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Discurso del Santo Padre en el Encuentro con la comunidad de la Hacienda de la Esperanza

Aparecida 2007
Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe
del 13 al 31 de mayo del 2007 · Aparecida - Brasil
Visita del Papa
del 9 al 13 de mayo del 2007


BRASIL - GUARATINGUETÁ - 12.05.2007

 

Traducción no oficial

Queridos amigos y amigas,
¡Finalmente estoy en la Hacienda Esperanza!

1. Con particular afecto, saludo a Fray Hans Stapel, Fundador de la Obra Social Nuestra Señora de la Gloria, también conocida como Hacienda de la Esperanza. Deseo desde ya congratularme por todos ustedes, por haber creído en el ideal de bien y de paz que este lugar significa.

A todos los que en fase de recuperación, así como a los rehabilitados, voluntarios, familias, ex internos y bienhechores de todas las haciendas representadas que se encuentran en esta ocasión para encontrarse con el Papa, os digo: ¡Paz y Bien!

Sé que aquí se encuentran reunidos los representantes de diversos países, donde la Hacienda de la Esperanza posee sedes. Vinieron a ver el Papa. Vinieron a oír y asimilar lo que él les quería decir.

2. La Iglesia de hoy debe reavivar en sí misma la conciencia de la tarea de reproponer al mundo la voz de Aquél que dijo: «Soy la luz del mundo. Quien me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida» (Jn 8,12). Por su parte, la tarea del Papa es renovar en los corazones esa luz que no ofusca, pues quiere iluminar lo íntimo de las almas que buscan el verdadero bien y la paz, que el mundo no puede dar. Un fulgor como éste, solo necesita un corazón abierto a los anhelos divinos. Dios no fuerza, no oprime
la libertad individual; pide solo la apertura de aquel sagrario de nuestra conciencia por donde pasan todo el aspiraciones más nobles, pero también afectos y pasiones desordenadas que ofuscan el mensaje del Altísimo.

3. «He aquí que estoy a la puerta, y llamo: Si alguien oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaremos, yo con él y él conmigo» (Ap 3,20). Son palabras divinas que tocan el fondo del alma y que mueven hasta sus raíces más profundas.

A cierta altura de la vida, Jesús viene y toca, con suaves toques, en el fondo de los corazones bien dispuestos. Con ustedes, Él lo hizo a través de una persona amiga o de un sacerdote o, posiblemente, providenció una serie de coincidencias para decir que son objeto de predilección divina. Mediante la institución que los alberga, el Señor proporcionó esta experiencia de recuperación física y espiritual de vital importancia para ustedes y sus familiares. Además, la sociedad espera que sepan divulgar éste bien precioso de la salud entre los amigos y miembros de toda la comunidad.

¡Ustedes deben ser los embajadores de la esperanza! Brasil posee una estadística, de las más relevantes, en lo que respecta a dependencia química de drogas y estupefacientes. Y América Latina no se queda atrás. Por eso, digo a los que comercializan la droga que piensen en el mal que están provocándoles a una multitud de jóvenes y de adultos de todos los segmentos de la sociedad: Dios se los va a cobrar. La dignidad humana no puede ser pisoteada de esta manera. El mal provocado recibe la misma reprobación hecha por Jesús a los que escandalizaban a los “pequeñitos”, los preferidos de Dios (cf. MT 18, 7-10).

4. Mediante una terapia, que incluye la asistencia médica, psicológica y pedagógica, pero también mucha oración, trabajo manual y disciplina, ya son numerosas las personas, sobretodo jóvenes, que consiguieron librarse de la dependencia química y del alcohol y recobrar el sentido de la vida.

Deseo manifestar mi aprecio por esta Obra, que tiene como base espiritual el carisma de San Francisco y la espiritualidad del Movimiento de los Focolares.

La reinserción en la sociedad constituye, sin duda, una prueba de la eficacia de la iniciativa de ustedes. Pero lo que más llama la atención, y confirma la validez del trabajo, son las conversiones, el reencuentro con Dios y la participación activa en la vida de la Iglesia. No basta curar el cuerpo, es necesario adornar el alma con los más preciosos dones divinos conquistados a través del Bautismo.

Vamos a agradecer a Dios por haber querido colocar tantas almas en el camino de una esperanza renovada, con el auxilio de Sacramento del perdón y de la celebración de la Eucaristía.

5. Queridos amigos, no podría dejar pasar esta oportunidad para agradecer también a todos los que colaboran material o espiritualmente para dar continuidad Obra Social Nuestra Señora de la Gloria. Que Dios bendiga a Fray Hans Stapel y Nelson Giovanelli Ros por haber acogido su invitación para que dediquen su vida a ustedes. Bendiga también a todos los que trabajan en esta Obra: los consagrados y las consagradas; los voluntarios y las voluntarias. Una bendición especial va para todas las personas amigas que la sostienen: autoridades, grupos de apoyo y todos que aman a Cristo presente en éstos sus hijos
predilectos.

Mi pensamiento va ahora a la muchas otras instituciones del mundo entero que trabajan para restituir la vida, y vida nueva, a éstos nuestros hermanos presentes en nuestra sociedad, y que Dios ama con un amor preferencial. Pienso también en los muchos grupos de Alcohólicos Anónimos y de Narcóticos Anónimos, y en la Pastoral de la Sobriedad que ya trabaja en muchas comunidades, prestando sus generosos auxilios en favor de la vida.

6. La proximidad del Santuario de Aparecida nos asegura que la Hacienda de la Esperanza nació bajo sus bendiciones y su mirada maternal. Hace mucho que vengo pidiendo a la Madre, Reina y Patrona del Brasil, que extienda su manto protector sobre los que participarán en la V Conferencia General del Episcopado de América Latina y del Caribe.

La presencia de ustedes aquí, supone una ayuda considerable para el éxito de esta gran asamblea; pongan sus oraciones, sacrificios y renuncias en el altar de la Capilla, ciertos de que, en el Santo Sacrificio del Altar, estas ofrendas subirán a los cielos como un suave aroma en la presencia del Altísimo. Cuento con su ayuda. Que San Fray Galvão y Santa Crescencia amparen y protejan a cada uno. A todos ustedes bendigo en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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