Dei Verbum, una de las cuatro constituciones dogmáticas promulgadas por el Concilio Vaticano II en 1965 junto con Gaudium et Spes, Sacrosanctum Concilium y Lumen Gentium, es uno de los textos más importantes del Magisterio. En ella, la Iglesia explica qué es la Revelación, cómo habla Dios, qué lugar ocupan la Biblia y la Tradición, y por qué la Palabra de Dios es esencial.
A continuación, presentamos 12 claves para entender Dei Verbum.
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1. Dei Verbum parte de una idea central: Dios quiere hablar al hombre
De acuerdo a esta Constitución dogmática, la Revelación no nace del hombre, sino de un acto libre de Dios que sale al encuentro y se da a conocer personalmente.
“Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a Sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad” (DV 2).
2. Dios se revela como un amigo
La Revelación tiene un tono profundamente relacional: es una relación viva con Dios.
“Dios invisible habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor y mora con ellos, para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía” (DV 2).
3. La Revelación se realiza con hechos y palabras
Dios no habla solo con discursos, sino también con acciones concretas.
“Este plan de la revelación se realiza con hechos y palabras intrínsecamente conexos entre sí” (DV 2).
4. Jesucristo es la plenitud de toda la Revelación
Para la Iglesia, Dios no tiene una palabra más alta que Jesús. Por eso, no hay una revelación cristiana al margen de Cristo.
“La verdad íntima acerca de Dios y acerca de la salvación humana se nos manifiesta por la revelación en Cristo” (DV 2).
5. No habrá nuevas revelaciones públicas
Dei Verbum aclara un punto clave frente a confusiones modernas: “No hay que esperar ya ninguna revelación pública antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo” (DV 4).
Esta Constitución dogmática resalta que Dios “envió a su Hijo, es decir, al Verbo eterno, que ilumina a todos los hombres, para que viviera entre ellos y les manifestara los secretos de Dios; Jesucristo, pues, el Verbo hecho carne, ‘hombre enviado, a los hombres’, ‘habla palabras de Dios’ y lleva a cabo la obra de la salvación que el Padre le confió”.
Las revelaciones privadas pueden ayudar pero no añaden nada esencial a la fe.
6. La Revelación exige una respuesta: la fe
Creer no es solo aceptar ideas, sino entregarse a Dios con confianza, fe y abriendo el corazón.
“Cuando Dios revela hay que prestarle ‘la obediencia de la fe’, por la que el hombre se confía libre y totalmente a Dios prestando ‘a Dios revelador el homenaje del entendimiento y de la voluntad’, y asintiendo voluntariamente a la revelación hecha por El” (DV 5).
7. Dios puede ser conocido por la razón
La Iglesia afirma tanto la razón como la fe, aunque con la Revelación se puede conocer a Dios con mayor profundidad.
“Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con seguridad por la luz natural de la razón humana, partiendo de las criaturas”. (DV 6).
8. La Revelación se transmite por la Escritura y la Tradición
La fe católica no se apoya solo en la Biblia, que recoge por escrito la Palabra de Dios, sino que está unida a la Tradición que se conserva y la transmite fielmente desde los Apóstoles.
“La Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura están íntimamente unidas y compenetradas” (DV 9).
9. El Magisterio no está por encima de la Palabra de Dios
La misión de la Iglesia, del sucesor de Pedro y los apóstoles, es custodiar, interpretar y transmitir fielmente lo recibido.
“Este Magisterio… no está sobre la palabra de Dios, sino que la sirve” (DV 10).
10. La Biblia es Palabra de Dios
La Biblia es el conjunto de libros inspirados por Dios en diversos autores sagrados, y debe leerse teniendo en cuenta géneros literarios, contexto y cultura.
“Dios eligió a hombres, que utilizó usando de sus propias facultades y medios, de forma que obrando Él en ellos y por ellos, escribieron, como verdaderos autores, todo y sólo lo que Él quería” (DV 11).
11. El Antiguo y el Nuevo Testamento forman una sola historia
Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento convergen en Cristo, clave de lectura de toda la Escritura.
“El Nuevo Testamento está latente en el Antiguo y el Antiguo está patente en el Nuevo. Porque, aunque Cristo fundó el Nuevo Testamento en su sangre, no obstante los libros del Antiguo Testamento recibidos íntegramente en la proclamación evangélica, adquieren y manifiestan su plena significación en el Nuevo Testamento, ilustrándolo y explicándolo al mismo tiempo” (DV 16).
12. Ignorar la Biblia es ignorar a Cristo
Dei Verbum hace un llamado directo a todos los fieles: “El desconocimiento de las Escrituras es desconocimiento de Cristo” (DV 25).
Por tanto, la Iglesia exhorta a una lectura frecuente, orante y perseverante de la Palabra: “no olviden que debe acompañar la oración a la lectura de la Sagrada Escritura para que se entable diálogo entre Dios y el hombre; porque a El hablamos cuando oramos, y a El oímos cuando leemos las palabras divinas”.

