12 de diciembre de 2020 11:35 am | ÚLTIMA ACTUALIZACIÓN 12 de diciembre de 2020 12:10 pm

Se abre en Madrid el proceso para reconocer otros 140 mártires de la Guerra Civil Española

Por Miguel Pérez Pichel

Timoteo Rojo Orcajo, Rufino Blanco Sánchez, e Isidro Almazán Francos. Foto: ArchiMadrid

El número de víctimas de la persecución religiosa en España en los años 30 del siglo XX durante la II República (1931-1936) y la Guerra Civil (1936-1939) cuyo martirio es reconocido por la Iglesia no deja de crecer, y lo seguirá haciendo a lo largo de los próximos años.

Tres nuevos procesos de reconocimiento de martirio, con más de 140 Siervos de Dios asesinados por odio a la fe durante el proceso revolucionario desarrollado por comunistas y anarquistas en el bando republicano de la contienda española, se han abierto en Madrid este sábado 12 de diciembre.

Son las causas son la de Timoteo Rojo Orcajo y 60 compañeros sacerdotes diocesanos, Rufino Blanco Sánchez y 70 compañeros laicos, e Isidro Almazán Francos y 7 compañeros laicos de la Asociación Católica de Propagandistas.

Si el proceso sale adelante (ahora se ha abierto el proceso diocesano que de prosperar pasará a Roma), los 140 futuros mártires españoles se sumarán a los casi 2.000 santos y beatos mártires de la Guerra Civil española y de la II República cuyo martirio ha sido reconocido por la Iglesia. De ellos, 466 pertenecen a la Archidiócesis de Madrid y a las Diócesis de Alcalá y Getafe.

En la ceremonia de apertura del proceso, en la Catedral de la Almudena de Madrid, además de leerse los nombres de los 140 Siervos de Dios, el Cardenal Carlos Osoro pronunció un discurso en el que subrayó que “la vida de los mártires siempre nos propone construir la vida desde tres ejes que tienen que estructurar nuestra existencia, tres ejes fundamentales”.

En primer lugar, “el eje de saber buscar siempre lo que tiene valor y guardarlo como el gran tesoro, porque lo demás pasa”.

A continuación, “el eje de saber buscar siempre entre todo lo que existe aquello por lo que merece la pena desvivirse por ello”.

Finalmente, “el eje de saber elegir entre todas las cosas que se nos presentan en la vida aquellas que nos construyen y que tienen una capacidad especial para hacernos discernir lo bueno de lo malo”.

“Con sencillez”, concluyó el Cardenal Osoro, “presentamos a la Iglesia a estos testigos del Señor. Dieron la viva por mantener viva la adhesión por Jesucristo”.

A su vez, Obispo Auxiliar de Madrid, y delegado para las Causas de los Santos del Arzobispado, Mons. Juan Antonio Martínez Camino, expuso la semblanza de los Siervos de Dios cuyo martirio se pretende que reconozca Roma.

Señaló que la beatificación de estos 140 mártires es “un acontecimiento esperado por muchos madrileños”.

Aseguró que “desde que estos hijos destacados de la Iglesia fueron asesinados hace más de 80 años la fama de martirio les ha acompañado siempre”.

Asimismo, subrayó que “la persecución religiosa causada por la revolución de los años 30 del siglo pasado, tuvo su ápice sangriento durante los primeros meses de la Guerra Civil. En ese tiempo, fueron muertos casi todos los siervos de Dios de estas causas. Pero tres de ellos son de los martirizados ya en 1934 y en marzo de 1936, antes de la Guerra Civil”.

Además, explicó que “las tumbas de estos santos, beatos, tejen el hermoso y tupido tapiz de la geografía martirial madrileña. Son 37 lugares memoriales donde se veneran 368 mártires contemporáneos. De otros 78, santos o beatos, no sabemos dónde están sus restos. Un total de 466 santos y beatos mártires que hacen de Madrid una comunidad eclesial brillante por la fe de sus mártires. Iglesia de mártires como pocas en el mundo”.

En cuanto a los tres mártires que encabezan las causas, Mons. Camino señala en el documento del proceso que “Timoteo Rojo Orcajo, de 45 años, era el canónigo archivero de la Catedral de San Isidro”.

“A él le debe Madrid que el cuerpo incorrupto de San Isidro Labrador no hubiera desaparecido en la revolución, pues se encargó, con otros compañeros, de buscarle un buen escondite. No consiguieron arrancarle el secreto”.

Sobre Rufino Blanco Sánchez, de 75 años, explica que “era un sabio maestro y pedagogo, muy conocido en los ambientes de su especialidad, cofundador de la Escuela de Estudios Superiores del Magisterio”.

“En marzo de 1936 había ingresado en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, con un notable discurso, en el que no ocultaba la honda inspiración religiosa de su ciencia y de su vida. Tuvo nueve hijos, de los cuales, Julián, periodista, que se encontraba en casa de su padre cuando llegaron los revolucionarios en busca del anciano paladín del magisterio católico, no quiso dejarlo solo y lo acompañó al martirio”.

El tercero de los mártires que encabeza el proceso de estos 140 siervos de Dios es Isidro Almazán Francos, de 45 años, “maestro, también entregado al apostolado de la enseñanza, era el presidente de la Federación de Maestros Católicos”.

Junto a ellos hay “personas de muy diversas edades y condiciones sociales. Desde jóvenes sacerdotes recién ordenados, como el coadjutor de la parroquia de San Lorenzo de El Escorial, de 25 años, Juan Álvarez Reyero, hasta el que había sido deán del Cabildo catedral y decano del Tribunal de la Rota, de 94 años, José Fernández Montaña”.

“Desde un abogado del Estado y ministro de la República, Federico Salmón Amorín, y un empresario y diputado por Vizcaya, Marcelino Oreja Elósegui, hasta dos carniceros del barrio de La Paloma, Marcelino Panizo Celorio y Marcelino Panizo Rodríguez, padre e hijo”.

También “labradores de Los Molinos o maestras y empleadas de Pinto, las catequistas Valentina Pascual y compañeras”.

Según Mons. Martínez Camino, “a todos les une el haber dado la vida por la fe en Jesucristo, perdonando como Él a sus perseguidores”.

Etiquetas: España, Guerra Civil Española, Madrid, mártires españoles