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Normas empresariales: El peligro de la ética por consenso

Por Ricardo F. Padilla – Miembro del Consejo de Crese y Empresa Responsable.

Hoy está de moda hablar y buscar los valores en nuestras empresas, así como obtener sellos y distintivos que nos identifiquen como socialmente responsables o administrativamente profesionales. Seguramente que en muchas organizaciones ello ha contribuido al bien común, mejorando la eficiencia y las buenas relaciones entre el personal. Las buenas intenciones, tal como sucede en otros ámbitos del actuar humano, no garantizan el resultado exitoso para la mejora de las organizaciones, ya que si una persona es un ser verdaderamente complejo, una organización lo es todavía más.

Por otra parte, muchos de nosotros no nos hemos dado cuenta de que existe una ideología, esto es; Un sistema de ideas que connota una cosmovisión particular con miras a volverse general. Y esta última parte, el tratar de imponer a la generalidad de la sociedad una serie de ideas de un determinado grupúsculo pretendiendo que sean la salvación o la ¨nueva ética¨ a la que todos los demás debemos sujetarnos, no podemos permitirlo.

Ese grupúsculo de ideólogos pretende poner como una norma distorsiones como la homosexualidad, la pedofilia (atracción sexual por los niños), y otras más, las que se presenten como casos positivos. Esto ya ha permeado a muchas de las organizaciones que promueven ¨valores¨ y distintivos, repitiendo; bajo el supuesto de que no se discrimine a esas personas. Pero un asunto es discriminar privándoles de sus empleos, lo cual sería incorrecto, y otro asunto es promover este tipo de conductas que lesionan gravemente a la familia y a la niñez y juventud como algo que organizaciones y empresas deben apoyar.

Por ello los códigos de ética y la difusión de valores tenemos que hacerlos bajo la mira de sólidos criterios humanos. Hoy se corre el riesgo de que se definan, construyan y presenten en el contexto de lo que aparenta ser lo más conveniente, y no lo verdadero.

Bienvenidos los esfuerzos por construir culturas corporativas más humanizadas y humanizantes. Pero advertimos del peligro de la domesticación, de una moral por consenso que plantea valores contrarios a la Ley Natural.

Ejemplos que le anteceden.
Nuevas leyes en educativas que impiden que los padres puedan decidir sobre los valores que enseñaran a sus hijos, sembrando antivalores (homosexualidad, aborto, masturbación, etc.) a nuestros pequeños.
Legislación de derechos de aborto y eutanasia.
En el ámbito empresarial es preciso advertir que sobreviene el peor tsunami de ideología pretendiendo confundir lo socialmente responsable con el apoyo al libertinaje sexual y un siniestro y vedado ataque contra la familia.

En Crese y Empresa Responsable hemos identificado ésta y otras tendencias ideológicas, por lo que nuestro personal de asesores puede colaborar con tu organización para ayudarte a identificar una verdadera moral que regirá los valores a establecer; basada en verdades absolutas y no en una moral situacional. Lo que significa no ¨valorar¨ como “bueno” aquello con lo que la mayoría está de acuerdo o propone, es decir, es “bueno” sólo por el hecho de contar con más votos. Existen verdades absolutas que lo son aún cuando éstas gozan de poca aceptación. Lo bueno es bueno, y lo malo es malo, y no depende de las circunstancias.

El amor, el valor supremo y verdadero; “La caridad en la verdad, de la que Jesucristo se ha hecho testigo con su vida terrenal y, sobre todo, con su muerte y resurrección, es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad. El amor —«caritas»— es una fuerza extraordinaria, que mueve a las personas a comprometerse con valentía y generosidad en el campo de la justicia y de la paz. Es una fuerza que tiene su origen en Dios, Amor eterno y Verdad absoluta.” .

El empresario cristiano que se compromete con el amor “hace que el creyente y la comunidad cristiana sean fermento de esperanza y de paz en todas partes […] En el fondo, se trata de la decisión entre el egoísmo y el amor, entre la justicia y la injusticia; en definitiva, entre Dios y Satanás. Si amar a Cristo y a los hermanos no se considera algo accesorio y superficial, sino más bien la finalidad verdadera y última de toda nuestra vida, es necesario saber hacer opciones fundamentales, estar dispuestos a renuncias radicales, si es preciso hasta el martirio” .

El católico proclama siempre que: Jesucristo es Camino, Verdad, y Vida.

 
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