, “no compartir algo que humilla” o “elegir el silencio para no alimentar una dinámica destructiva”.      

Que la evangelización digital no se reduzca a una estrategia 

En cuanto a la evangelización digital, el P. Nadal la considera una posibilidad real y necesaria, siempre y cuando “no se reduzca a una estrategia” porque, como indica el documento del Dicasterio, la comunicación es, ante todo, presencia, y “la presencia no se improvisa ni se calcula: se habita”.      

Por eso, “evangelizar en el mundo digital no es ocupar espacios ni aumentar visibilidad, sino aprender a estar de un modo humano y cristiano allí donde hoy transcurre gran parte de la vida”.     

“Las redes sociales son hoy uno de los caminos donde abundan los heridos: personas expuestas, humilladas, atacadas, o simplemente cansadas y solas. Frente a eso, el desafío no es pasar de largo, ni mirar desde la vereda del juicio o del espectáculo, sino detenerse”, plantea el P. Nadal.     

“Evangelizar digitalmente es, en este sentido, elegir hacernos prójimos también en las pantallas: mirar con compasión, cuidar la palabra, no reducir al otro a un error o a una opinión, y preguntarnos quién necesita ser cuidado en esa interacción concreta”, enumera.   

“En un ambiente saturado de voces, tal vez lo más elocuente no sea un mensaje brillante, sino una presencia verdadera, capaz de detenerse ante la herida y de abrir espacios de encuentro incluso desde una pantalla”, concluye.     

¿Quién es el P. Gregorio Nadal?  

Gregorio Agustín Nadal Zalazar nació el 26 de mayo de 1982 en Concepción del Uruguay (Argentina). Ingresó al Seminario Diocesano “María Madre de la Iglesia” en el 2002 y fue ordenado sacerdote el 24 de septiembre de 2009 en la Catedral San José, de Gualeguaychú.  Es Diplomado en Pastoral Vocacional por el ITEPAL, Colombia, y Licenciado en Teología con orientación en Pastoral por la Universidad Católica Argentina.     

Se desempeñó como formador en el Seminario Diocesano “María Madre de la Iglesia”, realizó el Curso de “Formadores de Seminarios” en Quito (Ecuador), dictado por el CELAM, y el Curso de Psicología Espiritual en la Universidad Católica de Córdoba (Argentina).    

Actualmente es párroco de la Basílica de la Inmaculada Concepción, en Concepción del Uruguay, secretario general del Consejo Presbiteral, miembro del Equipo Diocesano de Formación Permanente del Clero, y recientemente designado Delegado Episcopal para la Evangelización.    

Entre sus publicaciones se encuentran: Recuérdame. In memoria del Padre Alcides; Dilexi te, guía espiritual y de lectura del documento del Papa León XIV; Cómo ser cristianos en las redes sociales, El alma en duelo. Camino cristiano y humano ante la pérdida, y próximamente: El alma en busca de la felicidad, y Un solo latido en la ruta del amor. Camino hacia la pascua.