Los perros, los gatos y otros animales domésticos son un motivo de alegría y descanso para muchos hoy en día, cuando parece que aumenta la soledad y se acrecienta en algunos una mirada pesimista sobre los demás, prefiriendo la compañía de las mascotas a la de otras personas e incluso optando por no tener hijos.
La fiesta de San Antonio Abad, patrón de los ganaderos y protector de los animales domésticos, a quien la Iglesia celebra el 17 de enero, permite recurrir a la antigua tradición de bendecir animales. Entonces surgen preguntas como si acaso los animales van al cielo y si se puede realizar un funeral católico para las mascotas.
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Las mascotas: Un puente afectivo
Fray Nelson Medina, Doctor en Teología Fundamental que hace apostolado en las redes sociales, explicó a ACI Prensa que para muchos las mascotas “son un puente afectivo. Muchas personas encuentran cariño, compañía, afecto y emociones positivas” con ellas.
Un segundo aspecto está en que “nosotros, los seres humanos, tenemos la tendencia de proyectar nuestras capacidades humanas en el mundo exterior, simplemente porque el lenguaje con el que contamos es un lenguaje que describe fundamentalmente interacciones humanas” como cuando, por ejemplo, se dice que una selva o un espacio es “aterrador”.
El sacerdote dominico comentó que, siguiendo esa lógica, él comprendería que alguien quiera hacer un funeral para una mascota, entendiéndolo como “un elemento social y emocional muy significativo”.
Entonces, ¿es posible un funeral católico para mi mascota?
Sin embargo, precisa el experto teólogo, “cuando hablamos de un funeral católico, el elemento principal ya no es el sentimiento o la emoción”, sino “la oración y los actos de fe, de esperanza y de caridad con que acompañamos la partida de un ser que ha muerto”.

En ese sentido “es necesario que ese ser al que hemos despedido de esta tierra pueda beneficiarse de nuestra fe, esperanza y amor. Esto sucede con los seres humanos, ya que la persona tiene una existencia que trasciende la muerte: la inmortalidad del alma”.
“De estos análisis concluimos que no tiene sentido un funeral católico para un ser que no tiene una inmortalidad independiente de nuestro recuerdo, de nuestras emociones”, subraya el Doctor en Teología.
“Así que la respuesta es no. No hay lugar para un funeral católico cuando se trata de una mascota”, precisa.
¿Los animales van al cielo?
“La bienaventuranza celestial tiene su origen en el conocimiento pleno de Dios, lo cual requiere de una naturaleza racional. Esa naturaleza no la tienen las mascotas”, señala el dominico.
Los animales, continuó, “tienen una capacidad de conocimiento de estímulos, tienen una capacidad de afecto y de emociones, pero no tienen capacidad de un conocimiento propiamente intelectual que es indispensable para la contemplación de Dios y por lo tanto la bienaventuranza eterna”.
El P. Francisco Javier “Patxi” Bronchalo, sacerdote de la Diócesis de Getafe (España), recuerda por su parte que “los animales no tienen alma espiritual e inmortal como el ser humano, por lo que no van al cielo del mismo modo que nosotros. Su vida termina con la muerte”.
“Ahora bien (y esto es importante decirlo con delicadeza), la fe cristiana enseña que toda la creación será transformada y renovada por Dios al final de los tiempos. San Pablo habla de una creación que ‘gime con dolores de parto’ esperando su redención. Eso nos permite confiar en que nada bueno, bello o amado se pierde en Dios”, señala el sacerdote que tiene más de 56.000 seguidores en X.
“Si Dios quiere que en la creación nueva estén presentes de algún modo, lo estarán. Pero no podemos afirmarlo como afirmamos la vida eterna del ser humano”, añade el sacerdote en declaraciones a ACI Prensa.
Por otro lado, el P. Mauro Carlorosi, experto en la Divina Misericordia, indicó a ACI Prensa que está bien dar gracias a Dios por las mascotas y los animales que nos han acompañado y que hicieron “más llevaderas las durezas de la vida”, como hicieron San Juan Bosco, San Roque, Santo Domingo, San Huberto o San Francisco de Asís, y precisó que eso es muy distinto a “tratarlos como humanos o extender sacramentos sobre ellos, eso dista una enormidad y contradice la enseñanza de la Iglesia”.

El P. Carlorosi, también miembro del Faustinum, asociación dirigida por la congregación a la que perteneció Santa Faustina Kowalska, la Apóstol de la Divina Misericordia, advierte que “con las mascotas no puede haber una equiparación ni remota a un funeral católico, bajo pena de rebajar al ser humano en su dignidad y tergiversar lo sagrado”.
¿El Papa Francisco dijo que los animales van al cielo?
No, el fallecido Papa Francisco no dijo que los animales van al cielo. A finales de 2014, diversos medios dieron cuenta de la catequesis que hizo Francisco el 26 de noviembre, cuando explicó qué es el cielo. La confusión se habría dado porque algunos interpretaron las palabras del Pontífice argentino como si hubiese señalado que los animales tienen como destino al cielo, cuando nunca usó esa palabra.
Lo que el Papa sí dijo, relacionado a la creación, fue lo siguiente: “la Sagrada Escritura nos enseña que el cumplimiento de este diseño maravilloso no puede no interesar también todo aquello que nos rodea, y que ha salido del pensamiento y del corazón de Dios. El apóstol Pablo lo afirma explícitamente, cuando dice que también ‘la creación será liberada de la esclavitud de la corrupción para participar de la gloriosa libertad de los hijos de Dios’”.
“Lo que se prospecta, como cumplimiento de una transformación que en realidad ya está en acto a partir de la muerte y resurrección de Cristo, es por lo tanto una nueva creación; no una aniquilación del cosmos y de todo lo que nos rodea, sino que es llevar cada cosa a su plenitud de ser, de verdad, de belleza”, añadió.

¿Cómo se pueden explicar estas realidades a los católicos hoy?
Fray Nelson comenta que “se requiere en primer lugar una gran dosis de comprensión de por qué se han vuelto tan importantes las mascotas. Conozco varias personas que tienen casi como única compañía, como única fuente de cariño, como única realidad amable y acogedora la presencia de sus mascotas. Esa soledad afectiva explica mucho”.
Junto con eso es importante comprender el temor de que este lazo termine, teniendo al mismo tiempo “una claridad en cuanto a los afectos, concretamente una claridad en la prioridad de los afectos. Básicamente de lo que se trata es de una adecuada escala de valores”.
“El amor a Dios, el amor al prójimo, el amor a la naturaleza, el amor a la patria, el amor a ciertos lugares o gustos no están en el mismo rango. En la medida en que vamos recuperando una adecuada escala de valores, también estamos recuperando un modo apropiado de abordar la relación con las mascotas, tanto cuando están vivas como cuando llegan a su final”, resaltó el sacerdote dominico.
El P. Bronchalo dijo a ACI Prensa que es necesario acercarse a los fieles “con mucha calma, ternura y verdad, sin ridiculizar ni herir. Hay que recordar que amar a los animales es bueno, pero igualarlos a las personas termina empobreciendo la dignidad humana”.
“Cuando una sociedad llora más la muerte de un animal que el sufrimiento de una persona, no es señal de mayor sensibilidad, sino de una confusión profunda del corazón. La Iglesia no desprecia a los animales, pero defiende con fuerza que la vida humana vale más, siempre, desde el más débil hasta el más olvidado”, subrayó.
La diferencia entre bendición y funeral
“La Iglesia puede bendecir a los animales porque son criaturas de Dios y un bien para el hombre. En la bendición no se ora por el animal sino que se da gracias a Dios por él y se pide que su presencia sea para bien de las personas”, precisó el sacerdote español.
“El funeral católico, en cambio, es algo distinto: es una oración por un difunto humano, porque presupone alma espiritual, libertad moral, pecado, redención y esperanza de resurrección. Todo eso pertenece sólo a la persona humana”, recordó el P. Bronchalo.
¿Qué dice el Catecismo de la Iglesia Católica sobre los animales?
El Catecismo de la Iglesia Católica señala en su numeral 2416 que “los animales son criaturas de Dios, que los rodea de su solicitud providencial. Por su simple existencia, lo bendicen y le dan gloria. También los hombres les deben aprecio. Recuérdese con qué delicadeza trataban a los animales San Francisco de Asís o San Felipe Neri”.
El numeral 2417 precisa que Dios confió al hombre su administración, por lo que es “legítimo servirse de los animales para el alimento y la confección de vestidos. Se los puede domesticar para que ayuden al hombre en sus trabajos y en sus ocios. Los experimentos médicos y científicos en animales son prácticas moralmente aceptables, si se mantienen en límites razonables y contribuyen a cuidar o salvar vidas humanas”.
El numeral 2418 advierte luego que “es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas”.
“Es también indigno –precisa– invertir en ellos sumas que deberían remediar más bien la miseria de los hombres. Se puede amar a los animales; pero no se puede desviar hacia ellos el afecto debido únicamente a los seres humanos”.




