28 de enero de 2022 6:32 pm

Sacerdote explica cómo la Iglesia evangeliza la “cultura milenaria” en Hong Kong

Por Giselle Vargas

P. José Buzzo en colegio de Hong Kong. Gentileza: P. José Buzzo.

El P. José Buzzo, sacerdote uruguayo que vive en Hong Kong desde el 2014 compartió su experiencia sobre la forma en que la Iglesia Católica realiza la evangelización en una cultura milenaria.

El P. Buzzo, Vicario Regional de la Prelatura del Opus Dei en Asia del Este, vive en Hong Kong con una población aproximada de 7 millones 400 mil habitantes. De ese total, unas 400 mil personas se declaran católicas.

“Es un privilegio poder ver con tus ojos cómo arraiga la semilla del Evangelio en culturas tan lejanas a nuestra experiencia”, pero también es un desafío “comunicar el mensaje según los modos y el lenguaje propios de esos lugares. Son culturas milenarias” dijo el P. Buzzo en entrevista al quincenario “Entre Todos” de la Arquidiócesis de Montevideo (Uruguay).

El sacerdote doctor en Derecho Canónico expresó su alegría al ver que el “modesto trabajo” que realizan “se complementa muy bien con el trabajo de las diócesis”.

“En aquellas tierras, las diócesis dedican sus mejores energías a la atención pastoral de los fieles. Especialmente al catecumenado. En Hong Kong se bautizan alrededor de tres mil adultos y tres mil bebés cada año”.

Los sacerdotes dedican “abundantes horas” a la confesión y la dirección espiritual. “Ofrecemos una formación espiritual a los fieles que lo deseen, fomentando el deseo de santidad en la vida diaria, que es el carisma del Opus Dei”.

“En algunas diócesis se pasa por un tiempo de escasez de vocaciones sacerdotales y a los párrocos a veces les cuesta conseguir tiempo para este acompañamiento. A su vez, nosotros no seríamos capaces de encargarnos de una parroquia”, explicó el P. Buzzo.

Aún así, “Dios fomenta vocaciones, no solo para la Obra. Varios chicos han ido al seminario diocesano. Y hace pocos días una joven a la que acompaño espiritualmente me escribió para compartir su alegría: ha decidido ingresar a un instituto de vida consagrada”, afirmó el sacerdote.

El P. Buzzo destacó la “hospitalidad propia de los orientales” y dijo que la fe se vive “sustancialmente del mismo modo en todos lados” con “un especial aprecio por lo ritual o el pragmatismo propio de aquellas culturas”.

“Se vive con conciencia de ser una minoría y lo comunitario es importante. Hay variedad de iniciativas católicas de caridad y educación (cerca de 300 escuelas). Pero cada uno de esos sitios responde diversamente ante el mensaje cristiano”, agregó.

“En Taiwán, los católicos no llegan al 1%, la gente es muy, muy amable, pero hay un importante apego a las tradiciones ancestrales chinas. Creo que en China continental hay una apertura mayor. En Hong Kong y Macao, por motivos históricos, ha habido mayor exposición al cristianismo y los católicos son más del 5%. En Corea del Sur, la presencia católica ha crecido mucho estos años y es de alrededor de un 15%”, precisó.

El P. Buzzo cree que para lo anterior ha jugado en favor, “la creatividad de la caridad. Los católicos se han movilizado para atender a los más desfavorecidos por la situación de emergencia sanitaria”.

“Hong Kong tiene, proporcionalmente, la Cáritas más grande del mundo: los fieles son generosos y se han desarrollado multitud de iniciativas, también para la pandemia”, aseguró.

También, algunas personas de la Prelatura, presentes en los barrios más desfavorecidos, han conseguido donaciones de tapabocas para las familias más necesitadas de las escuelas diocesanas de Hong Kong.

“Recuerdo que una donación de cuatro mil tapabocas reusables fue para los diecisiete preescolares diocesanos hongkoneses. Pero las mascarillas eran demasiado grandes para los niñitos de esas edades. Así que surgió la idea de que cada niño debía identificar entre su familia o vecinos, quien estuviera más necesitado y obsequiarle lo recibido. De ese modo, a temprana edad, se fomentaba en ellos la alegría de dar”, sostuvo el P. Buzzo.

A pesar de vivir siete años en Asia, el P. Buzzo se siente como un “recién llegado” porque cada día se sorprende con los gestos y la forma de vivir el Evangelio.

“En aquella región no hay casi prejuicios contra la Iglesia o las instituciones católicas. La gente está bien dispuesta a conocer más de nuestra fe”. “Ser cristiano no es un código de conducta ni una filosofía, sino un encuentro personal con Jesucristo que me cambia desde dentro”, concluyó el sacerdote.

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