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El Papa en Cuba: Segundo día

Santa Clara

La segunda escala del Papa en Cuba, Santa Clara, es conocida mayormente por su destacado rol en la revolución. La ciudad de cerca de 200,000 fue la primera gran ciudad en caer en manos rebeldes en diciembre de 1958, y es dónde los restos del héroe revolucionario Ernesto "Che" Guevara fueron recientemente enterrados.

Un panteón y un monumento dedicado a Guevara les da la bienvenida a los visitantes de esta ciudad. La captura de Guevara en diciembre de 1958 llevó al exilio al dictador Fulgencio Batista y le abrió las puertas a La Habana al victorioso rebelde Fidel Castro. La ciudad posee una antigüedad cerca de 210 años.

El Santo Padre sólo estará en Santa Clara por cuatro horas. Celebrará misa en un campo deportivo, y luego regresará a La Habana para reunirse con el Presidente Fidel Castro y los miembros de su Gabinete y Consejeros de Estado.

En el lugar donde hace casi cuarenta años se inició la revolución castrista, ciento veinte mil personas se congregaron para escuchar el mensaje de vida y esperanza traído por el Santo Padre.

La multitud comenzó a llegar desde anoche para lograr una buena ubicación en el campo deportivo Manuel Fajardo, a escasos kilómetros del mausoleo del guerrillero Ernesto Che Guevara.

La asistencia superó todas la expectativas y pronósticos de la Iglesia en una diócesis que cuenta con sólo dos mil personas que se declaran católicos practicantes.

La imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, un mar de banderas vaticanas y cubanas, una imagen del Papa de 5 metros de ancho por 7 de altura, y un altar construido con palmas y madera, adornado con un escudo papal, rosas blancas y amarillas, constituyeron el marco de la primera eucaristía celebrada por el Pontífice en suelo cubano.

Comenzó la fiesta

"Ya llegó el Papa, el Mensajero de la Verdad y la Esperanza". Con estas palabras anunciadas a viva voz por un joven sacerdote, se inició la serie de momentos emotivos que constituyeron la gran fiesta de fe.

Así, a las 10:00 locales mientras el Pontífice se acercaba a bordo del Papamóvil prestado por a la Iglesia en Venezuela, todos los presentes acompañaron al coro de doscientas voces -perfectamente uniformado con los colores del Vaticano- entonando una canto de bienvenida compuesto por un músico santaclareño.

Luego bajo el lema "Juan Pablo hermano te quieren los cubanos" y un canto dedicado a la "Virgen mambisa", el Pontífice ingresó al recinto e inició la celebración.

Palabras del Obispo

Inmediatamente el Obispo de Santa Clara, Mons. Fernando Prego Casal, dio la bienvenida al Papa con un breve discurso en el que recordó "la larga espera de la tierra de María Santísima, como la tituló Pío XII," para que "la palabra del Papa pudiera ser escuchada de sus labios, vivifique corazones e inteligencias".

"Necesitábamos tanto verlo y escucharlo, que confirme nuestra fe para que cada día seamos más firmes en ella, más valientes para seguir a Jesucristo y más decididos para manifestar al mundo que Dios obra, anime nuestra esperanza para que podamos levantar nuestra vista hacia el cielo a pesar de las dificultades a fin de que recibiendo fuerza de lo alto aumente nuestra confianza en Dios y seamos capaces de seguir siempre su providencia", expresó.

Ante el aplauso de los presentes aseguró que "en la persona de sus Santidad Dios está con nosotros, Dios va a hablarnos para enseñarnos con su voz, nos sentimos felices por su presencia. Reciba nuestro gran cariño y gratitud".

Emoción y devoción

Cientos de familias, jóvenes, religiosas y enfermos con los cancioneros repartidos previamente por la Iglesia, siguieron con atención y reverencia la celebración, aliviados por el suave viento que sofocó la calurosa mañana.

Tras la lectura del Evangelio -que repasó el pasaje de la Huída a Egipto- todos los miembros la familia Urquijo, que fue previamente seleccionada, se acercó a besar las escrituras sostenidas por el Pontífice.

Lo que más sorprendió a propios y extraños fue el absoluto silencio y la atención con que los presentes escucharon la homilía del Pontífice, la misma que fue interrumpida varias veces por espontáneos aplausos. "El pueblo vino a escuchar", afirmó una corresponsal de la CNN.

Luego de la homilía, las preces, y la profesión de fe bautismal dirigida por el Pontífice, las diócesis de Santa Clara y Cienfuegos se unieron para entregarle algunos obsequios al Santo Padre. Varias familias y algunos religiosos se acercaron con los presentes comunes entre los que destacó una imagen tallada en madera que representa a Juan Pablo II cargando una oveja.

Sólo para los preparados

En el momento de la comunión, mientras el Santo Padre entregaba el cuerpo de Cristo a un grupo representativo de feligreses, decenas de ministros de la eucaristía hicieron lo propio entre los presentes.

La comunión fue entregada sólo a aquellos que portaban su tarjeta o solapín de comulgante, repartido en los días previos en las diversas parroquias para asegurar que sólo los feligreses preparados accedan a ella.

Al término de la ceremonia, entre espontáneos vivas y lemas, el Santo Padre bendijo una imagen de San José que será venerada en el santuario diocesano de Cienfuegos y recibió el saludo de los sacerdotes y religiosas de las dos diócesis que se hermanaron para recibir al Pontífice.

(versión oficial)

1. Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria; se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino. Nos hemos reunido en el Campo de Deportes del Instituto Superior de Cultura Física "Manuel Fajardo", convertido hoy como en un inmenso templo abierto. En este encuentro queremos dar gracias a Dios por el gran don de la familia.

Ya en la primera página de la Biblia el autor sagrado nos presenta esta institución: "Dios creó al hombre a imagen suya y los creó varón y mujer".

En este sentido, las personas humanas en su dualidad de sexos son, como Dios mismo y por voluntad suya, fuente de vida: "Crezcan y multiplíquense. Por tanto, la familia está llamada a cooperar en el plan de Dios y en su obra creadora mediante la alianza de amor esponsal entre el hombre y la mujer y, como nos dirá San Pablo, dicha alianza es también signo de la unión de Cristo con la Iglesia.

2. Queridos hermanos y hermanas: me complace saludar con gran afecto a monseñor Fernando Prego Casal, obispo de Santa Clara, a los señores cardenales y demás obispos, a los sacerdotes y diáconos, a los miembros de las comunidades religiosas, a todos ustedes, fieles laicos.

Quiero dirigir también un deferente saludo a las autoridades civiles. Mis palabras se dirigen muy especialmente a las familias aquí presentes, las cuales quieren proclamar el firme propósito de realizar en su vida el proyecto salvífico del Señor.

3. La institución familiar en Cuba es depositaria del rico patrimonio de virtudes que distinguieron a las familias criollas de tiempos pasados, cuyos miembros se empeñaron tanto en los diversos campos de la vida social y forjaron el país sin reparar en sacrificios y adversidades. Aquellas familias, fundadas sólidamente en los principios cristianos, así como en su sentido de solidaridad familiar y respecto por la vida, fueron verdaderas comunidades del cariño mutuo, de gozo y fiesta, de confianza y seguridad, de serena reconciliación. Se caracterizaron también –como muchos hogares de hoy- por la unidad, el profundo respeto a los mayores, el alto sentido de responsabilidad, acatamiento sincero de la autoridad paterna y materna, la alegría y el optimismo, tanto en la promesa como en la riqueza, los deseos por luchar por un mundo mejor y, por encima de todo, por la gran fe y confianza en Dios.

Hoy las familias en Cuba están también afectadas por los desafíos que sufren actualmente tantas familias en el mundo.

Son numerosos los miembros de estas familias que han luchado y dedicado su vida para conquistar una existencia mejor, en la que se vean garantizados los derechos de los humanos indispensables: el trabajo, alimentación, vivienda, salud, educación, seguridad social, participación social, libertad de asociación y para elegir su propia vocación. La familia, célula fundamental de la sociedad y garantía de su estabilidad, sufre sin embargo la crisis que puede afectar a la sociedad misma.

Esto ocurre cuando los matrimonios viven en sistemas económicos o culturales que, bajo la apariencia de libertad y progreso, promueven o incluso defienden una mentalidad antinatalista, induciendo de ese modo a los esposos a recurrir a métodos de control de la natalidad que no están de acuerdo con la dignidad humana. Se llega incluso al aborto, que es siempre, además de un crimen abominable, un absurdo empobrecimiento de la persona y de la misma sociedad. Ante ello la Iglesia enseña que Dios ha confiado a los hombres la misión de transmitir la vida de un modo digno del hombre, fruto de la responsabilidad y del amor entre los esposos.

La maternidad se presenta a veces como un retroceso o una limitación de la libertad de la mujer, distorsionando así su verdadera naturaleza y su dignidad. Los hijos son presentados no como lo que son -un gran don de Dios-, sino como algo contra lo que hay que defenderse. La situación social que se ha vivido en este amado país ha acarreado también no pocas dificultades a la estabilidad familiar: las carencias materiales -como cuando los salarios no son suficientes o tienen un poder adquisitivo muy limitado-, las insatisfacciones por razones ideológicas, la atracción de la sociedad de consumo.

Estas, junto con ciertas medidas laborales o de otro género, han provocado un problema que se arrastra en Cuba desde hace años: la separación forzosa de las familias dentro del país y la emigración, que ha desgarrado a familias enteras y ha sembrado dolor en una parte considerable de la población.

Experiencias no siempre aceptadas y a veces traumáticas son la separación de los hijos y la situación del papel de los padres a causa de los estudios que se realizan lejos del hogar en la edad de la adolescencia, en situaciones que dan por triste resultado la proliferación de la promiscuidad, el empobrecimiento ético, la vulgaridad, las relaciones prematrimoniales a temprana edad y el recurso fácil al aborto. Todo eso deja huellas profundas y negativas en la juventud, que está llamada a encarnar los valores morales auténticos para la consolidación de una sociedad mejor.

4. El camino para vencer estos males no es otro que Jesucristo, su doctrina y su ejemplo de amor total que nos salva. Ninguna ideología puede sustituir su infinita sabiduría y poder. Por eso es necesario recuperar los valores religiosos en el ámbito familiar y social, fomentando las prácticas de las virtudes que conformaron los orígenes de la nación cubana, en el proceso de construir su futuro "con todos y para bien de todos", como pedía José Martí. La familia, la escuela y la iglesia deben fomentar una comunidad educativa donde los hijos de Cuba puedan "crecer en humanidad". No tengan miedo, abran las familias y las escuelas a los valores del Evangelio de Jesucristo, que nunca son un peligro para ningún proyecto social.

5. "El ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: levántate y toma al niño y a su madre". La palabra revelada nos muestra cómo Dios quiere proteger a la familia y preservarla de todo peligro. Por eso la iglesia, animada e iluminada por el Espíritu Santo, trata de defender y proponer a sus hijos y a todos los hombres de buena voluntad, la verdad sobre los valores fundamentales del matrimonio cristiano y de la familia. Asimismo, proclama, como deber ineludible, la santidad de este sacramento y sus exigencias morales, para salvaguardar la dignidad de toda persona humana.

El matrimonio, con su carácter de unión exclusiva y permanente, es sagrado porque tiene su origen en Dios. Los cristianos al recibir el sacramento del matrimonio, participan en el plan creador de Dios y reciben la gracia que necesitan para cumplir su misión, para educar y formar a los hijos y responder al llamado a la santidad. Es una unión distinta de cualquier de cualquier otra unión humana, pues se funda en la entrega y aceptación mutua de los esposos con la finalidad de llegar a ser "una sola carne", viviendo en una comunidad de vida, amor, cuya vocación es ser "santuario de la vida". Con su unión fiel y perseverante, los esposos contribuyen al bien de la institución familiar y manifiestan que el hombre y la mujer tienen la capacidad de darse para siempre el uno al otro, sin que la donación voluntaria y perenne anule la libertad, porque en el matrimonio cada personalidad debe permanecer inalterada y desarrollar la gran ley del amor: darse el uno al otro para entregarse junto a la tarea que Dios le encomienda. Si la persona humana es el centro de toda institución social, entonces la familia, primer ámbito de socialización, debe ser una comunidad de personas libres y responsables que lleven adelante el matrimonio como un proyecto de amor, siempre perfeccionable, que aporta vitalidad y dinamismo a la sociedad civil.

6. En la vida matrimonial el servicio a la vida no se agota en la concepción, sino que se prolonga en la educación de las nuevas generaciones. Los padres, al haber dado la vida a los hijos, tienen la gravísima obligación de educar a la prole y, por consiguiente, deben ser reconocidos como los primeros y principales educadores de sus hijos.

Esta tarea de la educación es tan importante que, cuando falta, difícilmente puede suplirse. Se trata de un deber y de un derecho insustituible e inalienable. Es verdad que en el ámbito de la educación a la autoridad pública le competen derechos y deberes, ya que tiene que servir al bien común; sin embargo, esto no le da derecho a sustituir a los padres. Por tanto, los padres, sin esperar que otros los reemplacen en lo que es su responsabilidad, deben poder escoger para sus hijos el estilo pedagógico, los contenidos éticos y civiles y la inspiración religiosa en los que desean formarlos integralmente.

No esperen que todo le venga dado. Asuman su misión educativa, buscando y creando los espacios y medios adecuados en la sociedad civil.

Se ha de procurar, además, a las familias una casa digna y un hogar unido, de modo que puedan gozar y transmitir una educación ética y un ambiente propicio para el cultivo de los altos ideales y la vivencia de la fe.

7. Queridos hermanos y hermanas, queridos esposos y padres, queridos hijos: he deseado recordar algunos aspectos esenciales del proyecto de Dios sobre el matrimonio y la familia para ayudarlos a vivir con generosidad y entrega ese camino de santidad al que muchos están llamados. Acojan con amor la palabra del Señor proclamada en esta eucaristía. En el salmo responsorial hemos escuchado: "Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos... tus hijos como renuevos del olivo, alrededor de tu mesa... esta es la bendición delhombre que teme al Señor".

Muy grande es la vocación a la vida matrimonial y familiar, inspirada en la palabra de Dios y según el modelo de la Sagrada Familia de Nazaret.

Amados cubanos: sean fieles a la palabra divina y a este modelo! Queridos maridos y mujeres, padres y madres, familias de la noble Cuba: conserven en su vida ese modelo sublime, ayudados por la gracia que se les ha dado en el sacramento del matrimonio! Que Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, habite en sus hogares. Así, las familias católicas de Cuba contribuirán decisivamente a la gran causa divina de la salvación del hombre en esta tierra bendita que es su patria y su nación. Cuba: cuida a tus familias para que conserves sano tu corazón!".

Que la Virgen de la Caridad del Cobre, madre de todos los cubanos, madre en el hogar de Nazaret, interceda por todas las familias de Cuba, para que, renovadas, vivificadas y ayudadas en sus dificultades, vivan en serenidad y paz, superen los problemas y dificultades, y todos sus miembros alcancen la salvación que viene de Jesucristo, Señor de la historia y de la humanidad. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

 

SANTO PADRE REGALÓ MENSAJE DE VERDAD A CASTRO

Un mosaico del "Pantokrator", imagen bizantina de Cristo que simboliza su soberanía y señorío sobre todo poder humano y terreno, fue el obsequio que Juan Pablo II le entregó al Presidente Fidel Castro al término de la entrevista de una hora que sostuvieron en el Palacio de la Revolución, sede del gobierno cubano.

El regalo fue bien recibido por el mandatario, tal vez desconociendo todo su simbolismo. Antes Castro obsequió al Pontífice la primera biografía –escrita hace cien años- del Padre Félix Varela, patriota cubano cuyo proceso de beatificación está en marcha en el Vaticano así como una medalla dorada con el rostro y el nombre del ilustre sacerdote.

En declaraciones a la prensa, el Presidente de la Asamblea Cubana, Ricardo Alarcón, reconoció que "hoy noté al Papa más fuerte que ayer, todavía sufre las consecuencias del cambio de hora y las altas temperatura tiene gran energía y vitalidad".

De acuerdo a Alarcón, que evitó revelar detalles de las conversaciones, la reunión se desarrolló en un "ambiente sumamente cordial, que es reflejo de un espíritu que existe y ha ido creciendo con esta visita".

Pese a que el contenido de la reunión permanece en reserva se sabe que los temas tratados son los que preocupan desde hace arias décadas a la Iglesia en Cuba: una mayor apertura para la evangelización, más permisos de ingreso para sacerdotes y religiosas, recuperar la educación católica, el acceso a los medios de comunicación, más libertades personales y respeto a los derechos humanos, mientras que en el caso de Castro se preveía como fundamental el asunto del embargo estadounidense.

A las 18 horas locales, el Papa Juan Pablo II llegó al Palacio de la Revolución acompañado por la delegación vaticana, el Nuncio Apostólico en Cuba, Mons. Beniamino Stella, el Arzobispo de La Habana y Presidente del Episcopado, Cardenal Jaime Ortega y Alamino y algunos obispos cubanos.

Ambos, seguidos por la delegación eclesial, caminaron por los pasillos del palacio hasta llegar al salón en el que se realizaron los saludos protocolares, Castro saludó a cardenales, obispos y demás miembros de la comitiva papal como el Cardenal Angelo Sodano, Secretario de Estado Vaticano, Cardenal Roger Etchegaray, Presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz, Cardenal Bernardin Gantin, y el Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Joaquín Navarro Valls.

A su turno el Pontífice saludó a las más altas autoridades cubanas entre ellos el Pontífice recibió el titular de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Ricardo Alarcón; el vicepresidente Carlos Lage y el canciller Roberto Robaina, a todos les regaló una medalla con la efigie del Vaticano y antes de iniciar la reunión con Castro en estricto privado ambas delegaciones de unieron para una breve sesión fotográfica.

El Santo Padre se reunió oficialmente por última vez con Fidel Castro en noviembre de 1996 en el Vaticano, en la que se concretó la invitación para que visite la Isla.

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