Matisse: Capilla del Rosario

La Capilla del Rosario: El Altar, St. Dominique y el Árbol de la Vida (vitral). 1950-1951.

"A menudo el genio de Henry Matisse habla a través de una engañosa simplicidad. Sin embargo, en pocas instancias su minimalismo está más cargado de esfuerzo y significado que en sus pinturas y en sus vitrales para la Capilla del Rosario en este pueblo medieval cercano a Niza", señaló The New York Times en mención del aniversario de la capilla. El artículo cuenta que Matisse completó su trabajo cuando tenía 81 años. "Pese a todas sus imperfecciones, lo considero mi obra maestra", escribió en sus memorias.

Cuando completó el trabajo de la capilla en 1951, tres años antes de su muerte, dijo: "¿Creo en Dios?" preguntó en voz alta en una ocasión. "Sí, creo, cuando estoy trabajando. Cuando soy sumiso y modesto me siento rodeado por alguien que me hace hacer cosas de las que no soy capaz".

La capilla fue bendecida el 25 de junio de 1951, tres años antes de la desaparición del pintor, que en aquella ocasión escribió al obispo de Niza: "Excelencia, le presento con toda humildad la capilla del Rosario de las dominicas de Vence. Le pido que me disculpe por no haber podido presentarle yo mismo este trabajo a causa de mi edad y de mi salud. La obra ha requerido cuatro años de un trabajo exclusivo y asiduo, y es el resultado de toda mi vida activa. La considero, a pesar de todas sus imperfecciones, mi obra maestra. Ojalá el porvenir pueda dar la razón a este juicio mediante un creciente interés, incluso más allá del significado más alto de este monumento. Cuento, Excelencia, con vuestra vasta experiencia de los hombres y con vuestra profunda sabiduría para que juzguéis un esfuerzo que es el resultado de una vida consagrada a la búsqueda de la verdad".

No parece poco para quien cuarenta años antes había afirmado: "Yo sueño un arte equilibrado, puro, tranquilo, sin sujeto inquietante o preocupante, que sea para cualquier trabajador intelectual, para el hombre de negocios o para el literato, por ejemplo, un lenitivo, un calmante cerebral, algo análogo a una buena poltrona donde reposar de sus fatigas físicas", en definitiva, una morada, y Matisse la construyó de verdad.

También destacó que "todo arte digno de ese nombre es religioso. Ya sea que esté hecho de líneas o de colores, si esta creación no es religiosa, no es arte. No es más que un documento, una anécdota".

La capilla presenta una austeridad asombrosa. Se trata de un edificio moderno pequeño en terrenos de una residencia de religiosas dominicas y exhibe tres murales en blanco y negro del pincel de Matisse: El Vía crucis, La Virgen y el Niño y San Dominico, así como tres vitrales semi-abstractos.

Matisse también diseñó el altar de piedra, una cruz de bronce, coloridas vestiduras y la puerta tallada del confesionario en 1951.

El pintor describió a la capilla como producto de "una vida entera de trabajo" aunque le requirió cuatro años de labor.

La obra central de la capilla es El Vía crucis, con las catorce Estaciones de la Cruz pintadas en tres hileras sobre losas de cerámica para formar un solo panel de 3.96 por 1.98 m en la pared posterior de la capilla.

Debido a que cada estación representa un momento crítico de las últimas horas de Jesús, Matisse trabajó separadamente en ellas, por momentos buscando inspiración para sus bosquejos en pinturas de maestros anteriores, entre estos Mantegna y Rubens.

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