13 de octubre de 2021 10:38 am | ÚLTIMA ACTUALIZACIÓN 13 de octubre de 2021 10:46 am

Sacerdote que rescató el Santísimo de un incendio en la guerra avanza hacia los altares

Por Walter Sánchez Silva

Santísimo Sacramento. Crédito: Pixabay / P. Diego Hernández González. Crédito: Obispado de Orihuela-Alicante

El Papa Francisco aprobó el decreto que reconoce las virtudes heroicas del P. Diego Hernández González, un ejemplar sacerdote español que, siendo seminarista, rescató el Santísimo Sacramento de un incendio durante la Guerra Civil, lo que le valió ser apresado y condenado a trabajos forzosos durante varios años.

La aprobación de las virtudes heroicas reconoce que el P. Hernández vivió en grado heroico la fe, la esperanza y la caridad.

Lo que sigue en el proceso de beatificación es que se compruebe un milagro obrado por intercesión del Siervo de Dios, lo que lo dejaría a puertas de la beatificación.

Diego Hernández González nació en Navidad, el 25 de diciembre de 1914 en la localidad de Javalí Nuevo en Murcia (España).

A los 10 años ingresó al Seminario diocesano San Fulgencio de Murcia. Recién iniciada la Guerra Civil Española, de modo heroico salvó el Santísimo del incendio provocado en la iglesia de su pueblo.

El sitio web oficial de la causa de canonización presenta el testimonio de Loreto, hermana del sacerdote, sobre lo que ocurrió el 18 de abril de 1936 cuando un albañil “abrió un boquete en la Iglesia parroquial apartando el Sagrado Corazón. Entraron otros hombres y después de rociar con gasolina la Iglesia, le prendieron fuego”.

“Como debajo del Corazón de Jesús estaba el sagrario, porque el párroco al estar enfermo decía allí la Misa, a toda prisa Diego entró por el mismo boquete abierto y quemándose sacó el Santísimo Sacramento del sagrario.  Lo dejó en la casa del Párroco”.

“Al tiempo después de la guerra, la persona que había rociado la iglesia estando para morir se confesó con él”, relató la hermana del sacerdote que se ocultó en la casa de un familiar aunque finalmente fue apresado.

En los días que estuvo oculto, el todavía seminarista pintó un cuadro del Sagrado Corazón de Jesús y creció en él esta devoción. Solía decir: “Vamos a darnos al Corazón de Jesús. Mirando esa imagen: con una mano señalando su Corazón, sagrario donde deberíamos pasar el día”.

También decía que “Cristo en la Eucaristía es fuego que consume y unifica. Es el amor de Dios en acto”. Alentaba a rezar ante el sagrario y lamentaba lo olvidada que estaba “¡la casa del Señor en todas partes!” donde “nos espera Jesús para contestar a nuestras dudas, alentarnos, curarnos, fortalecernos y consolarnos”.

El 30 de noviembre de 1936, a los 22 años, fue enviado a la prisión provincial de Murcia. El 29 de enero de 1937 fue juzgado por un tribunal popular que lo condenó a tres años de trabajo obligatorio en el Seminario diocesano de Orihuela (Alicante), que había sido convertido en cárcel. Al tiempo fue enviado a Granada para construir carreteras.

Con entereza soportó toda clase de sufrimientos, incluso varias amenazas de muerte. Terminada la guerra civil reanudó su formación sacerdotal, perdonando a quienes lo hicieron sufrir.

Fue ordenado sacerdote en Barcelona el 9 de junio de 1940, a los 25 años.

Inició su ministerio sacerdotal en algunos pueblos de Murcia y después en Villena (Alicante).

La dimensión misionera también estuvo presente y decía que le hubiera gustado “tener mil millones de lenguas para anunciar por todas partes quién es Jesucristo”.

En 1954 fue nombrado director espiritual del Seminario diocesano de Orihuela (Alicante). “Tengo la esperanza que, si soy el que debo, mi granito se convertirá en una espiga de santos sacerdotes, que tanta falta está haciendo en todos los pueblos”, decía.

Procuró formar almas entregadas a Jesús y al apostolado fomentando la santidad en sacerdotes, seminaristas, consagrados y laicos. Su celo apostólico brotaba de sus largos momentos de oración y estudio. “Quiero vivir a María como esplendor de Jesús”, afirmaba.

Vivía muy pobre y lo que tenía lo usaba para la caridad. Se levantaba a las 5.15 a.m., rezaba largo rato ante el Santísimo y cuando llegaba la comunidad de seminaristas ya estaba en el confesionario. Tres veces por semana dirigía la meditación y, durante el día siempre estaba dispuesto a escuchar a los seminaristas.

Sus clases de teología están en un compendio de tres tomos llamado “Apuntes. Vida cristiana y religiosa”. Falleció el 26 de enero de 1976, a los 61 años, con fama de santidad.

“Yo pido a Jesús que no tenga más que una manía y es desear que le amen de verdad. Y esto es lo que se me ocurre deciros: que no tengáis más que un amor, el de Jesús”.

Su causa de beatificación y canonización se abrió el 25 de enero de 2002.

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