(arguments)},i[r].l=1*new Date();a=s.createElement(o), m=s.getElementsByTagName(o)[0];a.async=1;a.src=g;m.parentNode.insertBefore(a,m) })(window,document,'script','https://www.google-analytics.com/analytics.js','ga'); ga('create', 'UA-526318-1', 'auto'); ga('require', 'GTM-MKNZDXB'); a desconfianza y la falta de caridad entre ellos.

  • Sura 9 trata de la campaña a Tebuk (A. H.. 9). Empieza con la “liberación” promulgada en el peregrinaje del mismo año y declara el antagonismo del Islam sobre las demás religiones.  Todos excepto los musulmanes son excluidos de la Meca y los ritos del peregrinaje.  Los idólatras son amenazados con matanza y esclavitud. Se declara la guerra en contra de los judíos y los cristianos hasta que sean sometidos y paguen tributo. Esta aura es llamada “el capítulo de la cruzada”, y en las primeras campañas era frecuentemente leída en el campo antes de la batalla.

  • La doctrina del Corán será plenamente discutida en el artículo de la religión islámica. Es suficiente definir aquí que la doctrina puede ser clasificada bajo cuatro categorías:

    Orden cronológico y características distintivas de los suras

    Los escritores musulmanes e intelectuales europeos han hecho grandes esfuerzos por ordenar cronológicamente los suras, pero el orden de Noldeke es considerado el más plausible.  Divide los suras en las de la Meca y las de Medina, principalmente aquellas surgidas en la Meca antes del Escape o Hégira, y las que tienen origen en Medina luego de la Hégira.  Los suras de la Meca están divididos en tres períodos.  Al primero (del primero al quinto año de la misión de Mahoma) pertenecen los siguientes suras - 96, 74, 111,106, 108, 104, 107, 102, 105, 92, 90, 94, 93, 97, 86, 91, 80, 68, 87, 95, 103, 85, '73, 101, 99, 82, 81, 53, 84,100, 79, 77, 78, 88, 89, 75, 83, 69, 5l, 52, 56, 55, 112, 109, ll3, 114, y 1. Al segundo período (quinto y sexto año de su misión) están asignadas los suras 54, 37, 7l, 76, 44, 50, 20, 26, 15, 19, 38, 36, 43, 72, 67, 23, 21, 25, 17, 27, y 18. Al tercer período (del sétimo año hasta la Hégira) corresponden los siguientes suras: 32, 41 45, 16, 30, 11, 14,12, 40, 28, 39, 29, 31, 42, 10, 34, 35, 7, 46, 6, y 13. Los suras de Medina son las que permanecen, en el siguiente orden: 2, 98, 64, 62, 8, 47, 3, 61, 57, 4, 65, 59, 33, 63, 24, 58, 22, 48, 66, 60,110, 9, y 5.

    Las características distintivas de los diferentes suras y de los períodos en los que tuvieron origen son descritas por el Sr. Palmer como sigue:

    En los suras de la Meca el único firme propósito de Mahoma es llevar a sus oyentes hacia la fe en un sólo Dios; a traves de poderosas y emotivas oratorias más que por argumentos lógicos, apelando a sus sentimientos antes que a su razón, comunicando la manifestación de Dios en sus obras; anunciando ser testigo de Su presencia; y proclamando Su venganza contra aquellos que asocien otros dioses con Él, o atribuyan descendientes a Él.  El mensaje estaba fortalecido por brillantes imágenes de la felicidad que les esperaba a los que tuvieran fe, y escalofriantes descripciones de los eternos tormentos preparados para los que no crean.  En los primeros capítulos también, la inspiración profética, la fervorosa convicción de la verdad de su misión y la violenta emoción, que le causó su sentido de responsabilidad, son mostradas de manera sencilla.  El estilo es brusco, grandioso, y frecuentemente casi sublime; las expresiones están llenas de sentimiento poético, y los pensamientos son fervorosos y apasionados, aunque algunas veces oscuros y confusos, indicando el entusiasmo y dudas mentales por las que se dirigían hacia la luz.

    En el segundo período de las Suras de la Meca, Mahoma parece haber concebido la idea de separarse de la idolatría de sus compatriotas, y de darle a la suprema deidad Allah el nombre de Ar-Rahman, “el misericordioso”. Sin embargo, los de la Meca, parecen haberlos tomado para los nombres de deidades distintas, y el nombre es abandonado en los capítulos posteriores.

    En las Suras del segundo período de la Meca encontramos las largas historias de los profetas de tiempos antiguos, acentuando el castigo que les esperaba a sus contemporáneos por no creer, la moral es siempre la misma básicamente, que Mahoma vino en circunstancias precisamente similares y que la negación de la verdad de su misión traería a sus conciudadanos la misma retribución.  También mostraban la etapa de transición  entre el entusiasmo intenso y poético de los primeros capítulos de la Meca y la enseñanza calmada de los posteriores de Medina.  Este cambio es gradual, e incluso en los posteriores y en su mayoría prosaicos encontramos ocasionalmente pasajes en los que destellan brillos proféticos una vez más.  Los tres períodos están marcados por los juramentos que aparecen a lo largo del Corán.  En el primer período son frecuentes y extensos, siendo invocados todos los poderes de la naturaleza a atestiguar la unidad de Dios y la misión de Su Apóstol; en el segundo período son más cortos y más esporádicos; en el último período están ausentes.

    Para entender las Suras de Medina debemos llevar en la mente la posición de Mahoma con respecto a los distintos partidos de aquella ciudad.  En la Meca él había sido un profeta con poco honor en su propio país, visto por algunos como loco, y por otros como impostor, ambos denigrantes para él, mientras que sus seguidores eran los más pobres y malvados de sus conciudadanos. Sus propios seguidores, por el hecho de ser sus seguidores, se sintieron agraviados por las afrentas en contra de él.  En Medina aparece como líder militar y príncipe, aunque sin poseer la autoridad absoluta.  En la ciudad existían, primero, los verdaderos creyentes que habían escapado con él de El Muhagerin; luego, los habitantes de Yathrib, quienes se le habían unido, conocidos como El Ansar, “los ayudantes”; y por último, un gran grupo denominado Munafiqun o “hipócritas”, que eran los que se pusieron de su lado por temor, y aquellos “en cuyo corazón reside la enfermedad”, quienes a pesar de creer en él, no acudían a él abiertamente por presiones tribales o familiares.  Abdallah ibn Ubai era un jefe cuya influencia operaba fuertemente en contra de Mahoma, y fue obligado a tratarlo de igual a igual por un largo tiempo, incluso luego de haber perdido su poder político.  El otro partido en Medina estaba compuesto por tribus judías establecidas en la ciudad y en los alrededores de la ciudad de Yathrib.  Los judíos en un principio fueron vistos como los más naturales y partidarios de la nueva religión, que iba a confirmar la suya propia.  Estos diferentes partidos junto con los paganos árabes de la Meca y los cristianos son las personas a las que se refieren básicamente las Suras de Medina.  El estilo de las Suras de Medina recuerda al tercer período de las revelaciones de la Meca, la mayor naturaleza de los incidentes relatados o los preceptos dados contribuyen en gran medida al lenguaje más prosaico en el cual se expresan.  En las Suras de Medina el profeta ya no trata de convertir a sus oyentes por sus ejemplos, promesas y advertencias; se dirige a ellos como su príncipe en general, orando por ellos o culpándolos por su conducta, y dándoles leyes y preceptos según lo exigía la ocasión.  (The Qur'an in "Sacred Books of the East", I, Oxford, 1880, pp. LXI, LXII, y LXIII).

    Fuentes

    Las fuentes del Corán se pueden reducir a seis:

    Autoría, compliación

    Se admite que el Corán es sustancialmente obra de Mahoma. De acuerdo a los tradicionalistas, contiene la revelación pura que no podía leer o escribir, pero que inmediatamente después pudo hacer ambas; otros creen que incluso antes de la revelación ya podía leer y escribir; mientras que otros, niegan que alguna vez lo haya hecho.  Así, no se sabe a ciencia cierta si alguna de los suras fue escrita por el propio profeta o en su dictada en su totalidad y posteriormente escrita por otros de memoria.

    El Corán está escrito en árabe, en prosa rimada, el estilo difiere considerablemente en los diferentes suras, de acuerdo a los distintos períodos de la vida del profeta.  El idioma es universalmente reconocido por ser la forma más perfecta de oratoria árabe, y pronto se convirtió en el estándar bajo el cual debían ser juzgadas otras composiciones literarias árabes; gramáticos, lexicógrafos y retóricos deducían que el Corán, siendo la palabra de Dios, no podía estar equivocado o imperfecto.

    Los oyentes de Mahoma empezaron a confiar en sus memorias para guardar las palabras de la revelación que habían recibido de él.  Posteriormente, los que podían escribir, las plasmaron en antiguas figuras sobre hojas de palmeras, pedazos de cuero, o hueso seco.  Luego de la muerte del profeta todos estos fragmentos fueron recolectados.  Zaid ibn Thabit, discípulo de Mahoma, recibió el encargo de Abu Bekr, el califa, de recolectar todo lo que podía ser descubierto del texto sagrado en un volumen.  Los capítulos fueron luego ordenados de acuerdo a su longitud, sin importar su secuencia histórica.  La revisión realizada veinte años después afectó detalles del lenguaje del texto.

    La mejor y más accesible edición del Corán es la de Flugel, "Al-Qoran: Corani textus Arabicus" (Leipzig, 1834). La famosa traducción latina de Maracci del Corán, con una refutación y comentario, es aún única y útil: "Alcorani textus universus" (Padua, 1698). Las versiones estándares en inglés son las de Sale (Londres, 1734) con un ensayo introductorio muy útil; Rodwel (Londres, 1861), ordenada cronológicamente; y Palmer en "Sacred Books of the East" (Oxford, l880).

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